Decíamos en 2006: «El “invento de los señoritos ingleses” recala a fines del siglo XIX en Buenos Aires, la primera Asociación –Argentina Foot Ball League- nació en 1893, integrada por los clubes de aficionados ingleses o hijos de ingleses que disputan una competencia anual. Entidades formadas por alumnos y ex alumnos de colegios británicos que practican el deporte en los “fields” (canchas) de sus institutos.
   En la década del 90 de ese siglo juegan al “football” el English High School Club (luego Alumni, formado por los alumnos y ex alumnos de al English High School, que mantendrá el título casi ininterrumpidamente desde el 1900 hasta 1911), Lomas Athletic Club, Saint Andrews A.C., Quilmes Foot Ball Club, en Buenos Aires y Newell’s Old Boys de Rosario.
   Y en el auge del deporte todavía netamente inglés, el foot ball, mucho tienen que ver los ferrocarriles ingleses, en efecto, los empleados ingleses del Ferrocarril Sur  tienen su field en Banfield, el Buenos Aires Gran Sur Foot Ball Club, los del Central Argentino, cuyo eje es la estación de Rosario, el Club Rosario Central.
   Era un juego de “caballeros” y por supuesto “amateur” (no profesional) y como los “fields” eran abiertos, es de imaginar las ganas de empezar a jugarlo de los jovencitos argentinos que “los sábados y domingos eran una fiesta para los muchachos criollos de Palermo y la Ribera (donde estaban la mayoría de los clubes ingleses) presenciar el juego de los gringos. A veces les prestaban el field que ellos llamaban “la cancha”- en retribución de limpiar y barrer los vestuarios”
   Comienzan por “pelotearlo” allá por el 1901 en los baldíos de las inmediaciones (así como lo habrá hecho alguna vez usted en algún campito donde los arcos se señalaban con prendas de ropa o palitos clavados).
   Ya, más adelante, alquilan un terreno “pelado”, colocan unos arcos y ya no tienen que pedirle permiso a nadie para jugar. Y como no se podía concebir al “foot ball” más allá del entorno inglés de que estaba rodeado, para no ser menos que los “señoritos” denominan a su entidad River Plate, que recibirá el mote de “millonario” por el monto pagado por el entonces “mortero de Rufino” Bernabé Ferreyra.
   En 1903 nace Racing en Avellaneda, en 1904 se conforma Independiente, en 1905 surge Boca Juniors y en 1906 y por el fervor de un sacerdote salesiano improvisa una cancha en Boedo para los muchachos de su escuela, será San Lorenzo de Almagro
   De ahí en más el fútbol se va convirtiendo en una  pasión popular y cada barrio porteño pasa a tener club y cancha: Atlanta en Villa Crespo, Huracán en Parque Patricios, Porteño en Palermo y cuando el rico Gimnasia y Esgrima lo incorpora a sus actividades y construye una excelente cancha en Palermo, las entidades criollas piden adherirse a la “Asociation” y disputar el campeonato anual. Son aceptadas, y se dispone redactar en español las actas, así los novatos podían entenderlo.
   ¿Qué cómo era la práctica del fútbol por los ingleses en los primeros tiempos? Así lo describe José María Rosas en su “Historia Argentina”:
   “El juego era” abierto”, cualquiera puede presenciarlo desde las alambradas que rodean al field; a la pequeña tribuna tienen acceso los socios, personas generalmente de buena posición. Los partidos son gratuitos, pero los socios son ricos, contratan equipos profesionales de Inglaterra cuyos honorarios, viaje y alojamiento pagan espléndidamente; en 1894 traen a Southampton, ganador de al copa profesional británica. Su primer match -con Alumni- atrajo una multitud impresionante (calculan los periódicos más de tres mil). No importó que los profesionales dieran cuenta de Alumni por 3 a 0, por que no se les había traído para lucirse sino para aprender, peor le iría a British School F.C. con un score de 10 a 0…”
   La verdad es que al menos en fútbol- palabra mayor en la Argentina- merced al aporte inglés pudimos desarrollar uno que hoy se da el lujo de ser candidato en las confrontaciones mundiales.
   Lamentablemente este año de 2006 –tal vez como ningún otro anterior- la violencia hizo de las suyas en las canchas, las barras bravas fueron noticia y  no justamente por lo bueno; los equipos fueron en general, irregulares; los jugadores y hasta sus DT se vieron presionados, des jerarquizados y tratados como una mercancía imprescindible para que los dirigentes y sus managers puedan obtener de, y con ellos, pingües ganancias –transferencias por medio- para “salvar así las arcas” siempre exhaustas de los clubes, privilegiando sus ventas para no cortarles “bondadosamente” su carrera y sin pensar en que desmantelan el club cada año.
   Por todo esto y por mucho más que no puntualizamos es que no hace mucho tiempo atrás, en esos momentos de beatitud que –escasísimos ellos- nos devuelven al giro de la rueda mundana con algo más de ánimo para seguir dando las vueltas, nos pusimos a pensar que en realidad este tipo de campeonatos era una farsa.
   Descienden y ascienden clubes y –vaya paradoja- la cosa siempre sucede (salvo alguna rara excepción que pudo haber habido a través de los años) entre los clubes denominados “chicos” que entran a terciar –de igual a igual- con instituciones poderosas que se pueden dar el lujo de vender jugadores a precios fabulosos; que cuentan con masas societarias enormes, que pesan fuerte en la AFA, en el negocio televisivo, que adquieren fama y renombre mediático al margen de la realidad, mientras ellos, los chicos se debaten en un empresa quijotesca.
   Y cuando estábamos perdiendo aquella beatitud temporal pensando que el gran negocio del fútbol de hoy que da de ganar ¿demasiado? a tanta y tanta gente y que se nos ocurre, por respeto a esa consecuente y sufrida “hinchada” que a la postre es la que les permite el negocio, debiera ser transparentado con urgencia ya que, como toda sociedad civil, cada club debiera recibir los controles del caso, controles que debieran extenderse hasta llegar a la sociedad rectora del fútbol.
   Pero hubo más, se nos pusieron los pelos de punta cuando recordamos que los actores del negocio futbolístico y las fuerzas de seguridad no se dan por aludidos y para terminar con  la violencia, al igual que lo que le pasa al famoso loro con su chocolate vedado, en lugar de tomar el toro por las astas y desnudar quien es quien, quieren cortar la cuerda por lo más delgado: se conforman con vedarle la entrada a las hinchadas, algo así como quitarle los músicos al cantor.
   Fue entonces cuando se nos volvió a prender la lucecita (sí esa verde) que nos recordó que hay que anotar a favor de los chicos que, mientras la rutilantes estrellas de los grandes, con la cabeza puesta en el llamado internacional para asegurar su futuro, juegan en muchos casos, además de presionados, displicentemente y cuidando sus piernas, los que integran equipos chicos se consustancian con su camiseta y sienten el orgullo y el honor de ver triunfar sus colores. Y eso es una importante ventaja que pasa a explicar antes de formularlos, los interrogantes que planteamos:
   ¿Quién podría haber imaginado que ninguno de “los primos” (así los identifican a Boca Juniors y River Plate en la jerga futbolística) iba a quedarse sin el título 2006.
   ¿Quién imaginaba que Boca Juniors que había obtenido una interesante suma de puntos que le permitían encabezar la tabla de posiciones con bastante comodidad iba a perder sus últimos tres partidos?
   ¿Quién pudo imaginar que Estudiantes de la Plata lo iba a obtener y con mérito suficiente para ello?
   Este campeonato 2006 al que el técnico de River Plate, Daniel Passarella tildó de “poco serio”, lo que la gente de Boca calificó de “pichado nomás” se purificó y mucho con el triunfo pincharrata que trajo un aire fresco como para oxigenar un poco el aire enrarecido de estos campeonatos en los que pareciera que tienen todo servido y a su gusto.
   Y tras este triunfo logrado por los platenses, aquellos pensamientos en que colocábamos al fútbol contra las cuerdas, la figura de los directivos, jugadores y DT de Estudiantes se nos apareció como reivindicante y lo que debiera ser el fútbol de ahora en más: garra y corazón, para que puede vivir sus días en tranquila y pacífica convivencia. Y no caer en un letargo que le puede significar a las instituciones que lo “bancan” entrar en un abismo.
   No sin alertar a las parcialidades (en este rubro incluimos dirigentes, técnicos, jugadores, etc.) hoy subsumidas en el lamento, que no se dejen tentar por el canto de las sirenas, participantes del negocio, que quieren hacerles creer que los partidos se ganan “medios mediante” cuando en realidad se ganan en la cancha.
   El fútbol esa gran pasión de multitudes que aglutina voluntades y pareceres y que sabe hacer ingresar al hincha en el terreno emocional y por lo tanto anímico necesario como para saborear triunfos y asimilar derrotas, que sabe  apuntalar y con todo a su casaca y que une a millones de argentinos cuando juega la selección nacional, debe saber expulsar a los fariseos del templo y volver a dignificar este tan preciado deporte popular al jerarquizar a sus protagonistas directos.
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Categorías: Columnas de Opinión

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