La escena se repite en cualquier plazoleta de Oberá. Un grupo de jóvenes y no tanto, siempre más varones que mujeres, se instalan a fumar marihuana, toman alcohol y otras sustancias. En general llegan de otro barrio y siembran desolación y decadencia. 
El humo de la marihuana impregna el aire y espanta a los chicos y familias. Los vecinos temen represalias, nadie interviene y pocos denuncian. La escena se repite casi a diario.
“Hace un par de meses llamé a la Policía, me pasaron el número de un oficial de Toxicomanía y se comprometió a investigar. Casualmente, a los dos días fui con mi nena a la plaza y se me acercó uno de los que siempre fuman marihuana y me preguntó qué problema tenía. Es decir que se enteró que yo había denunciado”, lamentó un vecino de Villa Stemberg.
Y los testimonios se replican en diferentes puntos de la ciudad. La droga avanza y las autoridades no parecen tener respuestas para contrarrestar sus estragos.
“Fuman delante de los chicos que van a jugar a la plaza, no les importa nada. Denunciar es de balde porque la Policía no actúa, tampoco te podés ir a pelear con los faloperos y narcos porque te hacen la cruz. Entonces uno opta por dejar de llevar a sus hijos a la plaza. Es triste, pero es la realidad que nos toca”, indicó una vecina de barrio Norte.
Asimismo, a la impunidad que gozan los narcos, se suma la necesidad de los adictos por consumir, lo que muchas veces los lleva a delinquir.
“A las nueve de la noche no podés salir de tu casa porque las patotas te sacan hasta la camisa. Son chicos jóvenes, pero andan drogados y desconocen hasta los padres”, graficó un comerciante de Caballeriza.

Droga y delito  
Así, de manera descarnada, planteó la situación que se vive a diario en el barrio, al punto que pretenden concretar una reunión con las autoridades del Escuadrón 9 de Gendarmería  Nacional para solicitarles algún tipo de custodia.
“Con la Municipalidad y la Policía nos reunimos cien veces, pero no pasa nada. En realidad sí pasa: cada vez estamos peor. Por eso pensamos que como Gendarmería tiene su depósito en el barrio, por ahí nos pueden dar una mano de alguna manera. Tal vez con presencia o patrullaje. Pero algo tenemos que hacer porque estamos desesperados”, remarcó el vecino.
La semana pasada, El Territorio entrevistó a un grupo de vecinos de Caballeriza y constató el terror en que viven. Varios tienen hijos sumidos en la droga y conocen las dos caras del problema, del que padece la adicción y de la víctima de delitos que se cometen para saciar el vicio.
“Yo estoy sola durante la semana en mi casa porque mi marido trabaja en la chacra y tengo miedo de que me hagan algo, pero igual fui a la Policía y di nombres para que hagan algo, pero no pasó nada. Tengo un hijo de 15 años que se droga y ya no sé qué hacer”, comentó Rosa, con valentía.
Contó que en total tiene cinco hijos, cuatro de los cuales estudian o trabajan, pero uno cayó en la adicción y posee varias entradas en las comisarías.
Al respecto, indicó que “cuando hablé con la Policía les di nombres y direcciones de los tranzas, me dijeron que iban a investigar. Lamentablemente pasaron varios meses y cada vez estamos peor”.
La mujer reconoció que su hijo vende para consumir y lamentó que “hay muchos chicos de 8 o 10 años que se drogan y son los soldaditos de los que venden”.

Datos del flagelo 
Más allá de los discursos, lo cierto es que el narcomenudeo avanza sin control en las narices de las autoridades, como ya lo denunciaron desde la Pastoral de Adicciones de la diócesis de Oberá.
“Esto es una constante en cualquier plaza de Oberá, donde venden y consumen. Lo que escuchamos y vemos es que actualmente se modificó el sistema de venta y la mayoría de los consumidores también venden. Es la característica del narcomenudeo. Hace unos años eran pocos los que vendía, pero hoy hay cientos”, explicó una fuente de Narcóticos Anónimos (NA).
Según datos suministrados por la Pastoral de Adicciones, en promedio el consumo se inicia a los 10 años. A esa edad los chicos fuman marihuana, aspiran tolueno y combinan clonazepan con alcohol.
Explicaron que el narcomenudeo que se nutre de menores que venden para consumir, futuros “soldaditos” de la organización, y en todos los barrios hay quioscos de drogas.
En tanto, según estadísticas del Juzgado Correccional y de Menores de Oberá, el 70 por ciento de los menores que están judicializados son consumidores de sustancias adictivas.
Asimismo, en los últimos cuatro años se incrementó un 15 por ciento el delito juvenil.
En ese contexto, alrededor de 40 menores son encausados cada mes en Oberá, de los cuales un tercio son punibles de delitos por lesiones, hurto, robo y abuso sexual.

70%

Menores.
El 70 por ciento de los menores que están judicializados en Oberá son consumidores de sustancias adictivas, según datos del Juzgado Correccional y de Menores local.

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Por Daniel Villamea

Por Daniel Villamea
Corresponsalía Oberá
Diario El Territorio


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