Recibimos un correo que así titulaba una serie de premisas a cumplir por el individuo para poder forjar todos los habitantes juntos un país mejor.
   Pero esto sería el corolario de una serie de reflexiones que, al fin de cuentas, nos podemos formular usted y yo. De ninguna manera la cosa aparece liviana, por el contrario tiene una profundidad que enerva.
   “No somos pobres por que a nuestro país le falten riquezas naturales o por que la naturaleza haya sido cruel con nosotros”
    “Simplemente somos pobres por nuestra actitud y nos falta carácter para cumplir estas premisas básicas del funcionamiento de la sociedad”.
   “Si esperamos que el Gobierno solucione todos nuestros problemas, esperaremos toda una vida.”
   “Un mayor empeño puesto en nuestros actos, junto a un camino de actitud, puede significar la entrada de nuestro país en la senda del progreso y el bienestar”.
    “La actitud de las personas hace la diferencia”.
    Y bien ¿qué cuáles son esas premisas? Va la respuesta:
1) Lo ético como principio básico
2) El orden y la limpieza
3) La integridad
4) La puntualidad
5) La responsabilidad
6) El deseo de superación
7) El respeto a las leyes y los reglamentos
8) El respeto por el derecho de los demás
9) Su amor al trabajo
10) Su esfuerzo por la economía y acometimiento.
   Estamos de acuerdo en que a través de ellas no estamos descubriendo nada, pero desde ya que estas premisas si les prestamos la debida atención, son más que significativas y eso porque tocan a fondo en el la vida cotidiana o dicho de otra manera en el diario vivir.
   El incumplimiento de alguna de ellas nos ha puesto en más de una ocasión en situación poco airada.
   Pero vayamos desatando el nudo: la ética esa palabrita, suerte de latiguillo tan en boga en los últimos tiempos y que alguna vez cuando la trasgredimos queremos no acordarnos de haberlo hecho, pero que cuando otro incurre en falta de ética se nos derrumba la fe en el hombre y que como una espada de Damocles está observando nuestra inclinación hacia el bien o hacia el mal.
   El orden, recordamos a un viejo obereño que había colocado un cartelito en su negocio que decía “cuida el orden que el orden te cuidará” y es cierto, si somos ordenados tenemos ganada en parte la batalla del día. De la limpieza creemos justificable eximirnos de opinar por que cada día más nuestro entorno nos advierte que en esto y mientras se nos provea de los elementos para hacerlo, existe una propensión hacia ella.
   La integridad es una virtud que nos hace confiables en una sociedad. Ser una persona íntegra es estar en presencia de una persona de alto valor comunitario.
   La puntualidad presenta dos caras: existe el impuntual por que sí, y el impuntual “por que nadie llega a hora”. Dentro de estas premisas es quizás la más trasgredida y a decir verdad su inocencia la perdona paro su práctica nos transforma en un país rezagado.
   La responsabilidad es toda una piedra angular en el sistema comunitario. Si vivimos entre responsables tendremos allanado el camino del progreso.
   El deseo de superación es un aguijón que nutre nuestro camino de emprendedores y de activos contribuyendo a que crezca el número de gente que se incorpora a una mejor calidad de vida.
   El respeto a las leyes y los reglamentos, nos permite vivir perfectamente anclados en nuestro sistema jurídico, imprescindible para la armonía social y para el mejor desarrollo democrático.
   El respeto por el derecho de los demás, también apunta a la armonía social pero cala hondo en el comportamiento personal.
   Su amor al trabajo es la herramienta imprescindible para el progreso de los pueblos.
   Su esfuerzo por la economía, es la contribución necesaria para una vida mejor.
    Nos imaginamos que a esta altura del escrito el lector está pensando que hoy lo subestimamos ya que hemos pretendido explicar cosas que hasta pareciera que se explican solas.
   Pero si hemos roto nuestra sempiterna actitud de fogosidad literaria y adoptamos otra en que la parsimonia parece reinar en las letras no ha sido sino por que hemos querido llamar la atención en el sentido de que las diez premisas que ofrecen –cumplimiento mediante- proporcionarnos un país mejor y que nos permitirían lograr la actitud necesaria como para hacer la diferencia, son de simple cumplimiento.
   Y este cuadro que hoy les presentamos con una simplicidad aterradora, pero que encierra una eficiencia que asombra, merece seguir siendo transitado por ese mismo sendero y es por ello –tal vez recordando a los sofistas -tal vez recordando a los viejos criollos de juicios tan premonitorios- una suerte de pequeño teatro que tiene por protagonistas a las diez premisas que se nos ofertaron:
   La acción en su casa o en la nuestra:
1)- No acepté la coima porque no es ético
2)-Me sacaste un peso de encima porque siempre hemos vivido en el orden y la limpieza.
3)-Creí que me fallaría la integridad, pera nada de eso, me hice fuerte y me respetaron
4)-Fijate que raro, citaron para las 10 y a esa hora ¡Allí estábamos todos!
5)-Me dieron la responsabilidad de organizar el curso y ya está todo organizado.
6)-Me alegra que coincidas con la necesidad de superación que tenemos.
7)-¡A no!, querían que trasgreda la ley pero les dije que eso nunca…
8)-La verdad es que tenemos que respetar sus derechos, por que son suyos.
9)-Ayer hicimos 25 muñecos, hoy superamos los 30, si seguimos así vamos a concretar la fábrica.
10)- Una buena economía es la base de los mejores negocios.
   ¿Vio que sencillo? Y si lo pensamos… nos convencemos… convencemos a otros y poco a poco desterramos rencores, ocios, violencia y sembramos el campo para que volvamos a ser el país que soñamos.
   La verdad que ese correo que recibimos nos ha dejado pensando de la forma en que lo hemos expuesto, pero aún más, nos ha devuelto a la idea de que el hombre se complica demasiado la vida y como consecuencia de ello se teje una urdimbre de tal magnitud que provoca desconcierto e inercia en las personas cuando más fácil es sin duda aplicar reglas simples, sabias y de fácil cumplimiento y, lo que es más importante, por eso mismo aparece como un camino más fácil de transitar y al cabo del cual lograremos codiciados frutos que de otra forma tardarán más en presentársenos.
   Cierto que para que esto suceda debemos recordar que “la actitud de las personas hace la diferencia”.
   (Nota editorial de mi autoría publicada el 11/11/2005 y que reproducimos por no haber perdido actualidad lo que aquí se puntualiza)
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Categorías: Columnas de Opinión

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