Agenda cultural
   Hablar de Tina Gómez Nesteruk,  y de su nuevo libro «Corre Como El Viento»  que presentara en nuestra 41 Edición, es hablar de una escritora prolífica, que traduce con gran sensibilidad temas  cotidianos,  costumbristas,  literarios , históricos, ya sea como crónicas, relatos o cuentos, donde seguramente sus vivencias son parte esencial del libro.   Siempre observadora e interesada en transmitir lo que conmovió su fibra de escritora, sus libros han llegado a estar en la lista de los que se leen y estudian en las instituciones educativas. También es invitada a dar  conferencias  y ha concurrido como tal a ciudades limítrofes del Brasil donde ha recibido condecoraciones.  Por supuesto es misionera, nacida en Concepción de la Sierra, vivió muchos años en Oberá donde hizo locución en varias radios y tuvo espacios propios con invitados especiales.
   Actualmente vive en Capioví donde forma parte importante de la cultura del lugar. Allí también ha realizado varios talleres literarios y encuentros de escritores.  Muchos de sus libros fueron presentados en nuestras distintas ediciones de la Feria y es una amiga incondicional de la misma.  En el Diccionario de Escritores Misioneros, figuran más de una docena de libros hasta el año 2016. El presente libro cierra el año 2016. Otros nuevos libros ya están editados  y los conoceremos en próximas ferias. Corre Como El Viento  atrae ya  desde  su hermosa tapa: una  fotografía de dos hermosos equinos y su lectura nos introduce en un relato familiar donde estos animales forman parte esencial de la vida de sus integrantes. De la cría para el trabajo de  campo a la cría para lograr un pura sangre que corra y gane premios, y especialmente el primer premio, hay toda una etapa de trabajo, de creación, de transformación  donde Tina demuestra  conocer técnicas y tácticas o estrategias para  lograr el ansiado éxito de un caballo común, en el deporte del hipismo. Don Cosme es el propietario soñador que confía en la raza de sus dos amores equinos: Taco y Gateado, y el proceso de transformarlos en ganadores involucra a toda la familia, que también siente la pasión  por esta actividad. Especialmente Ernestina, la hija veinteañera, demasiado relegada en las etapas de su adolescencia, plagada de “no” paterno ante mínimas exigencias, saldría de ese anonimato por el esfuerzo, el  tesón  y el  amor que puso en el cuidado específico de esos animales para lograr la victoria. La autora  nos entusiasma más al dedicar dos o tres capítulos al conocimiento de estos hermosos animales, su  estirpe, aspecto físico, vocabulario especial, la  búsqueda del hombre liviano y sereno que los conduzca,  hasta  la descripción del  gran  día  donde se verá  el triunfo del mejor.
   Esta descripción es completa, el lector queda sin aliento hasta conocer el final.   Con esta lectura me vinieron a la memoria varios nombres de caballos en la literatura  clásica, empezando por Babieca, el caballo del Cid Rodrigo Díaz de Vivar;  Rocinante, el caballo de don Quijote;  Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno y muchos otros que pasaron a la historia  junto a sus jinetes.
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Categorías: Columnas de Opinión

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