Ante la Navidad
   Días más y entraremos a celebrar Nochebuena y Navidad, nos prometimos y prometimos ocupar lo más cauto y sensible de nuestro lenguaje que, vaya las circunstancias, sufriendo embate tras embate, pretende destinarse más a reproducir la auto queja de una sociedad algo desconcertada lo que atribuimos a un conato de pretender desapego y urgencia por borrar tradiciones y  comportamientos de un ayer bicentenario que supo y pudo cohesionar familia y sociedad sin necesidad de calcos y reproducciones de otras tradiciones y otros comportamientos foráneos y entre aquello de “…claro que son galgos. ¡No que son podencos…¡ ” o aquello otro que fue sinónimos del cooperativismo en la figura de dos burritos que tiraban de la cuerda para comer en montones de pastos opuestos en lugar de hacerlo juntos y consumir así todos los montones actitudes que, con muy gráfico ingenio, que eso no falta nunca, por estos pasados días del 2018, recibió el nombre de “grieta”.
   Cierto es que por estas latitudes mucho menos lo estamos sintiendo quienes vivimos en este paraíso vegetal, multifacético, envidiablemente poblado de ingenio que es Oberá y toda Misiones y al llegar hasta aquí no  podemos evadir el recuerdo de la explicación  a este fenómeno de esfuerzo comunitario para dar alegría a nuestra gente a pesar de que pertenecemos a un  país que adoptó para su gobierno la forma representativa, republicana y federal aunque al menos en este último tema nuestro federalismo nacional está amarrado a las urgencias de las grandes provincias en especial la de Buenos Aires ¡vaya que sus votos pueden definir una elección!
   Pero dejemos el sarcasmo sutil que nos ha producido y produce el tema y tratemos de hacer un retrato de los argentino siglo XXI –segunda década- que transitan por las calles, que estudian, trabajan, producen, venden, compran, asesoran como particulares o/y en función pública, por citar algunos rubros sean mujeres u hombres, sean jóvenes o mayores a los que la fuerte crisis le “mete” la mano en el bolsillo descalificando su dinero y multiplicando sin piedad en un abrir y cerrar de ojos su deuda contractual de tal suerte que de haber tenido todo controlado, previsto a futuro, de buenas a primeras pasa a ser un ciudadano más en apuros, con todos los bemoles que acarrea, al igual que aquellas otras personas que hasta ayer ocupaban un lugar en la grilla de empleo y le llega como “peludo de regalo” (como diría el criollo) la notificación del despido que por cierto alcanza y sacude con fuerza no solo a él, sino y también a su mundo íntimo.
   Seguir publicitando efectos de la crisis profunda ni es necesario ya que de publicitarlos una y otra vez se encargan los diarios y la televisión. Si de lamentar que desde que el tiempo es tiempo de vida una y otra crisis más o menos virulenta azotó al país y fue haciendo ingresar a más argentinos en el impiadoso mundo de la pobreza.
   Esa inseguridad económica nos aqueja pareciera transformarse en ser una constante amenaza y cuando esto sucede se produce un estado emotivo en la gente en busca de supervivencia que disloca a la sociedad de tal suerte que pagan justos por  pecadores pero, por sobre todo, anula  conductas, borra comportamientos y es capaz de producir resquebrajamientos mayores en la epidermis social de cualquier pueblo.
   Pedimos disculpas si nuestra palabra como fotógrafo de observación agregó puntos negros en lugar de blancos pero es tan triste ver como el “sálvese quien pueda” que lleva a unos a enfrentar a otros desfigura rostros, modifica cultura y se confunde transitar por el sendero oculto en lugar del camino despejado que abre la vida.
   Y esta inquieta lucecita roja que se enciende cuando mi escritura pretende ser taquígrafa del pensamiento, corrige atención, la que, vibrante, recuerda que estamos a un pasito de la Navidad  y que como periodista e historiador debo aportar a la nota alguna curiosidad que interese a mis lectores, lo que acepto con gusto y del abanico histórico navideño elijo un título:
Primera Navidad 
Argentina
  “La primera celebración navideña en territorio argentino data del año 1527. En efecto, el 25 de diciembre de 1527 en el fuerte Sancti Spiritu, hoy territorio de la provincia de Santa Fe, se realizaron los primeros oficios religiosos y los  primeros festejos de la Nochebuena.
   La segunda población de la que se tienen algunos datos acerca de la celebración navideña es la de la ciudad de Buenos Aires, fundada por Pedro de Mendoza en 1536. Según Urz Schmidel, la llegada de la nochebuena fue considerada como una bendición por los habitantes de aquellas míseras chozas de barro y paja. En aquel año, 1536, no se pudo celebrar la Misa de Gallo, pues casi todo los hombres durante la noche estaban atentos en defender la empalizada que ponía límites al pequeño territorio que poseían, pues de allí, hacia afuera, los indios eran los verdaderos dueños y señores del lugar. No obstante la situación por la que atravesaban, entrada la tarde del 24 de diciembre, los pobladores de Buenos Aires se entregaron para participar de la Misa.
   Después de asistir a los oficios vespertinos, los habitantes se retrajeron a sus hogares, para comer allí, en familia, un bien modesto pan y para entonar cánticos al Niño de Belén, siendo 1536 la fecha en que se entonaron  los primeros villancicos en suelo argentino.
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Categorías: Columnas de Opinión

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