Agenda cultural
   No puedo apartarme todavía del libro que comenté en la semana pasada Influencia del Periodismo del Ejército Libertador en la Independencia del Perú, del Mgter. Roberto Revoredo Castro.  Esta vez por la atracción que transmite el autor al destacar la personalidad del Gral. José de San Martín como ser humano  antes que hábil e inteligente  estratega militar, con una riqueza moral  -y hoy le agregaríamos: con un “carisma” especial-  que le permitió conducir a miles de personas, formar sus ejércitos de la nada, establecer con altruismo la disciplina militar y poner en primer lugar  su  pensamiento: “Vengo a poner término a esta época de dolor y humillación”.
   El autor recoge y analiza permanentemente documentos de la época,  que antecedieron a la Independencia del Perú.   Repasando esos textos, que para cualquier historiador deben ser de gran trascendencia, para la  comunidad  en  general significan un hallazgo, porque permite descubrir la personalidad humanística de este guerrero de la Patria que como conductor no dejaba dudas de su  accionar: “no vamos a realizar conquistas sino a libertar pueblos”.  También lo demuestra en su concepción de entablar una guerra  “de zapa”  (hoy decimos “psicológica”), oculta, solapada, como una de sus  formas de combate:    “emplear  la guerra de la seducción antes de tocar los extremos de una batalla” , concebida para  desestabilizar  al enemigo, debilitarlo  y convencer al patriota peruano de su necesidad de independencia, sacarlo de su letargo para romper con las ataduras coloniales.  El Gral. San Martín demostraba en sus Proclamas un carácter riguroso para sus soldados. Les dice: “Acordaos que toda la América os contempla en el momento actual y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado nuestro auxilio contra los opresores…”  En otra Proclama a los limeños y habitantes de todo el Perú, les dice “…Mi anuncio no es el de un conquistador…la fuerza de las cosas ha preparado este gran día de vuestra emancipación política y yo no puedo ser sino un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino. Sensible a los horrores con que la guerra aflige a la humanidad, siempre he procurado llenar mis fines del modo más conciliable con los intereses y mayor bien de los peruanos…”.
   Revoredo Castro  expresa que  San Martín le dio a la guerra  un sentido ético dotándola de una mística humana e idealista, y que a lo largo de su existencia el Libertador supo mantener una actitud ético-filosófica basada en la moderación y la armonía. Tuvo varios  gestos de generosidad  reflejado en sus renuncias:  al grado de Brigadier de los Ejércitos de la Patria promovido por el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata; al sueldo que tenía adjudicado como General en Jefe del Ejército de Chile; y  también al renunciar a la finca obsequiada por el Cabildo de Mendoza,  en favor de un hospital de mujeres y del pago de un vacunador que recorriera la provincia para librarla del flagelo de la viruela.
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Categorías: Columnas de Opinión

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