El 10 de noviembre celebramos el Día de la Tradición y en su recordación damos paso a una nota que consideramos de interés titulada “El folclore argentino” cuyo autor Julián Cáceres Freyre (*) en el libro “Argentina ante el Mundo” editado por el Instituto de Relaciones Internacionales en 1976
   El folklore es una rama etnológica de la antropología o ciencia del hombre. Su campo de acción es el estudio de los fenómenos culturales que reflejan la vida tradicional en las capas populares de la actual sociedad civilizada e industrial.
   Este estrato popular es en la Argentina como en muchos otros países fundamentalmente rural y campesino y ello es debido a que el aislamiento de los centros urbanos de cultura altamente industrializada ha coadyuvado para que esos fenómenos culturales de origen tradicional se hayan mantenido puros.
   Debe tenerse en cuenta que la República Argentina es un país sui géneris en el concierto de las naciones latinoamericanas, debido a la alta proporción de inmigrantes, fundamentalmente europeos, aunque desde tiempos constitucionales, vale decir a partir de 1853 arribaron a nuestras playas atraídos por la, propaganda que hicieron nuestros gobernantes de esa época que tenían como lema la propaganda de Alberdi gobernar es poblar.
   Es así como paulatinamente se fueron integrando en el torrente circulatorio poblacional  y dando una especia fisonomía a los pueblos y campos de la zona de la pampa húmeda (que nosotros en nuestra clasificación de regiones folclóricas argentinas hemos dado en llamar la pampa del gaucho), al igual que en el litoral de los grandes ríos Paraná y Uruguay y en grupos urbanos tales como la misma Capital Federal o sea la ciudad de Buenos Aires, Rosario en la provincia de Santa Fe y La Plata, capital de Buenos Aires a partir de 1882, año de su fundación por Dardo Rocha, etc.
   Pero analicemos cuáles son esas capas populares a que aludimos que cultivan una forma de vida tradicional, vale decir que ella se ha ido transmitiendo de padres a hijos por vía oral y con el ejemplo, sin intervención escolástica de ninguna clase y que son como decimos las productoras y cultoras vivas del folclore argentino.
   Se trata de los descendientes de los antiguos pobladores españoles que colonizaron nuestro territorio, inmediatamente después de colonizada la  conquista sobre los primitivos habitantes aborígenes o indígenas como se los siguió llamando por error geográfico.
   Las dos corrientes colonizadoras de nuestro territorio en el siglo XVI, o sea la que penetra primero por el Río de la Plata para  continuar remontando el Paraná fundando Buenos Aires y Asunción del Paraguay y la que bajando del Perú entrara  a la región del noroeste argentino, denominada del Tucumán en tiempos remotos para fundar posteriormente casi todas las ciudades capitales de las provincias de la zona. Ambas prácticamente no traían mujeres y como la religión católica no los imbuía de prejuicios raciales ello dio lugar a una temprana mezcla de sangre con el nativo de la tierra a que se habría de añadir un proceso inmediato de aculturación, tolerado por las leyes de Indias y por la Iglesia que se proponía catequizar a la religión católica a los  denominados infieles o paganos.
   Consecuencia de ello es la paulatina aparición de un tipo social denominado criollo, resultado de esa mezcla de sangres a la que pronto nomás habría de añadirse la negra, originada en la, población africana introducida en toda América desde tiempos muy tempranos, ante la necesidad de mano de obra para los ingenios y el laboreo de minas, ya que la legislación especial para las Indias Occidentales o América hispana prohibía la esclavitud del indígena aborigen.
   De este fenómeno debemos excluir las regiones geográficas de Argentina denominadas Patagonia y Chaco, en las cuales la población autóctona se mantuvo prácticamente pura hasta mediados del siglo XIX en que su conquista se emprende militarmente, para ser inmediatamente seguida por la colonización con una gran masa de población inmigrante, también de origen europeo. Pero antes de 1853 estos variados grupos autóctonos que fueran sometidos por los españoles colonizadores en dos siglos, tuvieron sin lugar a  dudas influencia muy relevante entre los diversos grupos criollos, o sea lo que técnicamente llamamos población folk, que son los verdaderos productores de los grupos folclóricos que estudian la ciencia del folclore y los folcloristas o sea antropólogos especializados en la materia.
   Esta influencia se nota  fundamentalmente en las distintas tonadas propias del habla regional, posiblemente por acción determinante de las antiguas hablas vernáculas; en la música, en la culinaria tradicional y en costumbres, como son ciertas supersticiones, leyendas así como en la medicina popular o empírica. Pero no obstante lo apuntado es indudablemente la cultura de occidente traída por
   Los conquistadores de los siglos XVII y XVII la que ha de vertebrar el grueso del folclore del país el que diferenciado en las distintas áreas geográficas por influencias culturales indígenas o ecológicas, es en alta proporción de origen netamente español debido a la fuerza del impacto aculturativo, es así que si tuviéramos que efectuar un balance aproximado de las influencias culturales indígena o española en nuestro folclore debemos manifestar paladinamente que en un 90% de sus elementos constitutivos son de origen netamente peninsular y apenas el 10% de preponderancia  americana autóctona.
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Categorías: Columnas de Opinión

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