Sí,todo es muy posible tras tres días de lluvia, cierto es que esa posibilidad se puede basar en lograr yuxtaponer la común alegría de vivir que nos puede venir acompañada con un giro funcional de melancolía, esa suerte de “aceite de ricino” ¡que antigüedad! que tiene la virtud de perforar la euforia para que se produzca el cimbronazo y se equilibre nuestro pensamiento que puede estar influido por el día a día impidiendo que la buena recepción del mismo, nos desubique y nos haga montar el caballo, convenciendo a algunos que, desde allí arriba, se puede arrear “la tropa a gusto y paladar”.
Y mientras nuestro sentir ciudadano corre en busca de su mundo nacional y provincial anclando necesariamente en el primero que presenta a las aguas del Plata como queriendo desmadrarse lo que, con algo de mezquindad, como contrapartida nos hace sentir satisfechos de vivir en esta tierra ubérrima misionera en la que las fintas del día a día demuestran un manejo del cuadrilátero político social sin alardes ni desplantes por parte de un equipo dirigente bien cohesionado, que no muestra fisuras aunque si sufriendo fuertemente y tratando de palear la crisis que acarrea secuelas sociales de magnitud en todo el país.
Gobernar es poblar Este siglo XXI se las trae ¡y cómo! Sin embargo hubo precursores y sino… escarbando en nuestros recuerdos juveniles desenterramos de la jerga popular tanguera del siglo anterior, el XX, y con buen suceso aquello de…”Cuando la suerte que es grela,fallando y fallando,te largue parao, cuando estés bien en la vía, sin rumbo, desesperao, cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer secándose al sol, cuando rajés, los tamangos en busca del mango(¿hoy dólar?) que te haga morfar, la indiferencia del mundo que es sordo y es mudo recién sentirás…”
Siglo encasillado para nosotros en la Constitución de 1853 y normas surgidas a partir de ella, muy prendidas a la pluma de Juan Bautista Alberdi-su ideólogo- que alentaba aquello de “gobernar es poblar”, entonces palabras acertadas por cierto que no solamente prendieron aquí, sino que se necesitaron utilizar en otros pueblos del mundo,toda una constante para lograr progreso y que hoy va apareciendo como una turbulencia desagradable, en el primer mundo sobretodo, porque los migrantes en el ojo de la tormenta aparecen perseguidos por guerraso/y paupérrimos en países superpoblados de un mundo superpoblado,donde pareciera ya no caber la solidaridad, ni la compasión y menos aún la posibilidad de repartir lo estrictamente ya repartido entre las poblaciones estables.Cierto que también a esto se le prende la mezquindad, la especulación y el acaparamiento, males que son tan o más difíciles de curar que la miseria. Todo un drama.
Hemos llegado hasta aquí por dos razones, la primera que como ciudadanos advirtamos que compartir ciudadanía puede ser posible siempre y cuando estemos tutelados por la constitución y el cúmulo de leyes y decretos nacidos para que aquella siga siendo el faro jurídico que alumbra el quehacer ciudadano, todo ello acompañado por la revolución tecnológica en plena evolución que va abriendo camino a ese futuro del que hacíamos mención el viernes pasado, siempre y cuando situaciones límite impidan que se cierre la incógnita del respaldo constitucional fundamento que nos permite vivir en democracia.
La segunda estaría dada por ejercer la ciudadanía con responsabilidad y fuerte corte emocional abriendo caminos en la niebla de un presente que se nos muestra proclive a aceptarlo.

Rinconcito para la Historia
Tras Guayaquil
20 de septiembre de 1822
  Se instaló con gran pompa el Congreso Constituyente del Perú. El general don José de San Martín se despojó en su presencia de la banda bicolor, símbolo de la autoridad protectoral que hasta entonces había ejercido. Se dirigió a los asistentes declarando: “Al deponer la insignia que caracteriza al jefe supremo del Perú no hago más que cumplir con mis deberes y con los votos de mi corazón. Si algo tienen que agradecerme los peruanos es el ejercicio del supremo poder que el imperio de las circunstancias me hizo obtener. Hoy, que felizmente lo dimito,  yo pido al ser Supremo el acierto, luces y tino que necesita para hacer la felicidad de sus representantes.- ¡Peruanos! Desde este momento queda instalado el congreso soberano y el pueblo reasume el poder en todas sus partes.” Acto continuo procedió a depositar sobre la mesa en que había depositado la banda bicolor, seis pliegos cerrados, abandonando inmediatamente el recinto en compañía de don Tomás Guido, subiendo luego al carruaje que lo condujo a su residencia de la Magdalena.
21 de septiembre  de 1822
   El general José de San Martín hizo saber a su leal colaborador el general Tomás Guido, su resolución de abandonar el Perú inmediatamente, y ante las acaloradas insinuaciones del general Guido para que no llevara a  cabo tal propósito, el Libertador del Perú presentó ciertos y valederos argumentos, entre otros: “Bolívar y yo no cabemos en el Perú. He penetrado sus miras arrojadas; he comprendido su desabrimiento por la gloria que pudiera caberme en la p}prosecución de la campaña. Él no excusaría medios, por audaces que fueren, para penetrar en esta república seguido de sus tropas; y quizás entonces no me sería dado evitar un conflicto a que la fatalidad pudiera levarnos, dando así al mundo un humillante escándalo- Los despojos del triunfo, de cualquier lado que se incline la fortuna, los recogerían los españoles, nuestros implacables enemigos, y apareceríamos convertidos en instrumentos de pasiones mezquinas. No seré yo, mi amigo,  quien deje tal legado a mi patria; y preferiría perecer antes que hacer alarde de laureles recogidos  a semejante precio. Eso no. Entre si puede el general Bolívar aprovechándose de mi ausencia; si lograse afianzar en el Perú, lo que hemos ganado,  y algo más, me daré, por satisfecho: su victoria será, de cualquier modo, victoria americana.
22 de septiembre de 1822
   El Primer congreso del Perú designó al general José de San Martín Generalísimo de las Armas del Perú, por “sus heroicos sacrificios a la Causa” del país.
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