¡Qué día fue ese 3 de septiembre!  Y mientras algunos ansiaban las declaraciones del presidente de la Nación esperando solazarse ahondando la grieta, otros sentíamos una fuerte desazón por el día de mañana (corto plazo) y el de pasado mañana (largo plazo) para el país.
   Y en un muy gesto muy latino, tras las declaraciones gubernamentales, corrimos hacia un analgésico como para ir haciendo tiempo al tiempo como para poder traducir al lenguaje de doña Rosa los pasos a seguir por parte del ejecutivo nacional ante esta fuerte crisis que nos azota y así fue como protagonizamos otra corrida, ésta y, como no podía ser de otra manera, tuvo como destino nuestra biblioteca tan poblada de libros del ayer ¿utilizar libros, no, no hay espacio ¿…revistas? Y así fue como nos encontramos de buenas a primera con el P B T (semanario infantil ilustrado para niños de 6 a 80 años) figuraba humorísticamente en la tapa a lo que se agregaba “2 de diciembre de 1911. Año 8°. N° 366. Humorístico, Noticioso. Instructivo. Editado en Buenos Aires.
   ¿Y, por qué no?, en lugar de escarbar en tierra desconocida para darle rienda suelta a nuestro ego comenzar a enhebrar la aguja para ir cosiendo puntada va, puntada viene, e ir descubriendo porqué los argentinos entramos  en crisis graves una y otra vez en un corto historial bicentenario de país.
  Bienvenido PBT que en nota sátira cuenta lo que veía Juan Pueblo y como era la vida allá al asomarse el 1900…
   Comencemos por la tapa de cada una de sus ediciones con caricaturas políticas mordaces y sarcásticas, dotadas de ingenio, que involucran a los más altos personajes de entonces, y en su interior charlas políticas sociales y económicas, deportes, en fin un material variado y, como para muestra basta un botón que sea lo suficientemente explícito como para cumplir con nuestro anhelo, vayamos al grano, advirtiendo a nuestros lectores que lo que sigue es producto popular de una argentina “federal” que no tallaba más allá de la General Paz en estos comienzos del siglo XX.
   “Charlas de Pebete, vivimos en la época de los trusts, (1911) que cuando adquieran proyecciones ornitológicas se convertirán en “avestrusts” . Se unificó el aceite, se centralizó el trigo, se sindicó la carne, se monopolizó el acero; en varios países todos los periódicos, sean cuales fueran sus ideas, han caído bajo la inspección de una junta suprema, que a su vez tiene un director, que a su vez tiene un secretario, que a su vez tiene a una señora, que a su vez tiene un perrito. En pueblos tan democráticos –aquí signos discretos de carraspera- como los Estados Unidos, existen el rey de los huevos artificiales, el del papel, el de las conservas animales, el de los jabones, el del aguardiente, el de los ladrillos y otros muchos más. Todos estos monarcas republicanos son más o menos rivales, pero se entienden perfectamente para la gran obra común que es desollar de un modo metódico y concienzudo a los consumidores. Lobos conocedores de sus verdaderos intereses, se dan buenas panzadas de ovejas, pero sin llegar a exterminarlas: no ahogan pero aprietan bastante. Saben poner cierta moderación previsora en la ferocidad, cuando el consumidor se va a fondo, le echan un cable, le prestan con interés de plaza los primeros auxilios y desde que puede trabajar le pasan la cuenta. El mundo no es tan malo como se dice (…)”
   “A Cara y Cruz, ya verán ustedes que en el año de gracia de 1912 continuarán subiendo los precios del pan, de la carne, del pescado “y de lo que no es carne ni pescado”, ni chicha ni limonada. De las verduras, de las peras, de la fruta dulce, y sabrosa del mercado ajeno, de los huevos, de la leche, de los vinos y licores y quién sabe si de los cigarrillos que figuran entre los artículos de arder y armar.
   En cuanto a los alquileres de las casas han llegado a la tarifa máxima y todavía los propietarios, como los niños, piden más.
   ¡Y pensar que en Europa nos envidian por lo bien que vivimos y por lo mucho que disfrutamos de los placeres dentro de la democracia! ¡Claro! Ellos ¿Que saben de nuestros problemas ni de nuestros impuestos internos? Nos ven desde lejos con los ojos de la imaginación, como dicen los poetas y tenemos en nuestro favor el prestigio de la distancia. Los europeos que saben divertirse y gastar poco, siguen creyendo en la leyenda de una América, en que abundan las pepitas de oro, las frutas tropicales y las selvas casi vírgenes e intrincadas… Según Europa estos pueblos son jóvenes, gallardos y calaveras.
   Pues bien, no, aquí también hay viejos, malos gobiernos y pobres de pedir limosna. Aquí la vida es cara. La vida es cruz y se pasan apuros.
   La culpa no la tienen los que nos gobiernan. Son unos inocentes. La culpa es de todos. Nos ha dado por lucirnos y estamos gastando más de lo que tenemos, para deslumbrar a las naciones extranjeras.
   Los argentinos que van a pasearse por los bulevares, dejan asombrados a sus interlocutores cuando se les piden informes acerca de la manera de vivir en Buenos Aires.
-Vamos a ver: ¿cuánto cuesta allí un par de zapatos?
-Diez pesos cada uno.
-Cada par?
-Cada zapato, veinte pesos en síntesis.
¡Caramba! Pues por ese precio tiene usted aquí  los dos pares de Francia.
-Las vistas, sí señor. Lo que se ve, la pechera y los puños
-Ah! vamos, es de algodón.
De algodón y de algo de hilo.
¡qué lástima se nos acaba el espacio!
Será hasta el próximo viernes…
La cita histórica
   El 15 de septiembre de 1759 nació en la hacienda o estancia La Fombera,  sobre el río Mataca, distante algunas leguas de Potosí, el brigadier general Cornelio Saavedra; el primer gobernante de los argentinos. Pues fue designado presidente de la Junta de Gobierno creada por voluntad del pueblo el 25 de Mayo de 1810. Pertenecía a una ilustre familia cuyos orígenes hispanos se remontaban al siglo XV, contándose entre algunos de sus miembros residentes en América al afamado Hernandarias, que fue el primer gobernador criollo del Río de la Plata, en 1591. Túvose siempre por ciudadano netamente argentino, tanto por haber nacido en el territorio que poco después fue el virreinato del Río de la Plata, al que perteneció la ciudad de Potosí cuanto por estos antecedentes de familia y por sus eminentes servicios prestados a Buenos Aires: Llegó a la capital del virreinato del Río de la Plata cuando contaba ocho años de edad. Cursó sus estudios en el Colegio San Carlos de esa ciudad. En 1801 ocupaba un cargo de importancia: alcalde de segundo voto. La primera invasión de los ingleses lo inclinó a la carrera de las armas, sirviendo con entusiasmo y valor y contándose entre los más esforzados defensores del suelo patrio; Santiago de Liniers; Martín de Álzaga y Juan Martín de Pueyrredón, el 8 de octubre de 1806, el virrey, marqués Rafael de Sobremonte lo nombró comandante de la Legión de Patricios Voluntarios Urbanos de Buenos Aires. En los memorables sucesos de Mayo de 1810 le cupo el papel primordial ya que fue designado presidente de la Junta Provisional Gubernativa del Río de la Plata. El 20 de agosto de 1811 partió para organizar el Ejército del Alto Perú, vencido en Huaqui. Causas políticas que sobrevinieron lo colocaron en algún trance difícil; fue sometido a juicio, se lo condenó y desterró por haber participado del movimiento del 5 y 6 de abril de 1811, “sentencia que por obedecer a venganzas de carácter personal y político, ofrece el aspecto de una iniquidad social”. Luego se refugió en Chile, de donde regresó a territorio argentino después del desastre de Rancagua. Sin embargo, se le hizo justicia, pues el director supremo del Estado, general Juan Martín de Pueyrredón, con fecha 24 de octubre de 1818, le extendió los despachos de brigadier general. Falleció repentinamente en  Buenos Aire el 29 de marzo de 1829.
Artículo visitado 52 veces, 1 visitas hoy


Categorías: Columnas de Opinión

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back To Top