Los argentinos que, como en mi caso, pasamos por seis revoluciones o golpes de estado de fuerte contenido socio-político y por lo tanto institucional:  1930, 1943,1955,1962,1966 y 1976 (a la primera esta la recuerdo muy especialmente ya que contando con pocos años de vida, desde Invernadita de Itacaruaré (Misiones)  a mi padre, a quien habían dejado cesante como maestro de grado en la escuela en la que mi madre era directora, porque su hermano Oscar era radical con actividad política irigoyenista, ante la noticia de la revolución de Uriburu, lo recuerdo ubicado frente a una radio que los chicos admirábamos porque tenía un botón encendido color verde con el que se sintonizaba,  dijo: “el único que puede salvar la situación del país es el procurador general de la Nación, Juan Fernández”  (nombre y apellido que pueden estar erróneamente escritos ya  que ha transcurrido la friolera de varias décadas).
   En la 1976 en que vivimos además con la última, la más cruel de entre ellas, de las otras revoluciones más vale no acordarse.
   Retirándonos del siglo XX  e ingresando en el XXI en el que también asistimos a un 2001 en que todo parecía fracasar institucionalmente, basta con recordar la semana de los cinco presidentes. Como se advierte , estamos templados como para desear, ¿esperar?, que si se está a tiempo se comience a cerrar la grieta –  que para graficar algo en cortas palabras ocurrentes, los argentinos somos que ni mandados a hacer.- que impide, obcecadamente, acercar posiciones y sí profundizarlas cada día más en detrimento de un pueblo que espera-desespera urgentes soluciones; grieta que salpica y mucho a las instituciones lo que las hace cumplir sus delicadas funciones en condiciones de indebida anormalidad cívica.
   Y, como creemos que esta profunda crisis en que vivimos no nos pega a los argentinos solamente sino que está adquiriendo universalidad reflejada en las masivas migraciones, las más provocadas con fines de supervivencia y, por otra parte queremos creer en las buenas intenciones de nuestros políticos oficialistas y opositores para lograr cerrar la “grieta” de tal modo y suerte que nos unamos los argentinos, dejemos las pasiones desmedidas, bajemos de la soberbia y juntos, olvidemos violencias, resquemores y perjurios en aras de una convivencia pacífica que trabaje en favor de la gente, de toda la gente,  entronizando la cultura del trabajo, paladín del progreso de los pueblos.
   Como poco podemos opinar fehacientemente de los motivos que hacen, por ejemplo, que cada día, ¿cada hora? el dólar se lleve puesto a nuestro peso  -por estar afincados lejos de la gran ciudad  ¡ay! de este federalismo unitario que le cuesta cruzar la General Paz- y, por otra parte, entendemos que tales informaciones nos llegan a  través de la televisión y diarios nacionales que ocupan distintas fuentes informativas, es que decidimos hoy recrear a nuestros lectores y en lugar de pensar “en que si o en que no” puede llegar el momento en que debamos guardar nuestro auto en la cochera, correr al comercio del barrio para no tentarnos con las góndolas; y tantos otros rubros que se nos están poniendo conflictivos.
Entre obereños
  Habiéndose agotado los libros de mi autoría “Un lugar llamado Yerbal Viejo”; “La Sorprendente Oberá” y “Oberá ciudad” he procedido a su reimpresión, cierto que en cantidad limitada, reproducimos ahora cual fue nuestro propósito al editarlos
   Este tercer libro que titulamos “Oberá, ciudad”  (1970/ 1999) forma parte de la saga que se inició con el primer libro “Un lugar llamado Yerbal Viejo” (1912/1928) y que continuó  con “La Sorprendente Oberá” (1928/1969).
   Siguiendo fieles a nuestra idea de que la evolución histórica de un pueblo aparece como mejor explicada ordenándola por décadas, es que aplicamos en “Oberá, ciudad” el mismo método que en la anterior publicación, permitiendo así una mayor accesibilidad por parte del lector para compenetrarse de esa idiosincrasia tan particular del obereño que históricamente ha rivalizado por “hacer algo por su ciudad” y en muchas ocasiones sin  pretensiones materiales por ese su aporte cívico- cultural, tal el ejemplo que nos brinda La Feria Provincial del Libro y La Fiesta Nacional del Inmigrante, entre otros emprendimientos exitosos.
  Así como lo hicimos en “La Sorprendente Oberá”, en “Oberá, ciudad” hemos puesto empeño en que, junto a la historia obereña, se vaya conociendo en forma orgánica y ordenada la sucesión administrativa municipal , así como la actividad municipal más destacada de cada década de tal manera que el contexto institucional  obereño aparezca debidamente cohesionado con  la cotidianeidad histórica en el que está inmerso, así como en forma sintética el nacimiento de las instituciones públicas y privadas de mayor trascendencia, ubicándolas en la década en que fueron  creadas
   Sin embargo y como consecuencia de la evolución histórica que en el caso de Oberá, ha sido sorprendente, el nacimiento de algunas instituciones nos ha demandado mayor espacio y dedicación, a pesar de ello y luchando por mantener la objetividad hemos utilizado para nuestro trabajo las citas documento que conforman la crónica pormenorizada que se fue recogiendo desde años en nuestro semanario obereño, “Pregón Misionero”, suplementos especiales como “Un siglo de Historia y Recuerdos” “Esto fue Noticia” y otros de Ediciones Pregón; las opiniones participativas de protagonistas de los hechos, así como la transcripción de documentos emanados de autoridad competente. Todo ello amenizado por el conocimiento del entorno de los tiempos narrados  por el hecho –en nuestro caso particular- de habernos integrado a la comunidad obereña a fines del año 1940, habiendo por lo tanto sido testigo presencial,  cuando no protagonistas de acontecimientos y personajes, mencionados en este libro, lo que hizo que la nuestra pasara a ser  una dedicación  muy personal y exclusiva.
   No ha sido sencillo imponernos una filosofía de trabajo como la que presentamos adecuándola al interés, utilidad y amenidad  que pretendemos que tenga como para que los lectores vivan plenamente, junto al dato histórico que lo motivó, el espíritu comunitario que lo produjo y lograr así un estudio más completo del origen e identidad de los obereños.
    Como podrá advertirse confluyen para la realización de estos libros dos factores gravitantes que raramente podrían darse en algún otro pueblo, nuestra larga convivencia en Oberá y la creación del Semanario Pregón Misionero allá por el ‘66, año desde el cual fue reflejando la historia viva de Oberá.
   Junto al cierre de “Oberá, ciudad”, cerramos el milenio y con él la entrega de 71 años de historia viva de Oberá reflejados en “Un lugar llamado Yerbal Viejo”, “La Sorprendente Oberá” y “Oberá Ciudad”.
   “Los obereños sabemos que somos obereños y estamos orgullosos de ello, sin embargo es poco lo que conocemos de nuestros orígenes, de nuestras raíces y de nuestra historia, sobre todo de aquella de los tiempos en que, en lugar de obereños los habitantes de esta región fueron pobladores de la colonia Yerbal Viejo y mucho menos aún se conocen los factores gravitantes que influyeron en su colonización.
  En lo que hace a esta historia de la Colonia Yerbal Viejo, precursora de Oberá, he pretendido hilvanar hechos, nombres y circunstancias que fueron dejándose en el período de la epopeya colonizadora que se vivió entre 1912. Año en que comienza a ubicarse alguno que otro poblador a 1928, en que tiene lugar la fundación del pueblo…»
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Categorías: Columnas de Opinión

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