Pareciera ser el consuelo pobre de algunos fanáticos macristas, que critican el fanatismo de los kirchneristas. En definitiva una pelea de pobres contra pobres. Todo el problema económico, algunos lo resuelven o mejor dicho lo simplifican diciendo: “y con lo que se robaron los K”. Como si esto fuera una explicación lógica a tres años de que asumió el actual gobierno, y las cosas van de mal en peor mes a mes.
   Las verdades se construyen, comenzando por la versión, la sospecha y luego, es sabido que terminan en aseveración. Luego esas verdades construidas se deben mantener en el tiempo y conseguir algunos indicios y sospechas que sigan fortificando la verdad que se fue construyendo. Y es así como muchas mentiras se convierten en verdades imposibles de desmentir o de aclarar. Y esas “verdades” son las que alimentan nuestras verdades.
   Según  cuenta la historia: El 6 de septiembre de 1930, el presidente democrático, nacional y popular Hipólito Yrigoyen fue depuesto por el primer golpe de Estado de la época constitucional, apoyado por la gran prensa de las familias oligárquicas, el ejército y la oposición de las élites conservadoras. La clase media, clave para su llegada al poder, había dejado de respaldarlo tras la debacle económica. Hoy día existen coincidencias históricas, y muchos creen que la historia se repite.
   Hoy no es necesario recurrir a las fuerzas militares para derrocar a un gobierno o denigrarlo. Con la suma de fuerzas, políticos, jueces, prensa y presión económica se puede lograr los objetivos.
   Se podría estar de acuerdo en que nadie quiere ver un corrupto en libertad, ni tampoco la debacle económica del país, porque en definitiva los que terminan pagando los platos rotos somos todos, es el pueblo. Nos debería causar tristeza y preocupación por lo que ocurre en materia económica, porque afectara a la mayor parte de los argentinos, no nos podemos tampoco ponernos felices con los supuestos hechos de corrupción al que se le acusa al anterior gobierno. Deberíamos ser más razonables con la realidad y dejar el fanatismo de un lado, y no estar buscando justificar una cosa con otra, porque en definitiva poca ganan y casi todos pierden.
Dólar falso
   La falta de confianza y de credibilidad en el gobierno nacional tuvo su demostración en el mercado financiero, con una suba del dólar del más del 18 por ciento en un solo día, mientras las tasas de intereses saltaron al 60 por ciento. Esto también demuestra la fragilidad de la economía argentina que evidencia no tener un rumbo definido ni mucho menos sustentable.
   La corrida cambiaria comenzó luego de los anuncios del presidente Mauricio Macri, quien con la idea de calmar a los mercados comunicó un acuerdo con el FMI, de adelantar fondos para solventar la timba financiera, la respuesta del mercado fue contundente: no confiamos en este gobierno.
   El impacto inmediato es en la caída real del salario de los trabajadores y la pérdida del poder adquisitivo, en un solo día el trabajador perdió el 18 por ciento, cuando no más. Porque con el tema de cubrirse, en los comercios aumentan algunos puntos más, para asegurarse rentabilidad y no pérdidas. Y ni que hablar de las tarjetas de crédito cuya financiación sube al 120 por ciento, cuando hoy día se sabe que existe una alta tasa de morosidad en el pago de las tarjetas de crédito. Como se sabe, en los periodos inflacionarios, mientras unos pierden, otros ganan.
   A esta hora, según los analistas económicos, el gobierno nacional está estudiando un ajuste fiscal de shock y no “gradual” como se había anunciado, de manera tal de demostrar al mercado que tendrá dinero suficiente para pagar las deudas contraídas. Estamos hablando de seguir achicando el estado, y también menos presupuesto en educación, en salud, acción social, obra pública etc. Lo que se traducirá en una fuerte caída de la actividad económica recesión y desempleo. Digamos una receta ya conocida por los argentinos con sus resultados y consecuencias.
   En los estudios de opinión se demuestra claramente el nivel de incertidumbre de la gente, según lo publica el diario Clarín, el 69,5 por ciento de la población cree que la economía para el próximo año empeorará, mientras que un 69,9 no cree que la inflación comenzará a ceder a partir del mes de septiembre.
   El nivel de incertidumbre es muy alto, mientras comienzan a escucharse de fondo ruidos a cacerolas. Evidentemente el cierre del año va a ser muy complicado en lo político, económico y social.
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Categorías: Columnas de Opinión

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