Coexisten contrastes distintos en la forma de hacer y de llevar a adelante la política, que se entiende que tiene que tender al bien común y a favor del pueblo gobernado. La política debería ser la que medie entre el interés del capital y el de las personas, pero siempre debería de estar del lado de las personas, de la gente, que es el eslabón más débil y debe ser el estado su protector, más que benefactor.
   Existe una clara diferencia en el manejo político entre el gobierno nacional, que conduce el presidente Mauricio Macri, y el gobernador de la provincia de Misiones, Hugo Passalacqua, quien en su discurso del primero de mayo señaló que, “nos arreglamos con el dinero que recaudamos”. Además señalo que “ si bien la provincia está muy bien calificada para tomar créditos internacionales, no los tomarán porque no tienen la intención de endeudar la provincia y a los misioneros.” Una gran diferencia en las forma de pensar y administrar la política y que vale la pena resaltarla, porque siempre se piensa, se dice y se justifica, de que no queda otra salida que tomar deuda, y vemos que no es así.
   La semana pasada en medio de la corrida cambiaria el gobierno nacional anunciaba más ajustes en el estado nacional, señalando  que la meta del déficit fiscal pasará del 3,2 % al 2,7 %. Esto significa un recorte del gasto, más ajuste ante la corrida cambiaria. Es decir menos dinero para salud, educación, seguridad, obra pública. En fin, menos dinero a favor de la gente y más dinero en manos de la banca o timba financiera, como se lo quiera llamar.
   Como esto no conformó a los de la timba financiera, a los que el gobierno les abrió la puerta de entrada y de salida del país, tomó la decisión de recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) con un préstamo de más de 30 mil millones de dólares, no para construir viviendas, escuelas, hospitales o generar más puestos de trabajo. No, es para poder hacer frente a la corrida cambiaria. Es decir nos endeudamos más en beneficio de la timba financiera. Y en esta cuestión muchos economistas cuestionaron que se haya recurrido al financiamiento internacional, cuando entienden que por los dichos del propio gobierno nacional, se podría atender y detener la corrida cambiaria con fondos de la reserva del tesoro nacional, que días y horas antes habían adelantado que tenían reservas suficientes para seguir interviniendo en el mercado cambiario, y horas después terminaron pidiendo un salvavidas de plomo al FMI. Seguramente para muchos ahora es entendible cuando el gobierno kirchnerista ponía topes a la compra venta de dólares, era una forma de controlar la movida cambiaria y especulativa.
   La otra cuestión digna de comparación, es la postura asumida por el gobierno provincial en defensa de los pequeños y medianos productores yerbateros. Mientras el gobierno de Cambiemos propone desregular la actividad, dejando a los productores en manos del mercado y a merced de los grandes secaderos y molinos yerbateros, el gobernador Passalacqua se opone a esta medida, entendiendo que se debe proteger a los pequeños productores que son los que menos fuerza tienen en el mercado de la yerba mate, y quedarán a merced de los grandes secaderos, cobrando miserias por su producto.
   Es evidente que es una gran mentira que las cosas no se puedan hacer de otra manera, que el estado no puede estar del lado de los más débiles y mediar entre el interés legítimo de los productores y los mezquinos intereses del capital.
   La política debe estar del lado de la gente y no del capital, sin combatirlo, más bien controlándolo. Cuando la política está al servicio del capital, es porque la conducción está en manos de empresarios y no de políticos, los políticos no pueden estar sentados en los dos lados del mostrador.
Llegamos al Fondo
   Era el final anunciado de varios economistas, que advertían que la desfinanciación y el aumento sostenido del déficit fiscal, debilitarían al Estado para hacer frente a cualquier movida cambiaria, y el capital especulativo sabe cuando y como mover sus piezas para dar el golpe justo. Con esta movida cambiaria hay sectores económicos que obtienen enormes ganancias y los costos los termina  pagando el común de la gente, y en particular los sectores asalariados.
   Solo quedan las promesas banales del gobierno de Cambiemos, que no devaluarían, que no habría tarifazos, que controlarían la inflación, que no harían despidos, que bajarían el déficit fiscal y también el anuncio de la pobreza cero, ya pasaron al recuerdo como una cruel mentira de campaña electoral.
   Se insiste en la pesada herencia para justificar los fracasos económicos de la administración del actual presidente Maurico Macri, cuando de haber sido así, debería haber estallado la economía el primer año de gobierno, y no a los dos años y medio. Evidentemente no supieron manejar la situación, o la manejaron según otros intereses, inclinados a favor del capital foráneo y especulativo que termina perjudicando y frustrando a la mayoría de los ciudadanos, que son los que terminan pagando los costos de la timba financiera.
   Una de las medidas que más afecta a los sectores asalariados es la suba de las tasas de interés, con la intención de desalentar la demanda de dólares y frenar su alza, favoreciendo a los ahorristas y a la bicicleta financiera. Conviene tener el dinero a plazo fijo y financiar los pagos, tal cual lo padecen los productores de yerba mate, que desde hace mas de un año le pagan por sus productos a mas de 180 días de plazo. Pues el costo de los intereses absorbe parte del precio de la materia prima, y es el productor el que financia parte de ese costo, y el que sale perdiendo. Los otros afectados son los que compran con tarjeta de crédito, que al no pagar el cien por cien de las compras y las financian, el costo anual de los intereses se ubica cerca del 94 por ciento. Y a esto debemos sumarle la subida de los precios en góndola por la movida cambiaria, ya que por las dudas, los supermercadistas se resguardan.
   Es obvio que el acuerdo con el FMI implicará mas ajustes, que en definitiva será el de seguir achicando el Estado, menos obras públicas, menos salud y educación. Y cuando el Estado pierde el poder de interceder en la economía, los que salen perdiendo son los de la clase media y los que menos tienen, los que salen ganando son los grandes capitales, y que no son los que sufren las penas ajenas.
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Categorías: Columnas de Opinión

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