Y mientras la luna llena nos permite no solo solazar nuestra visión nocturna, sino asociarnos en la contemplación del mundo de nuestro alrededor, escenario que poco a poco se va ensombreciendo producto de oscuridades que van invadiendo su esfera hasta que, ¡vaya su temple!  vuelve a renacer a fines de mes. Luna que tanto iluminó -valga la redundancia-  a poetas insomnes que recurrían a ella en auxilio de sus desvelos, hoy muy masivamente suplantada por un celular, nosotros, los aguerridos mortales con ciclo determinado y antes de caer vencidos por el almanaque de los tiempos, ensayamos nuestra prosa que pretende iluminar caminos sin suerte cierta.
   Y ya que hablamos de luna en su espléndida versión, lo inexplicable, allá por nuestras mocedades  era que cuando veíamos a alguien enojado y, “como con bronca y junando” le decíamos: “che (inseparable palabrita para confraternizar)… estás alunado” nunca se nos ocurrió investigar el  porqué de tal aplicación por lo que pasamos la inquietud a quien quiera tomarla, pero cierto es que a veces pueden subirnos negras ideas que nos ”alunen” tal como alguna vez nos sucedió ante textos vigentes en su letra pero trasgredidos en su esencia jurídica, tal el caso del artículo 19 de la Constitución Nacional que dice “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero están solo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación está obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohibe”… la respuesta en esos casos no se dejó de sentir“ cambiá de canal y ¡listo!” nos dicen y ya  lo hacemos aunque y como dice el paisano luego de corta meditación ¿será…?
Defensoría del Pueblo
   Celebramos el paso dado por nuestro municipio al dar cumplimiento a lo establecido en la Carta Orgánica en su título sexto: De la Defensoría del Pueblo haciendo posible la asunción por primera vez de un “defensor del pueblo” en nuestro caso fue electa por el pueblo y para ejercerlo la Contadora Patricia Nittmann  quien, tras el juramento, ejercerá tales funciones – y vaya.. que estamos cumpliendo noventa años de ciudad-  todo un desafío, funciones que entendemos como una herramienta dúctil utilizable para zanjar diferencias que puedan surgir entre administrador y administrados o más simplemente entre gobernantes y pueblo (C.O. Artículo 183º Compete al Defensor del Pueblo proteger los derechos e intereses públicos de los habitantes del Municipio, frente a los actos, hechos u omisiones del Gobierno Municipal o empresas de servicios públicos, que impliquen el ejercicio ilegítimo, defectuoso, irregular, abusivo, arbitrario, discriminatorio, negligente, gravemente inconveniente o inoportuno de sus funciones. Tiene a su cargo la defensa de los intereses difusos o derechos colectivos, que no pueda ser ejercida por personas o grupos en forma individual, especialmente la protección de los habitantes de Oberá contra medidas internacionales, nacionales, provinciales y municipales que impacten negativamente sobre los vecinos, en el patrimonio, la cultura, la calidad de vida, el territorio, el medio ambiente y los recursos naturales) por lo que quien ejerza el cargo pasa a ser en primer lugar una suerte de embajador en especial de los que por razones ajenas a la voluntad de unos y de otros carecen de representación sin que ello signifique desatender las múltiples funciones que aparezcan ante desavenencias que involucren a las distintas cuestiones que surjan en cualquiera de los sectores socio políticos que se conjugan en nuestra ciudad o que afecten a todos en conjunto.
   Como se podrá advertir con el ingreso del defensor del pueblo al esquema institucional municipal se da un gran paso en el deseo de vivir en democracia lo que aparece como muy edificante.
   Al respecto y como acotación la asunción de la Defensora del Pueblo tuvo lugar en sesión organizada por el Concejo Deliberante en un acto que supo aunar protocolo y cordialidad, esa cordialidad obereña tan proclive al elogio.
Ejercer la convivencia
   Cordialidad obereña que debemos empeñarnos en seguir disfrutándola y que en tiempos de cambios en el que las cosas no son como eran; en época aquí y allá de avances tecnológicos en los cuales se tiende más a lo individual que a lo grupal se hace difícil entender la importancia que tiene la convivencia pacífica en cualquier círculo, llámese familiar, amistoso o comunitario.
   En tiempos nos han querido inculcar como que el “sálvese quien pueda” a cualquier precio, es lo único que puede mantenernos en “lucha”, como les gusta calificar a la vida; y con esto puede que nos hayamos ido olvidando de a poco, de ejercer lo que nos viene por naturaleza: vivir y dejar vivir tendiendo al bien de todos.
   Cuando se realizan acciones que pueden beneficiar, aunque sea en parte a que este principio se cumpla, nunca faltan los desconfiados, los detractores, los oportunistas y muchos más que apuestan al fracaso, simplemente por el goce de ver que el objetivo que los otros se han propuesto no podrá ser cumplido.
   Si nos dicen que lo que estamos haciendo está bien “algo querrá a cambio” suponemos. Si nos dicen que lo que estamos haciendo está mal “tiene algo contra mí”. La verdad que ni muy muy ni tan tan. Somos humanos  y como tales, tenemos virtudes y defectos. Pero lo importante es que nos demos cuenta de cómo somos en realidad. Un conocimiento exhaustivo y pleno de nuestra personalidad, capacidades, errores y -por sobre todo- no creernos infalibles y conservar siempre la humildad en nuestros corazones.
   Y lo que parece una utopía en estos tiempos que estamos viviendo, donde la competencia es feroz, donde la bondad parece haberse escondido, donde los lazos familiares y amistosos se ven resentidos a tal punto de no tener tiempo de fortalecerlos o pensar que es lo lógico no hacerlo-, deberíamos volver la mirada hacia atrás y darnos cuenta que nadie es el salvador de nadie, que cada individuo forja su propio destino, y si lo hace en paz consigo mismo y con el resto de sus semejantes, todo irá mejor.
   No permitamos que el desaliento, la desconfianza y el mal humor nos invada. Dejemos de pensar de que todo lo que nos pasa es lo peor del mundo, o que el mundo está contra nosotros, abramos la mente y el corazón  y luchemos codo a codo por volver a vivir en una convivencia pacífica, retomando los valores éticos, morales y familiares que algunos vivillos nos pueden haber hecho creer que ya no existen para poder seguir sirviéndose de las divisiones y luchas entre los integrantes de una comunidad que puede no ser la mejor, pero debería serlo, ya que es la nuestra.
    Todo un tema debatible para este milenio.
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Categorías: Columnas de Opinión

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