CLAUDIO SALVADOR…. Periodista, escritor, docente, cronista de radio…  ¿ex -vidente?  ¿Invidente?… No, dice, CIEGO y a mucha honra… “con mucho orgullo” le responde Lidia Sanabria desde su añosa y prolífera ceguera  (escribe en Braille y ha traducido el Martín Fierro, el Quijote….). Claudio Salvador vino a presentar su nuevo libro “Detrás del paisaje”  invitado por el Círculo de Periodistas Ignacio Ezcurra, el sábado 24 de febrero a las 9.30 en la Casa del Bicentenario.  Acompañado por su esposa (“ojitos verdes” como le llama) nos cuenta que lee más que nunca,  como una ocurrente  contradicción y escribe un nuevo libro, esta vez sobre su amigo en la eternidad, el Obispo Joaquín Piña-  Su mente y  espíritu están atentos al acontecer del país y de su lugar. Pensamos que ahora  tiene tiempo de ver más allá de la realidad,   lo esencial ,  que  es invisible a los ojos…
   Claudio  todavía no olvidó la luz,  el dulce cielo misionero, la rugosidad de la piedra, las mañanas neblinosas de Iguazú, el olor de la selva, el sonido de las aguas… Y así nos lo va contando si repasamos su bella literatura. Se define  escritor del pueblo, comprometido  con la historia  cotidiana, con  las tragedias humanas,  pero también con la esperanza y los  sueños de la gente. Descubre detrás de la belleza de ese paisaje turístico  iguazuceño,  el otro paisaje de los siempre  marginados mbya guaraní, de quienes sin embargo destaca su fortaleza de siglos, su cultura que  todavía no apreciamos ni consideramos esencial.
   “Nosotros somos la tierra donde nuestro padre grande nada nos hace faltar, estamos aquí para darles el saludo de paz y de calma de la tierra de las aguas grandes. Siempre debemos estar todos juntos… Así existirá paz y  felicidad infinita”.  Me he tomado ciertas libertades en esta “Bienvenida” traducida por Salvador del lenguaje guaraní. Y otro texto que lo muestra  hablando desde el Paisaje, conmovido por la grosera codicia de los que terminan con suelos, plantas y  animales… “Te matan, nos matan”, termina  en un llanto. Traduce una leyenda indígena del sonido de las aguas que el hombre pálido predador desconoció, y terminó con el más costoso precio:  las cataratas se desvanecieron en un desmayo eterno, el fragor de la floresta desapareció y en su lugar los ruidos de las ciudades cercanas lo ocuparon todo. Muchos textos de este poeta periodista son el producto de su compromiso con la realidad  social más vulnerable,  ya sean las comunidades originarias, o las criollas,  que también reclaman  protección de sus derechos más elementales, o el ambiente natural, cada vez menos natural, “paisaje en retirada”, como dice Salvador. Por supuesto no olvida a los tareferos, a  su tragedia,  y luego descansa en los recuerdos amados de su padre, de su abuela, y de otros seres que estuvieron en su vida, como la abuela Clemencia, la niña María Alejandra, Rufino, el  Pequeño Gran Cacique…  Cerramos el libro que abrió nuestra mente y corazón a otras realidades.
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Categorías: Columnas de Opinión

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