Esteban Abad periodista y escritor, “santafesino misionerado”, con muchos premios y menciones en su haber, tiene un don especial cuando relata sus cuentos…ya sea en los libros o, mejor, personalmente. Siempre recuerdo en un encuentro de escritores, donde se daban diez minutos para relatar, ni uno más, él, sin inmutarse, se tomó el doble, a pesar del murmullo de desaprobación de quienes esperaban turno para su breve participación.
Era tal su modalidad suave y cadenciosa, que yo, personalmente, estaba aprendiendo de él a contar, a relatar y me interesaban los agregados al texto, los gestos, las picardías con el público. Este recuerdo lo traigo a colación en la oportunidad de su nuevo libro El amor de la palmera y el horquetero, título muy especial y poco creíble claro está. Como escritor fabulador que es, estamos de acuerdo en que solo a él se le ocurre hacer una pareja tan imposible como esa : ¡una palmera y un horquetero!, sin embargo en la inspiración de un escritor, todo puede suceder… y esa es la magia de la escritura. Por eso sigue en su fabulación relatando sobre una rebelión animal que sucede por un decreto municipal que otorgaba una cobertura especial a las mascotas, con DNI.…. ¿pero qué mascotas? Por supuesto ¡Canes!, ¿Solamente protección a los canes?… Bueno esto despertó los malos instintos de las otras mascotas, desde planificar piquetes, picadas de palomas tipo “¡Fuegooo!” contra la gente que ahogaba gatitos!… total, ellos estaban fuera del Decreto!
Pero en la segunda parte del libro, el autor publica cuentos entre ellos, el de Navidad que le significó una primera mención en la Fiesta Nacional de la Navidad de Além en el 2014. Y luego otro cuento, El reviro, que según mentas , ha sido el más leído por los docentes y alumnos de las escuelas, editado en el 1er. Certamen de cuentos de FM Cuñapirú de Aristóbulo del Valle. Entre medio de aquellos cuentos premiados, por supuesto Abad no puede con su genio y se las toma con la historia del loro de doña Cata, un ángel de “alas verdes” según ella, que por poco muere literalmente “salado”. Y también, por poco comido ¡ Y una tercera parte del libro aborda recuerdos, donde se encuentra el cuento que da nombre al libro. En esta parte podemos realmente comprender el “espíritu vegetal” de este escritor, que se maravilla con los árboles de Misiones (¿quién no?) porque en la vereda de su casa de Santa Fe había otros, tipas, álamos, paraísos. Pero lo importante es que aquí en Misiones los árboles no tienen techo, por lo altos, y descubrió que no hay “Jacarandá rosado”, como desde niño creyó. ¡Qué lástima perder esa ilusión, total uno pinta los árboles de cualquier color!
En la cuarta Parte lecturas el autor trae a colación historias increíbles y en una 5ª. Parte Leyendas, mitos y costumbres, recuerda algunos como los ñoquis del 29, San Cayetano, el oro del Yasí Yateré, entre otros. Un libro entretenido, sin dudas.

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Categorías: Columnas de Opinión

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