Eduardo Paredes, codefensor de los imputados, desestimó la acusación y solicitó la absolución de sus defendidos. | Foto: Luciano Ferreyra

En la mañana del domingo 25 de mayo del 2014, Bianca Knack (12) fue una de las abanderadas en el acto por el Día de la Patria en la localidad de Panambí. La pequeña asistía a séptimo grado de la Escuela 402 del kilómetro 8, era una de las mejores alumnas y tenía asistencia perfecta.
Sus padres la acompañaron orgullosos y de regreso a casa, en el kilómetro 7 de la ruta Provincial 5, prepararon el asado y las ensaladas para el almuerzo que compartieron con la familia de Antonio “Tony” Mojsiuk, hermano de la mamá de Bianca.
Tras la sobremesa, la visita se despidió sin imaginar el desastre que se desataría horas más tarde, cuando cinco encapuchados irrumpieron en el domicilio de los Knack con intenciones de robo.
Alrededor de las 20, Tony Mojsiuk y su familia se encontraban de visita en la casa de su vecino José Serfas, cuya esposa los invitó a compartir mate y chipas, ya que el clima frío y lluvioso se prestaba. Nunca se les cruzó por la cabeza que apenas a 300 metros se cometía el hecho criminal más sangriento de la historia de Misiones.
Según declararon, los dueños de casa y sus vecinos escucharon que afuera alguien gritaba: “Tony, sé que estás ahí, ayúdame”. Miraron por la ventana y primero no reconocieron quién era, puesto que “estaba todo negro, no tenía ropa ni pelos”, declararon.
“Tony, soy Carlitos. Por favor andá a ayudarle a Graciela, porque nos asaltaron y nos quemaron a todos”, alcanzó a decir Oscar “Carlitos” Knack (43) antes de caer al pasto mojado en busca de algo de alivio para su cuerpo calcinado.
El testigo se quebró antes los jueces al relatar lo que vio en la escena del crimen: su hermana Graciela Mojsiuk (42) y sus hijos Cristian (25) y Bianca se retorcían de dolor por las gravísimas lesiones que les produjo el fuego. Perdieron el pelo, las orejas, sus narices.
Bianca estaba desnuda, su tío Tony la cubrió con una sábana y luego la trasladó hasta el hospital Samic de Oberá. Agonizante, la pequeña logró contar que estaban mirando televisión cuando los delincuentes irrumpieron por la parte trasera de la propiedad, los golpearon, amarraron y torturaron sin piedad.

Millán (derecha) coincidió con el pedido de la fiscalía y solicitó la pena máxima. | Foto: Luciano Ferreyra

Rastros de muerte
La criatura relató que los delincuentes pedían plata, hasta que dieron con el botín de 357 mil pesos en efectivo que estaba en una caja de zapatos oculta en el ropero de la habitación de sus padres.
Ya en el juicio, en su declaración ante el Tribunal Penal Uno, el oficial auxiliar Hugo Orlando Rodríguez, perito de la División Bomberos de la Unidad Regional II, confirmó el dato más brutal del hecho: Bianca fue amarrada a una silla, rociada con alcohol y quemada viva, tal como declaró su hermano Carlos “Nano” Knack (27) -el único sobreviviente- a partir de lo que le comentaron las víctimas minutos después del desastre.
“En la zona de la cocina comedor y living, había una silla con el tapizado del asiento y el respaldo quemados”, precisó el perito.
El segundo foco ígneo se halló en un dormitorio, donde los asesinos ataron a las víctimas al elástico de una, les colocaron un colchón encima y los quemaron. Además, Rodríguez determinó que cerraron la puerta desde afuera para evitar que pudieran escapar.
Dicho informe corroboró los dichos de Nano, quien relató: “Primero le pegaron a Cristian, después a papi y los pusieron en diferentes piezas. Le sentaron a Bianca en una silla, le empezaron a torturar con fuego y pedían plata, hasta que encontraron pero no quedaron conformes. Después los juntaron, metieron fuego a la pieza y uno de los ladrones se quedó afuera sujetando la puerta mientras que mi familia se quemaba”.
Luego la escena fue analizada por el licenciado en Criminalística Marcelo Maslowski, el profesional de la Policía a cargo de la recolección y el análisis de los rastros hallados en la masacre de Panambí.
“El olor a carne quemada no se olvida fácilmente. Sobre el piso de la silla había restos quemados compatibles con la calza rosada que tenía la nenita. En la tela había restos de carne quemada y un fuerte olor a pis. Esta gente perdió la piel. Entonces donde tocaban había sangre, incluso en los utensilios que ellos mismos usaron para apagar el fuego”, graficó y sus palabras hicieron estallar en llanto a los familiares de las víctimas presentes en la sala.

El lunes 18 de diciembre se conocerá el fallo por parte de los miembros del Tribunal Penal de Oberá. | Foto: Luciano Ferreyra

Los acusados
Al testificar en el debate, el subcomisario Hugo Omar González, jefe de la División Investigaciones de la URII, explicó que al ser notificado el hecho en Panambí, con su personal a cargo viajaron al lugar y se mezclaron entre los vecinos que se encontraban en inmediaciones a la casa para obtener datos que permitan avanzar en la investigación.
“Esa noche sacamos algunos datos, como que los autores del hecho podrían haber sido algunos empleados del señor Knack. Otras personas decían que podría haber sido un crimen de la mafia del narcotráfico”, recordó.
Agregó que “fue surgiendo la información de un VW Bora gris, pero no recuerdo cómo surgió”.
Al otro día, alrededor de las 18.30, en la comisaría de Panambí recepcionaron un llamado anónimo: “Tome nota oficial. Marcial Alegre tiene un taller de chapa y mecánica en San Javier, ahí en un auto y un tráiler están las armas y la plata que robaron el domingo en Panambí. El taller está en la avenida principal, cuatro cuadras para abajo”.
Con el dato de Marcial Benicio Alegre (54), esa misma noche González elevó un informe a la jueza Alba Kunzmann de Gauchat indicando que el chapista tendría relación con “personas temibles”.
A la mañana siguiente el taller fue allanado y la Policía encontró un verdadero arsenal, pero no dieron con dinero. En el lugar fue detenido el ex prefecto Pablo Julio Paz (54), quien declaró que llegó por sus propios medios para ver qué pasaba, ya que Alegre le pidió que vaya porque su mamá estaba sola en la propiedad.
Casi en simultáneo apresaron a Juan Ramón Godoy (47), cuando se movilizaba por el centro de la ciudad en su VW Bora gris con vidrios polarizados.
En tanto, Alegre salió de la ciudad y fue detenido una semana más tarde en Garupá. Las pericias posteriores confirmaron que las armas secuestradas en su poder no guardaron relación con la masacre de Panambí.

Marcial Alegre, uno de los tres imputados, junto al abogado Ramón Grinhauz. | Foto: Luciano Ferreyra

Los dichos de Cristian
El subcomisario González también participó en la recepción de la declaración de Cristian Knack antes de morir en el Hospital Madariaga, donde agonizó por 36 días.
“Cristian mencionó lo que ocurrió el 25, que fue a Corrientes a traer dinero por la venta de madera y que era la primera vez que traía mucho dinero. Llegó a la casa y el papá contó el monto. Le sirvieron un pedazo de torta y se sentó a mirar la tele con la hermanita. A la media hora, por la parte posterior de la vivienda ingresaron cinco personas con ropa oscura. Uno tenía un hierro y otro un revólver. Lo tiraron al suelo, los golpearon. Primero lo llevaron a él a la habitación de la hermanita, lo ataron de pies y manos, lo golpearon. También al padre. Al rato trajeron a la mamá y a la hermanita y las ataron. Con mucha tristeza contó que le pegaron mucho al padre. Que los delincuentes decían que no eran bobos, que sabían que tenía que haber más plata. También querían armas. El dinero estaba en un ropero, adentro de una caja de cartón cubierta con una sábana”, precisó.
Siguiendo el relato de Cristian, González mencionó: “Les prendieron fuego con alcohol; alcohol que no tenían en la casa, dijo. Él logró saltar por la ventana hacia el patio y se revolcó varias veces en el pasto para apagar el fuego que tenía. Ahí apareció en la escena una persona que ingresó a la casa y ya no tenía capucha. Él lo reconoció como el prefecturiano o ex prefecturiano que les compraba madera en el aserradero. Que era fresco, así dijo. Que hubo un incidente porque hablaba con la madre, al padre no le gustaba y dejó de venderle madera. Dijo que el nombre estaba registrado en un cuadernito. Luego salió a pedir ayuda a la calle y fue cuando vio el VW Bora gris. Se acercó al vehículo y observó que en el interior estaban las personas encapuchadas y el prefecturiano que identificó en el patio”.
Además del relato de Cristian, durante el debate la fiscalía y la defensa destacaron el testimonio de Norma Báez y su concubino José Luis Ramírez, quienes afirmaron que el 25 de mayo a media mañana observaron un Bora gris en cercanías de su casa, en un camino vecinal del kilómetro 13 de Panambí.
También dijeron que un vecino, quien nunca fue identificado, les contó que el coche rozó una rama en una alcantarilla de la zona, lo que a decir de los peritos que posteriormente analizaron el rodado, habría dejado una marca en el lateral del coche de Godoy.
A su vez, el imputado argumentó que las marcas halladas en su auto fueron producto de un choque protagonizado por su hijo menor en la madrugada del 4 de mayo en San Javier. En el debate se presentó el chapista que realizó el presupuesto para la reparación.

Huellas y ADN
Cristian afirmó que reconoció al prefecturiano que les compraba madera y que su nombre y número de teléfono deberían estar en los libros del aserradero, aunque ninguno de los imputados aparece en dichos registros.
Por ello, además del llamado anónimo que apuntó la investigación hacia la figura de Alegre, a Paz y a Godoy los comprometen fracciones de huellas y rastros genéticos hallados en un trozo de media, tipo capucha, encontrados en la escena del crimen.
Precisamente, desde un principio la defensa de los imputados atacó la validez de dichas pruebas. Cuestionaron los métodos de levantamiento y el posterior análisis de las huellas y muestras genéticas, ya que no se habrían respetado los protocolos exigidos.
Según se detalló, en una caja de zapatos donde los Knack guardaban su dinero se encontraron dos fracciones de huellas compatibles con Paz; mientras que en la capucha de media dieron con cabellos de Godoy y rastros genéticos de Paz, presumiblemente saliva.
Por ello, para el ministerio fiscal no existen dudas sobre la responsabilidad en el hecho y solicitó la pena de prisión perpetua para los tres imputados. También insistieron con la necesidad de continuar con la investigación para determinar quiénes serían las otras dos personas que participaron.
“Entre las 19 y 19.30 del 25 de mayo del 2014 cinco personas, de las cuales tres fueron identificadas y están en este recinto, ingresaron por la puerta trasera de la casa de la familia Knack y sorprendieron a sus ocupantes que estaban mirando televisión. Los redujeron y pidieron los aproximadamente 357 mil pesos que Cristian Knack trajo ese día de Corrientes. Los golpearon y después torturaron a la pequeña Bianca”, indicó el fiscal Elías Bys.

Mal concepto

También ponderó el testimonio de Raúl Rodríguez Quevedo, ex pareja de una sobrina de Godoy, quien puso en dudas la coartada del imputado al asegurar que el 25 a la noche lo vio lavando su auto.
También la ex suegra de Godoy mencionó que se cruzó con él camino a Mojón Grande, la tarde-noche del mismo 25, cuando el imputado dijo que ese día no salió de San Javier.
Para justificar el hallazgo de las fracciones de huellas compatibles con el ex prefecto en la caja de zapatos, la fiscal Miriam Silke mencionó que Cristian comentó que los delincuentes usaban guantes con los dedos cortados.
“Se encontraron dos fracciones de huella que en total coinciden en 20 puntos característicos, de los 12 sugeridos por protocolo”, indicó.
Y agregó: “Se encontró una capucha de fabricación casera con restos de vegetación y ocho fibras de cabello”, material que fue analizado y determinó “fluidos biológicos coincidentes con ADN de Paz y cabellos coincidentes con ADN de Godoy”.
En el mismo sentido destacó el aporte del testigo José Humberto Pérez, ex cuñado de Godoy, quien afirmó que varias veces lo acompañó al taller de Alegre.
“Mencionó que Godoy le dijo que haría un cumpleaños inolvidable para su esposa y que Alegre le propuso cometer un atraco en Virasoro, pero que había que quemar todo para que no queden testigos”, remarcó.
Para la fiscalía, la investigación, las pericias y los testimonios prueban la responsabilidad de los imputados. “Tenían armas, pasamontañas, sabían que Cristian llevó dinero”, argumentó, aunque no explicó cómo los imputados habrían obtenido ese dato.

Especulaciones
Javier Millán Barredo, querellante que representa los intereses de Nano Knack, también solicitó la máxima pena.
“Cristian se despertó, habló y murió. Dijo la verdad y murió, pero no mintió. Dijo que entraron con una barreta, y la barreta estaba ahí; que lo ataron con un cinto y el cinto quemado fue fotografiado. Dijo que los ataron y los prendieron fuego vivos, lo que también está probado. Dijo que cuando salió de la casa vio a uno de los delincuentes que ya no tenía capucha y lo reconoció. La capucha también fue encontrada”, remarcó.
Cristian comentó que su papá celó del ex prefecturiano y por eso no le vendió más machimbre, aunque el nombre debería constar en los registros.
En ese punto, el querellante conjeturó que “Cristian dijo que la mamá anotaba los nombres y los teléfonos de los clientes en los cuadernos de la empresa. También habló de una escena de celos del padre y sabemos que Carlitos, como le decían a Oscar Knack, era un tipo argel. Capaz la madre hizo desaparecer el nombre para que Carlitos no se haga problemas”.
Respecto a las características físicas dadas por la víctima y que no concuerdan con la talla de Paz, Millán Barredo especuló: “Dijo que el ex prefecturiano era un flaco alto, pero los chicos cuando hablan de una persona dicen flaco o chabón. Por ahí en el momento quiso decir un chabón alto”.

La defensa
Durante las doce jornadas del debate oral, una y otra vez se reflotaron los horrores de la masacre, hecho que fue repudiado hasta por los imputados, quienes negaron su responsabilidad y aseguraron que ni siquiera conocían a las víctimas.
“Alguien que queme una niña tiene que tener alguna desviación”, argumentó el codefensor Eduardo Paredes durante su alegato, donde desestimó la acusación y solicitó la absolución de los acusados.
El letrado desacreditó la validez de la llamada anónima, opinó que “el Bora existió porque Godoy fue detenido a las 36 horas y no se hizo nada más”, afirmó que la declaración de Cristian Knack nulificó todo lo actuado y explicó por qué se hicieron mal las pericias.
“Cuando se toma la testimonial de Cristian Knack, el 24 de junio, hacía casi un mes que estas personas estaban detenidas. Había todo un proceso de investigación. Se tomó esa testimonial violando flagrantemente el artículo octavo de la Convención Americana de Derechos Humanos, el derecho al contralor. Se dijo que eso era una denuncia, pero si uno dice eso seriamente, como se dijo, hay dos opciones: o se está al límite del prevaricato o hay un desconocimiento inexcusable del derecho”, argumentó.
Y agregó: “Eso es una testimonial, y a partir de ese momento todo este proceso quedó obturado. Este proceso será declarado nulo porque se violentó ese dato de contralor central, que es el control de la prueba por parte de la defensa, con una persona que murió a los dos días, tomado frente a dos policías, el actual vicegobernador, el entonces jefe de Policía y una enfermera”.

“Acomodaban”
Frente al Tribunal, la enfermera Perla Gadea declaró que Cristian “hablaba a lo chamamé”, por lo que “era como arreglado el discurso, él tiraba datos y acomodaban”, respecto al acta policial.
En tanto, Paredes se preguntó con “qué se lo indagaba a Paz si no había huella, con nada. Era necesario algo”.
Indicó que la capucha de media con ADN y rastros genéticos “estuvo casi cuatro años en (el laboratorio) Penacino de Buenos Aires y nadie se dio cuenta. Dónde está la cadena de custodia. Tomaron eso y nunca la exhibieron, cuando la prueba siempre debe estar al alcance de las partes”.
Argumentó que Cristian habría visto un VW Gol gris, no el Bora, como se desprende del testimonio de Franco García, pero “cuando apelé la doctora Arrúa (subrogante del expediente) argumentó que Cristian se olvidó que vio dos autos”.
También es cierto que muchos de los 49 testigos y peritos que prestaron declaración evidenciaron problemas para recordar detalles de lo que vieron o escucharon en las horas previas y posteriores al fatídico 25 de mayo del 2014.
Transcurrieron tres años y medio de la masacre y se sabe que el paso del tiempo siempre dificulta el hallazgo de la verdad.
Ahora, tras escuchar a todas las partes, los jueces Francisco Aguirre, Lilia Avendaño y Jorge Erasmo Villalba tendrán la compleja tarea de analizar las pruebas, testimonios e indicios para arribar al veredicto, que se conocerá el 18 de diciembre.
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