Hace seis meses, Juan Vera (29) y su concubina tomaron la decisión de mudarse a Oberá desde Dos de Mayo en busca de mejores alternativas laborales y de salud para sus tres hijos. 
Pero en la ciudad se encontraron con una realidad difícil y tuvieron que improvisar su vivienda en un viejo gallinero ubicado en el terreno del padrastro de Vera, en calle 7 del barrio San José.
“Yo tarefeo y hago changas, por eso es imposible pagar un alquiler. Cuando llegamos arreglamos esta piecita, que antes era un gallinero, para salir del paso un tiempo. Pero pasaron los meses y seguimos acá. Es un tres por tres donde dormimos y tenemos que cocinar afuera”, comentó Vera.
Ante las limitaciones de la precaria habitación, el jefe de familia se vio obligado a cubrir el techo y las paredes con plástico, al igual que un pequeño espacio a la intemperie donde cocinan y comen.
En diálogo con El Territorio, precisó que durante varios años residió en la zona rural de Dos de Mayo, a unos diez kilómetros del pueblo.
“Allá todo nos quedaba lejos y había poco trabajo. Mi nene más grande tiene 6 años y sufre de asma, le da ataques y necesita tratamiento, pero allá la salita nos quedaba lejos. Entonces pensamos en venir para acá, por el trabajo y también por el hospital, para tratarle mejor al nene”, subrayó.
De todas formas, hasta el momento no consiguió un trabajo mejor remunerado y sobrevive con changas, más la Asignación Universal por los tres menores.

Pedido de ayuda
Consultado al respecto, exhibió un comprobante donde consta que el 18 de julio pasado inició el trámite en la Municipalidad para obtener una vivienda de emergencia.
“Cuando fui me dijeron que no tenían madera, entonces no quise molestar más. Acá hay mucha humedad y los chicos se enferman, pero por ahora tenemos que conformarnos así”, lamentó.

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