Don Ramón Urbina, de 72 años, es parte del paisaje del centro obereño. A pesar de la discapacidad que le impide caminar, desde hace más de medio siglo ofrece sus productos en la vía pública y es un símbolo de esfuerzo y trabajo.
Como él, más de 50 familias subsisten mediante la venta callejera en la localidad. Los mesiteros ofrecen desde hilo y aguja hasta indumentaria y electrónica, una variedad que seduce por los precios.
Según precisaron desde la comuna, actualmente no se cobra ningún tipo de canon a la venta callejera, al tiempo que los chiperos y quienes ofrecen comida al paso deben contar con el carnet sanitario.
Durante décadas, la actividad de los mesiteros se centralizó en el predio de la ex terminal de ómnibus, ubicada en avenida José Ingenieros y Gobernador Barreyro.
Por ello, el municipio promocionó un nuevo espacio para los vendedores informales en avenida Misiones, donde se instalaron muchos de ellos.
“Yo fui a la Placita nueva, pero no vendía nada y conseguí que me den permiso para estar acá, donde tengo mi clientela y todos me conocen”, explicó Ramón, que todos los días se instala en la esquina de Ingenieros y Barreyro.
En este sentido, agradeció al dueño del local frente a donde se ubica por permitirle la venta en el lugar, como así también a la Municipalidad, que contempla su caso.

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