Se mostró inmutable durante todo el juicio. Inexpresivo, ajeno al dolor que evocaba el relato de los testigos y al sufrimiento que padeció la víctima. Incluso ayer, en la última jornada del debate oral, dormitó de a ratos como sobrando la situación que se trataba y decidiría su destino.
Pero la indiferencia de Nelson Dos Santos (43) se convirtió en evidente desesperación al escuchar el veredicto que lo condenó a prisión perpetua por ser hallado penalmente responsable del homicidio calificado mediante violencia de género de su ex concubina, Evangelina Inés Romero (24).
La sentencia leída por el presidente del Tribunal Penal Uno, Francisco Aguirre, fue como un mazazo que pulverizó la apatía que lo caracterizó en las horas previas. 
Dos Santos cerró los ojos, agachó la cabeza, gesticuló en voz baja. Su abogado trató de consolarlo e inmediatamente fue esposado por el personal del Servicio Penitenciario Provincial (SPP) a cargo de su custodia. La sala desierta, ni un familiar ni un amigo para despedirlo.
Durante el juicio, no sólo quedó probado que el condenado golpeaba y negaba alimentos a su concubina, lo que derivó en un severo cuadro de desnutrición y una falla multiorgánica que le ocasionó la muerte, sino que además era violento con sus hijos, sus vecinos y otros familiares. 
Se confirmó que poseía varios antecedentes penales y que una ex concubina ya lo había denunciado, lo que se tradujo en una prohibición de acercamiento por dos años. 
La misma mujer lo acusó por abuso sexual a su hija de 7 años, lo que se relaciona con una reciente condena por abuso sexual con acceso carnal a su propia hija de 13 años. Este último hecho salió a la luz tras el deceso de Romero, ya que una vez que su progenitor fue detenido, la menor le contó lo sucedido a su abuela y ella radicó la denuncia. 
Perfil de un sádico 
Entre los testimonios de la víspera, se destacó el de Rosa Dos Santos, hermana del acusado, quien quiso declarar ante el Tribunal a pesar de que tenía la posibilidad de abstenerse por ser familiar directo del imputado, como le explicaron previamente. 
La mujer contó que vivía a una cuadra y media de la casa de su hermano, en el barrio Caballeriza, por lo que conocía algunos detalles de la convivencia con la víctima. Su testimonio fue contundente para confirmar el perfil de un verdadero sádico. 
“Cuando la conocí, Evangelina era una mujer linda y gordita, alegre. Pero después de convivir un tiempo con mi hermano, se puso flaca y enferma. Él la golpeaba mucho, tampoco le dejaba comer. Le negaba la comida”, empezó diciendo la testigo.
Precisó que, al verla tan desmejorada, le preguntó qué le pasaba y la víctima reconoció que su concubino la golpeaba mucho, pero le rogó que no comentase nada porque tenía temor a represalias. 
“Me contó que la golpeaba y que no la dejaba comer. Le daba golpes de puño, patadas y a veces le pegaba hasta con palos, pero me pidió que no cuente nada a nadie porque iba a ser peor. El gurisito más grande de ella, que es hijo de otro señor, también le tenía mucho miedo. Y las nenas de él eran muy reservadas, casi no hablaban”, detalló. 
Consultada al respecto, mencionó que nunca habló con su hermano sobre las situaciones de violencia a las que sometía a su familia. “No hablé con él de ese tema porque siempre fue una persona muy violenta”, agregó. 
Asimismo, Rosa Dos Santos comentó que sabía que la anterior mujer de su hermano también había sufrido maltratos. 

El último deseo  
Tal como declararon otros profesionales que entrevistaron a la víctima, ayer la asistente social Miriam Yaciuk confirmó que, en su lecho de muerte, a Romero sólo le interesaba saber de sus hijos y temía por ellos, ya que hasta entonces estaban a cargo del imputado. 
“Me llamaron desde la terapia intensiva porque una paciente quería un acercamiento familiar para saber de sus hijos. Sobre todo estaba preocupada por su hijo más grande, porque su concubino lo maltrataba. También me dijo que ella era víctima de violencia y que le tenía mucho miedo al concubino. Estaba muy mal, al punto que al otro día falleció. La enfermera la estaba higienizando y pude comprobar que estaba muy golpeada”, comentó la profesional del hospital Samic. 
Además, comentó que luego de la primera entrevista confirmó que ese mismo año la paciente ya había estado internada dos veces. 
“Incluso, la enfermera se acordaba que le dieron el alta pero ella no se quería ir a la casa porque tenía mucho miedo de su pareja”, declaró. 
Romero fue internada el 2 de abril del año pasado y falleció cuatro días después. 

Murió de hambre
Concluida la ronda de testigos, en su alegato la fiscal Estela Salguero de Alarcón solicitó la pena de prisión perpetua. Consideró que los testigos acreditaron que Dos Santos golpeaba a la mujer y le negaba alimentos, lo que derivó en una desnutrición severa y fatales consecuencias. 
En tanto, confirmó que la anterior pareja del sujeto también era víctima de violencia y lo denunció por el abuso de su pequeña hija. 
“En este juicio, el acusado siempre negó las acusaciones y dijo que no le pegó ni le hizo faltar alimentos a la víctima. Que siempre la cuidó, que la acompañaba al médico y que todos los problemas de ella eran los riñones. Sin embargo, las pruebas dicen lo contrario”, subrayó. 
También dejó constancia que la médica policial calificó como gravísimas las lesiones que padecía la víctima. 
“Todos concluyen que padecía una desnutrición severa y no se pudo reponer. Fue mucho para su cuerpo y la llevó a la muerte. Y Dos Santos es el responsable. Evangelina fue llevaba al hospital porque si no se iba a morir adentro de la casa”, agregó. 
Incluso, dejó en evidencia que el imputado mintió al afirmar al momento de ser detenido dejó 3.600 pesos de mercadería en la heladera de la casa, ya que un informe socioambiental indica que en el domicilio no contaban con heladera. También avanzó en su relación con las riñas de gallos, lo que marca su personalidad violenta, opinó.  
“No tengo dudas de que no se le movió un pelo por negarle comida a su mujer y dejarla morir de hambre”, subrayó la fiscal.

Duro revés defensivo 

Si bien Dos Santos lleva preso más de un año, nunca había declarado antes del juicio. En cambio, en la primera jornada negó todos los cargos y ayer volvió a hacer uso de la palabra en varias ocasiones, siempre con el mismo discurso de inocencia. 
Al respecto, luego de la grave acusación de su propia hermana, dijo que ella siempre le tuvo bronca y que destruyó su familia, pero no especificó los motivos. En cambio, reconoció que se dedicaba a la cría y venta de gallos de riña, con lo que ganaba buen dinero. También mencionó que revendía cigarrillos de origen paraguayo. Por otra parte, durante los alegatos su defensor, Rosendo Cabrera, trató de demostrar que el deceso de la víctima se produjo por un cuadro clínico y no por el maltrato del sujeto, tras lo cual solicitó la absolución de su cliente. El veredicto fue un duro revés para sus pretensiones. 
El Tribunal Penal fue presidido por Francisco Aguirre, secundado por José Pablo Rivero y Lilia Avendaño. El condenado fue trasladado a la Unidad Penal VIII de Cerro Azul. 

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Territoriodigital. Foto: Luciano Ferreyra


Categorías: Noticias Policiales

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