Es difícil imaginarse la adrenalina que corre por las venas de los bomberos voluntarios cuando actúan. No se enaltecen, tienen timidez y no cuentan lo que hacen a diario por un prójimo. A continuación, la historia de dos colegas que no buscan fama, solamente quieren ayudar en situaciones de riesgo.
Son jóvenes, son bomberos voluntarios y uno pronto será padre, pero más allá de las cuestiones personales, César Fischer (27) y Alejandro Figueredo (27) no dudaron en asegurar a El Territorio que volverían a arriesgar sus vidas para ayudar en momentos trágicos.
El primero de ellos actúo en un incendio que empezó en el basural de Villa Svea de Oberá y que luego se extendió hasta una precaria vivienda en la cual se encontraba una persona en estado alcohólico.  Con las pulsaciones a mil y a contra reloj, César analizó el panorama, ingresó al inmueble y logró rescatar con vida al hombre que estaba inconsciente en una habitación.
“Eso era un sábado a la mañana, cuando nos llamaron e informaron que había un basural que se incendiaba y en el lugar había una casa incendiada completamente y en la otra estaba en un 50 por ciento, con una persona dentro”, recordó César.
Al siniestro llegó junto al colega bombero Ríos en el móvil 3. Cuando ingresó a la casa, se encontró con una persona mayor que estaba inconsciente y en estado de ebriedad, por lo que el salvataje fue aún más complicado, tendiendo el cuenta el peso y el tamaño de la víctima.
Por su parte, Alejandro tiene aún latente el recuerdo de salvar a tres personas que intentaron ayudar en la última inundación en el arroyo Lata, en el barrio Cien Hectáreas, y luego quedaron a situación de riesgo.
El hecho ocurrió a las 2 de la mañana, el cauce del arroyo aumentaba rápidamente y la corriente tomaba mayor fuerza con el paso de los minutos.
“Llovía mucho. Tardamos cinco minutos en llegar. El arroyo estaba picado y la gente gritando pidiendo ayuda. Es una situación en la que tenemos que tener la cabeza fría para poder hacer nuestro trabajo’’, relató Alejandro.
Mientras cuenta la historia,  su mirada se pierde en el horizonte, recordando el difícil momento que sufrieron las familias damnificadas, pero por momentos se detiene, reflexiona y nada lo hace frenar en su labor de brindar asistencia, a pesar de no ser reconocidos como en muchos casos.
Retoma el relato y prosigue: “En el medio de la crecida había una casa con una madre y sus niños. Decidimos ponernos el arnés y entrar con una soga que íbamos atando a los árboles de la zona porque es una calle. En esos momentos veo a tres hombres ingresando sin seguridad, les advierto que es peligroso, pero no me hacen caso y siguen avanzando, sosteniéndose entre ellos”.
Luego de la segunda advertencia por parte del bombero, pasó lo que se anunciaba: “Uno de ellos se tropieza arrastrando a los otros dos. Como yo estaba asegurado, me tiro para agarrarlos, le tomé a uno, pero imaginate, yo soy delgado, con la fuerza del agua y el peso de tres hombres, no sé de dónde saqué fuerza y los salvé, porque sino hoy estábamos hablando de lo trágico de la inundación’’.
Luego, también rescató a la madre, los niños y se dio el final  feliz que esperaba.
César y Alejandro insisten en que pueden y están preparados para actuar gracias a la capacitación que reciben de la asociación de Bomberos Voluntarios de Misiones.
Pero, por otro lado, también hay emoción en medio de los relatos. Los ojos llegan a humedecerse, pero resisten a las lágrimas, recordando que arriesgan sus vidas por los de la comunidad sin esperar recompensa alguna .
Y por último, con convicción y al unísono, reafirman: “Lo volveríamos hacer, estamos preparados para salvar vidas”.

Por Luciano Ferreyra
fojacero@elterritorio.com.ar

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