En la Capital del Monte, allá por el año 1938, había  solamente dos peluquerías en el pueblo y una pertenecía a la familia Lima. El salón estaba sobre la avenida Sarmiento a media cuadra del hotel Oberá, un lugar estratégico al que acudían los hijos y nietos de los colonos y las personalidades más destacadas del momento.
Avelino ‘Sisito’ Lima caminaba en aquel entonces por el salón tratando de materializar todo lo que veía que realizaba su padre. Sisito tiene hoy 75 años, pero el oficio de peluquero lo aprendió a los 15 años viendo como Abrilino, su padre, cortaba a diario el pelo y retocaba la barba de decenas de hombres en la zona Centro. La peluquería y barbería del pueblo había abierto un 6 de marzo de 1938, pero desde sus comienzos no fue solamente un lugar para embellecerse sino que también era un espacio para charlar y debatir sobre la cotidianidad de la provincia.
Sobre los comienzos de la peluquería familiar, Sisito -como lo conocen todos en Oberá- recuerda  que “vino uno de los hermanos de papá a hacer la casa de uno de los Urrutia y le dijo: ‘Mirá Avelino, en Oberá hay dos peluqueros y mucha gente’. A partir de ese entonces, papá trabajó un mes más como albañil, regresó a Posadas, habló con mamá y vendieron todo lo que tenían para instalarse en Oberá’’, cuenta a El Territorio.
Cuando Abrilino decide instalarse en Oberá, compra un sillón para peluquería que se fabricaba en Argentina y, según lo que manifiesta Lima, tendría alrededor de 100 años. “Este sillón tiene más de 100 años, con la familia tiene 77’’, rememoró.

El comienzo de Sisito
Sisito Lima decide empezar a trabajar por cuenta propia en el año 1960, por calle San Luis. Allí recibió de regalo el sillón del papá, que lo sigue usando hoy para cortar el pelo de sus fieles clientes.
Así, relata que en su largo caminar aparecieron muchos jóvenes que aprendieron la profesión gracias a él. “Esto es un trabajo con el que no te vas a llenar de dinero, pero si sabés administrarte podés vivir bien, eso le decía a los chicos que venían a aprender, espero les haya servido’’, comentó mientras atendía a uno de sus clientes.
Don Sisito y su hermano siguieron los pasos de su padre, pero allí se cortó la cadena, porque los hijos de Sisito no son peluqueros, pero el nieto que está estudiando Profesorado de Educación Física ya le pidió el sillón. “No va a ser peluquero, pero lo quiere de recuerdo, así que ya sabemos quién tendrá el sillón”, dijo con una sonrisa.
Hoy, y luego de haber recorrido varios locales del centro obereño, decidió instalar definitivamente la peluquería en su casa del barrio 180 viviendas. Allí y como lo realiza desde hace seis décadas, todos los días temprano prepara el sillón, prende las luces y abre el local para esperar a sus clientes que siguen llegando como el primer día.

Historias y anécdotas
La peluquería de la familia Lima estaba a media cuadra del famoso hotel Oberá, por avenida Sarmiento y eso le traía los más variados clientes que, cuando necesitaban un peinado, llegaban al lugar. Tal es el caso de Horacio Guarany, que llegó para actuar a Oberá y antes pasó por el salón de belleza. “Guarany actuaba a la noche en el Oberá Tenis Club, antes se vino a atender en la peluquería y lo afeité’’, rememoró emocionado ese momento. Otra de las icónicas figuras a las que atendió es la popular chamamecera correntina Ramona Galarza. “Allá por el 60 vino a actuar Ramona Galarza en la confitería San Souci. Llegó un día de lluvia y a pesar que estaba a media cuadra el boliche del hotel, se mojó y la asistí con el secador para secarle el pelo a la artista”, recordó quien también fue filmado mientras atendía al agregado cultural de la Embajada de Suecia, y esas imágenes llegaron al país nórdico.
Además, entre los relatos cuenta que don Passalacqua (padre del gobernador) se atendía en el local y una vez fue Sisito a su casa, de allí en más fue el encargado de cortarle el pelo. “Hasta a Huguito (por el gobernador) le corte el pelo en la familia”, detalló, agregando que los clientes que le guardan cariño y no están en la ciudad, cada vez que llegan de visita pasan por su local para embellecer la cabellera y recordar viejos tiempos. Es que para Sisito cortar el pelo o afeitar la barba es todo un ritual y pocos saben cómo hacerlo.

 

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Territoriodigital. Foto: Luciano Ferreyra


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