de Platón (Siglo V a.C.)
El Timeo es un diálogo de Platón, cuyos personajes son cuatro: Sócrates, que, como siempre, usa su método: «la mayéutica», para llegar a la verdad por medio de preguntas. Crizia, Timeo y Ermócrates.
Después de haber delineado el Estado Ideal, Sócrates propone la cuestión de cómo éste se comportaría en tiempo de paz y de guerra.
Crizia empieza relatando algo, que Solón le contó a su abuelo, sobre la hazaña de los Atenienses que, de conquista en conquista, 9.000 años antes habían llegado hasta la isla Atlántida, grande como toda África Septentrional, hasta las columnas de Hércules; pero que perdieron la memoria de esta hazaña.
Según la crítica, esta inserción mítica inicial tiene la función de anticipar el contenido del diálogo posterior: el Crizia.
Aquí sirve de introducción a la «politeia cósmica» del Timeo: «un Demiurgo, en su infinita bondad, generó este cosmos sobre un modelo eterno y lo hizo «corpóreo, visible y tangible». Sus componentes son: el fuego, el agua, la tierra y el aire, que el Demiurgo envolvió en el Alma del mundo y le donó el Tiempo para hacerlo parecido al eterno modelo. Nacieron así los días y las noches, los meses y los años, el Sol, la Luna y 5 Planetas para que, a través de sus movimientos y sus órbitas, pudieran ser mesurados.
A continuación, visto que en el modelo eterno estaban todas las formas del ser, creó las 4 estirpes de los seres vivientes (de los dioses, de los volátiles, de los acuáticos y de los terrestres) y para los cuerpos humanos compuso el alma inmortal.
Interesante es la descripción de la forma como los dioses han organizado al hombre: antes hicieron la cabeza esférica como el universo, que es la parte más divina del cuerpo. En ella pusieron los ojos, con los cuales el hombre puede ver el mundo que lo rodea; agregaron a continuación los brazos, las piernas y las manos.
Llegados a este punto se imponía la exigencia de individuar otra causa del mundo generado, además de la del Demiurgo: y para eso está la Necesidad, que ha sido persuadida por la divina inteligencia a obrar para el bien y que se manifiesta en aquel receptáculo que «recoge en sí todas las cosas, y no toma nunca forma similar a las cosas que recibe».
Según la crítica este es uno de los puntos más difíciles de todo el Timeo, porque enuncia el paso del orden ideal, realizado por el demiurgo, al orden sensible de la Necesidad, que organiza, con movimientos necesarios, los cuatro elementos.
Aquí empieza la segunda parte del diálogo.
Los elementos organizados en formas y números son cuerpos sólidos.
La figura elemental es el triángulo, del cual derivan todas las figuras sólidas: a la tierra se le asignó el «Cubo» (menos sujeto al movimiento), al fuego «la Pirámide», al agua y al aire las «figuras intermedias». (Todas son muy pequeñas).
De las incesantes transformaciones de los elementos derivan todas las especies naturales: Ej.: del aire límpido la neblina, que es turbia; de la tierra, que en sí es piedra, pero, bajo la acción del fuego, se derrite y se vuelve lava.
Sigue una parte dedicada a las sensaciones. Se examina por ejemplo: el calor y el frío, lo duro y lo blando, lo pesado y lo liviano. Las sensaciones pueden provocar en el individuo placer o dolor.
El placer se prueba cuando las sensaciones son conforme a nuestra naturaleza.
El dolor cuando están en contra de nuestra naturaleza.
Las sensaciones se prueban en las distintas partes del cuerpo y generan: gusto, olfato, oído, vista.
La «politeia cósmica» está pronta para recibir el ser mortal en el que hay dos especies de alma mortal: la irascible, que contiene las pasiones como: el coraje, el miedo, la cólera, la esperanza, que están en el pecho, separadas de la cabeza por el cuello; y la concupiscible, que parece una bestia salvaje y se encuentra en la parte baja del tórax, lo más lejos posible del alma inmortal.
Después de este estudio del alma humana, el diálogo empieza un atento estudio del cuerpo humano en sus partes y también un estudio de las enfermedades que lo pueden aquejar, y que surgen por excesos o defectos de los elementos naturales primigenios.
Siguen los principios fundamentales de las curas y de las prevenciones.
Las enfermedades del cuerpo y de la carne son de tipo vascular, respiratorio y nutritivo. (Además se buscan las causas de estas enfermedades).
Las enfermedades del alma son: la locura y la ignorancia, causadas por una disposición del cuerpo o de una mala educación del alma. Siguen los principios fundamentales de las curas y las prevenciones de las enfermedades que, según Platón, consisten en la falta de armonía entre el cuerpo y el alma.
La parte conclusiva trata de la generación del sexo femenino y de los otros seres vivientes, que aún no habían sido creados: los pájaros, los cuadrúpedos, los reptiles y los peces.

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Categorías: Columnas de Opinión

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