Como ya he escrito en varios encuentros con los lectores de Pregón, los Santos protectores de Italia son dos: San Francisco de Asís y Santa Catalina de Siena.
   Hace poco hemos festejado el primero y, una vez más, gozamos de su maravillosa sensibilidad poética, que hicieron de él el primer poeta italiano.
   Recordaremos en este encuentro «Las florecillas de San Francisco» y «El canto de las Creaturas» en literatura.
   «Las florecillas de San Francisco», traducción al vulgar del texto latino del Padre Ugolino da Montegiorgio, del primitivo texto latino: «Actus beati Francisci et sociorum eius»- (Actos del Beato Francisco y sus compañeros) derivado de un texto perdido del fraile Ugolino de Montegiorgio, debido tal vez a algún fraile anónimo.
   Es el libro más amable y exquisito de la Edad Media.
   La palabra «Florecillas» significa antología de los hechos y los milagros del glorioso en humildad, Francisco de Asís y de sus compañeros, pequeñas florecillas de un dilatado florecimiento.
   Amén del amor a la pobreza, el libro exalta las principales virtudes del Santo: la paciencia, la humildad y la alegría; la aceptación voluntaria de las tribulaciones y los escarnios.
   ¿Dónde se mueven estos hombres? El lugar es bien definido: los caminos de la Umbría y la parte de las Marcas que forma la provincia de Ancona predicando, con las palabras y con el ejemplo, la necesidad de vivir en la luz y en el amor, siguiendo el ejemplo de Cristo.
   El autor, al hablar del ambiente en que Francisco desarrolla su accionar, nos describe, con líneas simples y transparentes; lugares: campañas, caminos, arroyos, ciudades, palacios y humildes chozas.
   Personajes: frailes, mercaderes, obispos, señores, humildes campesinos y guerreros, viajeros.
   Animales: pájaros, peces, perros y ¿quién no recuerda el lobo de Gubbio?, ferocísimo animal, terror de la ciudad amansado por el Santo.
   Cada anécdota es como un ladrillito para construir simbólicamente el gran templo espiritual de la gloria de Dios.
   Solo un alma seráficamente simple y pura como la de San Francisco podía lograr un resultado tan dulce y clarificador como el que él ha logrado.
   Y esto no es una deducción hecha por los críticos de Arte, sino que el mismo Santo nos da un clarísimo ejemplo de ello en su «Canto de las creaturas», en el que cualquier cosa de la naturaleza y cualquier acto del ser humano le da motivo para alabar a Dios, y para exhortar a los hombres en general a unirse con humildad a los cantos de alabanza al Altísimo Señor del Universo y a nosotros con ellos.
   Transcribimos aquí una traducción del Canto, bastante fiel al texto original, escrito en italiano medieval.
IL CANTICO DELLE CREATURE
Altísimo omnipotente buen Señor,
tuyas son las laudas, la gloria, el honor y toda bendición.
A Ti sólo Altísimo se deben, y ningún
Hombre es digno de te mentovar.
Laudato seas mi Señor con todas tus creaturas
especialmente el señor hermano Sol,
el cual hace el día y por él nos alumbras.
El es bello y radiante con gran resplandor,
de Ti Altísimo porta significación.
Laudato seas mi Señor, por la hermana Luna y las Estrellas,
en el cielo las haz creado claras, preciosas y bellas.
Laudato seas mi Señor por el hermano Viento y por el Aire,
por el Núbilo, el Sereno y  todo  tiempo,
por lo cual a las creaturas das sustento.
Laudato seas, mi Señor, por la hermana Agua,
la cual es muy humilde, preciosa y casta.
Laudato seas, mi Señor, por el hermano Fuego,
por el cual iluminas la noche; y es bello
alegre, robusto y fuerte.
Laudato seas, mi Señor, por la Madre Tierra,
la cual nos alimenta y nos sustenta con diversas frutas
y coloridas flores y hierbas.
Laudato seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor
y soportan enfermedades y miles tribulaciones.
Beatos aquellos que las soportan en paz,
que por Tí, Santísimo, serán coronados.
Laudato seas, mi Señor, por nuestra hermana Muerte corporal,
de la  cual ningún hombre viviente puede escapar.
Pobres de aquellos que mueren en el pecado mortal;
beatos aquellos que morirán en tu santa Voluntad,
porque la segunda muerte no les hará  ningún mal.
LAUDAD Y BENDECID A MI SEÑOR. AGRADECEDLE Y BENDECIDLE  CON GRANDE HUMILIDAD.
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Categorías: Columnas de Opinión

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