En un segundo la tranquilidad habitual se transformó en pesadilla y nueve personas quedaron retenidas por una banda de violentos delincuentes que irrumpió en la propiedad del concejal y comerciante Roberto Boichuk (44), conocido vecino de General Alvear.
La toma de rehenes se prolongó por casi una hora y media, lapso que pareció eterno para las víctimas, que padecieron golpes y todo tipo de amenazas. La saña de los malvivientes fue tal que incluso lastimaron a los dos hijos más chicos de Boichuk, que son discapacitados.
El atracó se perpetró el jueves, alrededor de las 19.20, en la zona rural de General Alvear, justo en el límite con Alberdi, un sector de la colonia que conecta directamente con Oberá y Campo Viera.
El hecho fue cometido por al menos seis delincuentes que actuaron con los rostros cubiertos con pasamontañas, tres de los cuales ingresaron a la propiedad y los restantes oficiaron de campana en las inmediaciones.
Tras revisar toda la casa y el negocio contiguo, se hicieron de un botín de 20 mil pesos en efectivo, seis celulares, una tablet, un revólver calibre 38, un rifle 22 y mercaderías varias. Los ladrones también se llevaron la camioneta Chevrolet S10 del cliente que circunstancialmente se hallaba en el lugar.
Hasta el cierre de esta edición, el vehículo no había sido hallado por la Policía, como tampoco existían mayores datos sobre los presuntos autores del hecho.
En diálogo con El Territorio, ayer el concejal relató la secuencia de un hecho que será imborrable en el recuerdo de su familia. “No hay palabras para describir la violencia con que nos trataron. Amenazaban con violar a mi señora, golpearon a mis hijos y decían que les iban a cortar los dedos. En un momento le pusieron el cuchillo al más chiquito, que es sordomudo, y tuve que manotear para que no le corte. Los dos más chicos son discapacitados y ni a ellos les tuvieron piedad”, detalló Boichuk entre lágrimas de bronca e impotencia.

Planificado
El almacén de ramos generales está situado en la parte frontal de la propiedad y por una puerta trasera conecta con la casa, donde se hallaba su esposa y cuatro de sus cinco hijos, mientras que el restante estaba en casa de un compañero haciendo un trabajo práctico para el colegio.
“Habitualmente cierro el negocio a las 7 de la tarde, pero justo llegó un cliente con la hijita que tiene unos tres años. Eran las 7.20, más o menos. Cruzamos un par de palabras y agarré un chupetín para darle a la nenita, cuando en eso entran tres encapuchados con armas y nos reducen. Cerraron las puertas del negocio, apagaron las luces y nos llevaron a la casa. Ahí nos ataron a todos con los cordones de los calzados y con cables, y pedían plata”, relató Boichuk, quien sufrió un golpe en la cabeza que requirió sutura.
Precisó que los encapuchados estaban armados con revólver, machete y un garrote, al tiempo que le exigían el dinero de la venta de la yerba con la que pretendería comprar una camioneta, cosa que desmintió. “No tengo yerba ni plata para comprar una camioneta. Se ve que le pasaron mal el dato a los tipos. Por suerte algo de plata había, de lo contrario no sé qué hubiera pasado”, reflexionó.
En tanto, si bien fueron tres los que irrumpieron en la propiedad, las víctimas estimaron que podrían haber sido seis en total, ya que varios actuaron de respaldo en las inmediaciones.
Fue así que redujeron al chico de 16 años que llegó de la casa de un compañero. “Cuando entró al corredor le salió un tipo y le apuntó. Los tres que entraron estaban muy exaltados, dos hablaban y el tercero no dijo nada”, agregó el comerciante.
En la víspera, los rastros del hecho aún eran evidentes en la casa. Los ladrones revisaron todo y dejaron un desorden descomunal.
“Hasta se llevaron los audífonos del más chiquito”, lamentó Boichuk, quien comentó que sus hijos de 12 y 9 años son sordomudos y asisten a una escuela especial.
En su condición de concejal del pueblo, anticipó la intención de “reclamar más seguridad para la colonia porque el gobierno es responsable de atender las necesidades de la comunidad. Y la Justicia debe ser un poco más dura con la penas. Yo tuve miedo por la vida de mi familia y nadie se merece pasar por eso”.

Antecedentes y similitudes con el caso Klingbeil
El comercio y la casa del concejal Boichuk se hallan a unos cuatro kilómetros de la chacra de Ernesto Klingbeil (61), propietario de un secadero de té en el límite entre Oberá y Campo Viera, quien el 15 de abril pasado fue víctima de un violento robo.
Ayer, vecinos de la zona recordaron que tras aquel asalto la Policía detuvo a un sujeto con antecedentes, aunque sólo habría permanecido dos meses tras las rejas y recuperó la libertad.
Fueron cinco los encapuchados que irrumpieron en la vivienda de Klingbeil, quien al momento del hecho estaba acompañado por su esposa, la empleada y los hijos de ésta. Todos fueron atados de pies y manos.
Los encapuchados portaban armas de fuego y cuchillos, sorprendieron a Klingbeil en el acceso a la casa y lo redujeron a golpes. A consecuencia del ataque, el tealero resultó seriamente lesionado.
Los malvivientes abandonaron el lugar a bordo de la camioneta Ford Ranger del dueño de casa con un botín de 50 mil pesos en efectivo, algunas alhajas, celulares y cuatro armas de fuego: una 9 milímetros, una 22, una 38 y una pistola 6,35.
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Territoriodigital


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