violencia“La violencia no es privativa del Bop 105. Es una realidad que nos está matando y todos los días un director me está llamando por temas de violencia en los colegios. Y cada vez son más los casos que involucran a chicas”, reconoció Cristina Pesoa, supervisora de educación secundaria, en una reunión que se realizó el miércoles con directivos, docentes y padres del Bachillerato Orientado Provincial (Bop) 105 de Villa Barreyro de esta localidad.
La institución fue noticia provincial a partir de que una alumna de segundo año fue apuñalada por una compañera de curso a la salida de la clase de educación física.
Hace diez días, Damaris (15) fue intervenida quirúrgicamente y luego permaneció tres días internada en terapia intensiva del Hospital Samic. La lesión cortopunzante le afectó el hígado, por lo que en las horas posteriores su estado de salud fue crítico.
De todas formas, su recuperación fue óptima y a mediados de semana recibió el alta médica.
En diálogo con El Territorio, Karina Yrepá (35) comentó que el postoperatorio de su hija será muy largo y requerirá asistencia psicológica. La mujer cría sola a sus tres hijas y están atemorizadas ante la posibilidad de represalias.
“En casa tenemos custodia policial porque recibimos muchas amenazas. Incluso, el mismo día del ataque, al mediodía, la mamá de la agresora le dijo a Damaris que si yo no la educaba, ella lo haría a su manera. Y a la tarde la hija la apuñaló. Es como que la madre la incentivó. La verdad que estamos muy trastornados por todo lo que pasó y espero que la Justicia tome cartas en el asunto”, subrayó Yrepá.
Si bien se trata de un caso extremo, lo cierto es que en los últimos meses se incrementó la violencia escolar en el ámbito local, al punto que la Unidad Regional II dispone de custodia policial a la salida de varios colegios.
En tanto, casi de manera cotidiana la crónica policial refleja casos de violencia y delitos cometidos por menores, quienes en muchos casos pasan de víctimas a victimarios.

Falencias estructurales
Desde hace tiempo, la jueza Correccional y de Menores de esta localidad, Marta Arrúa, viene alertando sobre el incremento del índice delictual de menores y la necesidad de generar espacios para contenerlos.
“La expectativa a futuro no es la mejor, porque falta educación y viven en un ambiente de violencia, dentro de la casa y el barrio. Además está subyacente la droga, como también lo está el abandono familiar que padece ese niño”, opinó.
Contraria a bajar la edad límite de inimputabilidad de los menores, la jueza viene bregando por la creación de un instituto de menores en Oberá, lo que permitiría mantenerlos cerca de sus afectos, lo que es importante en la recuperación.
“No tenemos muchas herramientas y a veces se castiga al niño por las falencias que tenemos como estructura judicial”, reconoció.
En este contexto, los menores que delinquen son derivados a Posadas, donde se encuentran con un entorno duro y muchas veces se perfeccionan en el delito. Además, por una cuestión de distancia y economía, la mayoría de las familias no puede visitar a los chicos y se deteriora aún más la relación con ellos.
“No tenemos un lugar donde derivar al chico victimario en Oberá. Hay uno en Villa Lanús, Posadas, pero surge aquí el problema del desarraigo y por eso vengo bregando hace muchos años por un lugar acá para la rehabilitación de estos menores”, puntualizó.
Por ello, insistió en la necesidad de contar con un espacio físico en Oberá, para que “estén cerca de sus familias y de su origen, donde puedan estudiar algo, capacitarse, recibir regalos de su familias”.
Situaciones de violencia previa y la falta de contención y de límites son algunos de los factores que inciden en conductas de violencia, según la magistrada.
Asistencia y medidas
Una profesional de la Policía visitó el jueves a la familia de Damaris y se entrevistó con la menor, tras lo cual recomendó un tratamiento psicológico por las heridas emocionales que le dejó el violento ataque.
“Mi hija tiene pesadillas donde la otro chica le hinca, está muy sobresaltada y con miedo. También le preocupa la parte estética, como a todas las chicas de su edad, porque la pobrecita tiene como 50 puntos en la panza, entre el tajo de la puñalada, la operación y los drenajes que le hicieron”, subrayó Yrepá, su madre.
En ese sentido, el tratamiento psicológico abordará dos frentes: el trauma del ataque y sus secuelas físicas. En tanto, Yrepá mencionó que la psicóloga de la Policía le anticipó que la familia deberá costear el tratamiento en forma privada.
“Me preguntó si tengo obra social, porque ellos (por la Policía) están saturados de casos y no dan abasto. También me tengo que hacer cargo de los remedios y los elementos para las curaciones de Damaris, porque en el hospital no me dan nada. Uno se pone a pensar y la verdad que todo esto nos perjudicó muchísimo y nos encontramos muy solos”, se quejó.

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