cigarrilleroLa actividad desarrollada por la familia Mareco en Jardín América era un secreto a voces. Todos eran conscientes de dónde obtenían el dinero que los hacía crecer de manera exponencial y con una velocidad extrema.
Se estima que los hermanos Mareco se iniciaron en el negocio del contrabando de cigarrillos hace al menos quince años, cuando empezaron a trabajar para otro hombre poderoso de la zona y luego abrieron su propio camino.
Actualmente, según los pesquisas del caso, la banda cuenta con una flota de al menos 100 automóviles operando por toda la provincia, por lo que la cantidad de vehículos (doce) que se le incautaron durante estas semanas sólo representa un 10 por ciento de su poderío.
La banda tiene una gran estructura armada con trabajadores específicos para cada labor: cruce, alzada, reparto, nexos policiales en Paraguay e informantes en sectores clave. De acuerdo a los documentos incautados en la vivienda de los principales implicados, la banda realizaba entre tres y cinco viajes por día a distintas localidades.
Sus principales destinos eran Panambí, El Soberbio, San Javier, Oberá -en menor medida-, Santa María y hasta Paso de los Libres, Corrientes, inclusive. En todos esos puntos habían nexos que permitían que los cargamentos de cigarrillo sean comercializados a Brasil a un valor dos veces mayor al que compraban.
El poderío de la banda se hacía notar en las transacciones, todas efectuadas en el acto, con el billete en mano. Los Mareco compraban la mercadería en plena costa por un valor de 500 mil pesos, luego la traficaban en varios vehículos hasta las localidades del río Uruguay, en donde la vendían a un precio que llegaba al millón y medio de pesos.
Luego, procedían a la división del dinero y al pago de las labores. El pase de la mercadería tenía un valor de 1.500 pesos aproximadamente, los choferes cobraban entre 400 y 800 pesos por viaje, a los que hacían la “alzada” les pagaban 400 pesos, mientras que los campanas recibían unos 300 o 400 por día.
Justamente, el plantel de campanas era lo más numeroso de la banda. «Los campanas eran muchos más que los choferes y demás trabajadores. Casi siempre eran chicos jóvenes, del secundario, que se prestaban para ellos con tal de conseguir plata fácil. A muchos de ellos, hasta incluso le conseguían motocicletas y celulares para que trabajen y lo único que tenían que hacer era esperar en una esquina y mandar mensajes por celular. En algunos kioscos iban y compraban dos mil pesos en tarjetas de teléfono en un sólo día, todo para repartir entre la banda», describió una fuente.
De esta forma, los gastos eran mínimos y no impactaban en la economía de la banda, ya que la ganancia neta que le quedaba al clan era de aproximadamente 700 mil pesos por semana.
Además, la totalidad de los vehículos que tenían eran adquiridos en el mercado negro, aportadas por organizaciones delictivas de Brasil que les vendían camionetas robadas a bajo precio, tal caso de una Ford Ranger que la compraron por 40 mil, pesos cuando su valor real supera los 200 mil pesos.
“La banda tienen una estructura enorme y hoy en día tienen muy poco perder. Los caminos de acá están atravesados, entras por un lado y salís fácil en Corpus o en la ruta 6, que son caminos que ellos usan. Con vehículos de alta gama, no les importan, rompen todo o los descartan, si con una o dos cargas recuperan”, aseguró una fuente.
Los hermanos Mareco, dos hombres y una mujer, se encuentran prófugos desde el 13 de enero, cuando uno de ellos se tiroteó con la Policía en Colonia Oasis.
Según dicen, los dos hombres tienen personalidades completamente distintas. Mientras el más grande es “pensante, frío y calculador”, el otro es “enérgico, imprudente e impulsivo”.
En cuanto a su paradero, las sospechas son varias y lo ubican en distintos lugares, aunque la hipótesis más fuerte es que podrían estar en Paraguay, donde tienen colaboradores e incluso familiares.
El poderío de la banda en la ciudad
Las ganancias del clan eran millonarias y los hermanos Mareco se preocupaban muy poco en disimular todo su poderío en Jardín América.
Casi todos construyeron imponentes viviendas en barrios alejados del centro, pero cerca del principal camino que conduce hacia Colonia Oasis. Cambiaban de vehículos con facilidad y hasta contrataban a conocidas bandas musicales para que actúen en sus fiestas privadas.
Sin embargo, no son pocos los que sospechan que los hermanos son los propietarios de emprendimientos hoteleros, gastronómicos, inmobiliarias y hasta supermercados para justificar de algún modo sus ganancias.
Estas estimaciones no están del todo comprobadas, pero de alguna forma mantienen a la población directa o indirectamente relacionada a la banda, ya que varios hoy en día tienen un trabajo que depende de ellos.
Además, tampoco escatimaban en sus ostentaciones. Por un largo tiempo recorrían las calles de la ciudad a bordo de una lujosa Hummer y en la movida nocturna llamaban la atención siempre.
“Era muy común que ellos lleguen a los boliches en dos camionetas, junto a unas quince o 20 personas detrás, que eran sus soldados. Ponían un arma en la barra y le pagaban la bebida a todos sus invitados. Venían y copaban la paraba”, recordó un vecino consultado.
700.000
Pesos semanales. Era la ganancia neta que obtenía clan Mareco. La banda hacía entre tres y cinco viajes por día con cargas de cigarrillo.
100
Vehículos. Tendría la banda operando a lo largo de la provincia. Sus destinos principales eran El Soberbio, Panambí y San Javier.
40.000
Pesos. Pagó la organización por una Ford Ranger robada en Brasil. Los vehículos eran obtenidos gracias a sus nexos con bandas delictivas del vecino país.

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Categorías: Noticias Policiales

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