tuvohijoLarisa Piñero, de Oberá, exhibió el ADN que certifica en un 99,9 por ciento la paternidad. En sede judicial, las partes acordaron el monto a abonar, pero el agente no cumplió. El niño tiene 3 años.

“Sólo pido lo que le corresponde a mi hijo, nada más. Hace tres años que lo crío yo sola y no es justo, siendo que el papá es policía y gana bien”, señaló Larisa Piñero (29), quien desde hace meses reclama la cuota alimentaria para su pequeño de casi 3 años.
Con los resultados de ADN en la mano, que certifican en un 99,9 por ciento la paternidad del sujeto, la mujer comentó que a principios de diciembre acordaron un monto a pagar mensualmente por parte del progenitor, quien luego habría desoído el arreglo suscripto en el Juzgado de Familia. El hombre también contaría con la ayuda de otros uniformados que lo cubren para que pueda mantener su postura.
Cansada de litigar en la Justicia sin respuestas concretas, Piñero decidió hacer público su malestar ante la impunidad que exhibe el agente de Policía, quien se desempeña en la órbita de la Unidad Regional II de esta localidad.
Incluso, mencionó que el funcionario no tendría domicilio fijo, artimaña que utilizaría para evitar que le lleguen las citaciones judiciales.
“Aparte, la misma Policía se encarga de entregar las citaciones y dicen que no lo encuentran, siendo que los jefes saben en la comisaría que trabaja y deberían respetar lo que dice la ley. Ellos se cubren, por eso pasan estas cosas”, lamentó indignada.

El abandono
En diálogo con El Territorio, aseguró que estuvo varios años de novia con el padre de su hijo, quien la abandonó al enterarse de que estaba embarazada. El 13 de febrero el niño cumplirá 3 años.
Al respecto, mencionó que “el primer año no quise molestarlo” con la cuota alimentaria, pero transcurrido el tiempo Larisa le pidió que la ayudara con los gastos de la crianza, a lo que el uniformado se habría negado.
“Por eso no me quedó otra que ir al Juzgado. Yo le crío sola a mi hijo y no me alcanza para todos los gastos. Para eso hicimos el ADN, que dio positivo, pero el padre no hace caso ni a eso. Como es policía dice que puede hacer lo que quiere”, reclamó.
Ante la imposibilidad de afrontar el costo del estudio de filiación genética, Piñero tuvo que vender parte de su cabello a una peluquera que realiza extensiones.
“Yo tenía el pelo largo y me faltaba para el estudio, así que me decidí y vendí mi pelo. Pero no me arrepiento porque haría cualquier cosa por mi hijito”, remarcó.
Con un ADN que indica 99,9 por ciento de certeza, a principios de diciembre las partes acudieron a una audiencia para acordar el monto de la cuota alimentaria.
En consecuencia, el agente se comprometió a entregarle el 20 por ciento de su suelo.
“Me dijo que iba a juntar la plata con el aguinaldo y me traía, pero llegó fin de año y no apareció. Mientras mi hijo y yo pasamos necesidades”, agregó la mujer.

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Territoriodigital – Foto: Daniel Villamea


Categorías: Noticias Policiales

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