ganadoramisionerodelanoLa ONG de Oberá fue la ganadora de la tercera edición del premio que entrega El Territorio. Creada en 1979 es la única en Misiones; alberga a chicos judicializados y los revincula con sus orígenes.

Difícil mensurar con palabras la obra que llevan adelante los responsables de la Aldea Infantil SOS de Oberá, institución que alberga a 92 niños y jóvenes que fueron derivados por la Justicia debido a diferentes situaciones de abandono, marginalidad o abuso. Es por esta labor que la ONG se consagró como ganadora de la tercera edición del Misionero del Año, el premio que entrega El Territorio en complicidad con sus lectores. Galardón que también recibieron el obispo Joaquín Piña (2013) y el oncólogo Ángel D’Annuncio (1014).
La que funciona en Oberá es la única que existe en Misiones y fue la primera del país; actualmente tiene réplicas en Córdoba, Mar del Plata y Luján. Además de contenerlos de pequeños, de darle una familia y amor, se preocupan por revincularlos con sus orígenes -siempre que eso sea posible- y darles herramientas para el futuro.
En ese sentido, aún con la mayoría de edad los jóvenes siguen ligados a la entidad y tienen la posibilidad de acceder a estudios terciarios, incluso en el exterior mediante becas y convenios.
Actualmente, quince jóvenes cursan carreras universitarias o terciarias, como veterinaria, enfermería, educación física, ciencias económicas, abogacía e ingeniería, entre otras.
Uno de los chicos estudia psicología en los Estados Unidos a través de una beca completa ganada al  finalizar el preuniversitario en Costa Rica, al tiempo que una joven cursa la carrera de Trabajo Social en el mismo país luego de cursar el preuniversitario en Noruega. Al mismo tiempo, otros dos se hallan en la instancia preuniversitaria en Noruega y Costa Rica, respectivamente.
“Además del trabajo de desarrollo con familia de origen, y paralelamente a sus estudios secundarios, los jóvenes se preparan en diferentes oficios; estudian, por ejemplo peluquería, corte y confección, electricidad, carpintería, auxiliar de farmacia, estimulación temprana, etcétera., según su orientación y vocación. La idea es prepararlos para llegar a su mayoría de edad con un oficio con el que pueda desenvolverse en el caso de que no desee continuar estudios superiores”, subrayó la directora, Gisela Knipp en una entrevista.

¿Cuál es la filosofía de la Aldea en el trabajo con los chicos y jóvenes que contiene?
Si bien la prioridad por ley es que los chicos vuelvan con sus familias, en muchos casos esto no es posible. Por un lado trabajamos desde la Aldea con una línea de servicio que llamamos familia de origen, pasamos viajando por la provincia, haciendo talleres, contactándolos con redes y con las áreas sociales de los municipios donde viven para que también hagan los acompañamientos; hacemos seguimientos desde lo estructural, social psicológico, en los casos que luego de ese trabajo la reintegración familiar pueda hacerse. Trabajamos como locos para conseguir materiales, chapas y lo que sea para acondicionar las casas para que los chicos puedan volver con sus familias.

 ¿Cuánto cuesta la revinculación con las familias de origen?
En los casos que ya son adolescentes y jóvenes, esto es más complejo. Aunque el nuevo código facilite la adopción de niños que llevan tiempo considerable bajo una medida excepcional de protección y por ello están bajo un cuidado alternativo -en familias o instituciones-, lo cierto es que la gente no suele adoptar a niños de más de 10 años, mucho menos a un adolescente de 14. Es por eso que hoy Aldeas nos da la posibilidad de adaptar los programas a los lugares donde estamos, así que podemos trabajar por ejemplo la autonomía progresiva mientras los chicos están aún en la Aldea, apoyándolos en sus gustos y vocación y brindándoles  esas herramientas que necesitan para ser independientes.
¿Qué trabajo y gestiones se realizan para poder costear los estudios superiores?
La idea es prepararlos para llegar a su mayoría de edad con un oficio con el que pueda desenvolverse en el caso de que no desee continuar estudios superiores. Para cada estudio terciario realizamos diferentes gestiones para cubrir los gastos que esto conlleva, en ocasiones si no es posible acceder a becas de albergue y comedor  se hacen actividades, campañas o búsqueda de padrinos que puedan ayudarnos en cada uno de los casos.
A veces empujamos carros e historias que se nos hacen duras, complicadas, pero cuando pasan situaciones como cuando en la velada navideña (realizada el lunes), uno de los chicos que está terminando la facultad brindando nos agradece por haber aguantado sus berrinches, sus escapadas, sus pocas ganas de estudiar y haberlo alentado a creer en él y a seguir adelante, ahí yo, que soy la que siempre me tengo que hacer la fuerte, quebré. Y es ahí cuando todo ese cansancio, todo ese peso en los hombros desaparece.

Obra de amor

La sede local de Aldea Infantil SOS fue inaugurada en 1979, se financia con fondos provenientes del exterior y los niños y jóvenes residen en casas dentro del predio, más una externa, cada una de ellas a cargo de una mamá del corazón.
Estas mujeres tienen un papel clave dentro de la estructura de la institución y cada una tiene a su cargo entre ocho y diez chicos, los que pueden ser hermanos entre sí, ya que el espíritu de la institución es mantener los vínculos. Incluso, los familiares biológicos pueden visitarlos.
Las familias disponen de un monto mensual para gastos y lo administran según su criterio y necesidades. Ellas buscan precios, recorren y se pasan los datos, como buenas vecinas y amigas.
En tanto, cada casa dispone de autonomía y las madres son el motor de la familia, al tiempo que cuentan con el apoyo de profesionales si la situación lo requiere.
De los 92 chicos y jóvenes que residen bajo el paraguas de la Aldea, 33 son mayores de 18 años y decidieron seguir bajo el régimen institucional para culminar sus estudios y seguir ligados a sus afectos, ya que muchos conviven con sus hermanos.
El sistema de la institución se considera de avanzada, puesto que no sigue los parámetros de los denominados patronatos, donde los menores estaban hacinados a la espera de la adopción.
En la Aldea estudian, hacen deportes y cada vivienda tiene su autonomía. En los últimos años varios jóvenes criados en la institución se destacaron en atletismo y hasta obtuvieron becas para estudiar en el exterior.

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