derramecloacal“Arreglan y a los pocos días está roto otra vez”, lamentó la directora de la 927. Temen por contaminación y enfermedades.

Padres, docentes y directivos de la Escuela 927 de Villa Stemberg alertaron sobre el permanente derrame de líquidos cloacales sobre la calle Balcarce, lo que conspira contra la salud de los pequeños que asisten a clases.
El problema radica en la rotura de la tapa de la cámara séptica que pasa justo frente al establecimiento educativo que alberga a 220 alumnos desde jardín de infantes hasta séptimo grado.
“Ya hicimos notas a la Municipalidad y a la Celo, pero no tuvimos una solución definitiva al problema. Vienen, arreglan por arriba y a los pocos días está roto otra vez. Lo que hace falta es un arreglo de fondo para terminar de una vez con el problema”, opinó Mirta Abreu, directora de la Escuela 927.
El problema es evidente, como insufrible el mal olor que despide la cámara séptica en cuestión.
Al respecto, Abreu agregó que “los chicos pasan por el lugar y es un riesgo de contagio de enfermedades, además del olor permanente que despide. Es como que somos habitantes de segunda”.
Por su parte, los padres analizan realizar alguna medida de fuerza para reclamar la reparación del desperfecto que ocasiona la filtración permanente de líquidos cloacales en plena vía pública.
Tal como publicó este diario hace un par de semanas, una situación similar se registra en la reserva Mbotaby, considerado como el último pulmón verde de la ciudad.
El principal problema radica en la rotura del sistema cañerías que transportan por gravedad los residuos hasta la planta de tratamiento de líquidos cloacales de la Cooperativa Eléctrica Limitada de Oberá (Celo), instalada en Caballeriza.
La red que baja desde Villa Lindstrom presenta deterioros por falta de mantenimiento y ocasiona filtraciones.
“Parece que a nadie se interesa el desastre que estamos sufriendo por la contaminación de las cloacas de las viviendas de Villa Lindstrom. Hay filtraciones y la materia fecal llega al arroyo. Hay días que no se aguanta el olor. Es como vivir en una letrina”, graficó el vecino Nelson Do Santos.

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