El estigma que durante tantos años pesó sobre la ciudad de Oberá -con justificados motivos- por la fama que adquirió a nivel nacional debido al nefasto negocio de la venta de bebés, podría comenzar a revertirse a partir de las limitaciones en los trámites de adopción que fija el nuevo Código Civil. Así, se pretende evitar la intermediación de buscapanzas, abogados, médicos y una amplia red de complicidades que trafican con la miseria e ignorancia de padres biológicos y la necesidad de completarse como familia de quienes pagan jugosas sumas para tener un hijo.
Consultado al respecto, el juez de Familia de Oberá, José Moreira, subrayó la premisa de que los niños se mantengan con su familia de origen o ampliada, lo que busca preservar sus derechos e identidad, «pero si no están dadas las condiciones para que siga en la familia, por ejemplo porque el chico fue producto de una violación y no lo quieren, ese niño igual tiene derecho a una familia. Entonces se va a elegir una familia que esté inscripta en el registro de adoptantes y no la familia que elija el padre, porque al final de cuentas si no lo quiere, ¿por qué elige a quién entregarlo? El derecho del niño no pasa por el derecho del padre respecto a quién entregarlo”, señaló el magistrado en diálogo con El Territorio.
El Registro Único de Adoptantes de Misiones tiene alrededor de 200 inscriptos, de los cuales unos 180 buscan niños de hasta un año, estadística inversamente proporcional a la edad de los menores en condiciones de adoptabilidad. Además, la mayoría de las personas buscan bebés sin patologías ni hermanos.
“No sé cuánta gente piensa en la descendencia sino en cumplir con un reclamo social: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Pero el Estado no está para darle hijos a la gente, no tiene esa obligación. Por eso no existe el derecho a ser padre”, subrayó Moreira.

¿Qué modificaciones trajo el nuevo Código Civil respecto a la adopción?
En principio prohíbe la entrega de los chicos en guarda de hecho, que era cuando la persona tenía, con fines de adopción, un chico que no era suyo y debía denunciar esa situación ante el juez competente dentro de las 48 horas. Como esto no frenó el tráfico de niños, el nuevo Código Civil viene a poner un freno importante y se ajusta a la Convención de los Derechos del Niño. La prioridad es que el niño tenga una familia y que la familia de origen o ampliada lo pueda tener sin que sea entregado en adopción. El Código intenta que los intermediarios, que son quienes buscan hacer un negocio con las adopciones, no tengan esa posibilidad, porque el niño no es un objeto.

¿Se puede decir que el nuevo Código dificulta la adopción?
Al contrario. La adopción es una institución que realmente hay que enaltecer, porque se trata de una familia que quiere criar a un chico que no es de su sangre. Pero también es importante entender que estamos hablando de niños en una situación social que no les permite estar con sus padres y lo que el Estado debe hacer es velar para que esté con sus padres. No a cualquier costo, no si los padres son violentos, adictos o los someten a vejaciones. Pero la situación económica no puede ser excusa para dar un bebé en adopción. Un padre que entrega a su hijo muchas veces no es libre en su decisión porque no tuvo educación y ahí es donde el Estado debe intervenir para que los chicos no pierdan su origen.

Con estas modificaciones, ¿se redujo el número de adopciones en Oberá?
En mi juzgado estamos por debajo de 10 al año, cuando hubo una época donde se hacían más de 100. Era una ciudad que exportaba niños al país. Chicos de exportación en una ciudad tan rica, con un crisol de razas, con tantas religiones, industrias y comercios, pero donde por el lado de las adopciones hacíamos agua. No digo que no seguimos con problemas en muchos aspectos, pero por lo menos la legislación provincial, nacional e internacional que adoptó el Estado argentino tiene un solo objetivo: que los niños tengan derecho a una familia, que en principio debería ser la familia de origen, en segundo lugar la familia ampliada y en tercero a los que se inscriben en las listas de adoptantes, no a elección de los padres.

Niños a la carta
Según datos de Unicef Argentina a octubre 2014, el 91 por ciento de los inscriptos quiere adoptar bebés de hasta un año y apenas el 1,9 por ciento acepta menores de hasta 12. Como contrapartida, apenas el 26 por ciento de las criaturas que pueden ser adoptadas tienen de cero a cinco años.
“Quieren chicos que no pueden decidir por sí mismo, que no opinen y que no puedan recordar su historia. Quieren chicos que se adapten a su historia porque ellos necesitan eso. Por eso el Código pretende que se respeten los derechos del niño y dice que ninguna persona que tenga un hijo propio puede entregarlo a nadie que no sea un pariente. Entonces no puedo elegir a quién entregarlo y se va a dejar de traficar, es lo que intenta el Código”, puntualizó Moreira.

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Categorías: Noticias Policiales

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