roboRoban con cuchillos y armas para infundir mayor temeridad a sus víctimas. Eligen a mujeres que andan solas y a jóvenes que caminan concentrados con los auriculares puestos.

La noche en algunos barrios de Oberá y otros tantos de otras localidades del interior, comienza con olor a marihuana y bebidas alcohólicas. En distintos puntos se conglomeran los precoces delincuentes para tomar, drogarse o a contar cómo les fue robando celulares.
Se dejan llevar por el delito y son cada vez más osados y violentos, en ese afán desenfrenado de robar para poder financiar su consumo. Saben exactamente dónde robar celulares de alta gama o el que sea, sobre todo a los solitarios, a los distraídos o a los que se dejan llevar por la música de sus auriculares y poco entienden lo que pasa a su alrededor, hasta que uno o dos delincuentes los abordan y con suerte salen ilesos, aunque en últimamente muchos robos terminaron con apuñalados o víctimas inconscientes por los golpes que recibieron.
“Roban con cuchillos, los abrazan y les piden el celular y si se ponen pesados les dan puntazos para asustarlo, eso muchas veces sale mal y es cuando hay muertos. Si es con un revolver es más efectivo, porque al ver el fierro casi nadie se resiste”, confesó el joven, mayor de edad, que fue varias veces detenido por la Policía en Oberá por robar dichos aparatos e incluso, fue condenado e incluso estuvo en la cárcel, pero aceptó charlar con El Territorio con la condición de no ser identificado.
Claro está que el arma de fuego no lo usan solamente para intimidar y ejemplos hay varios como el de Guido Kachuk, ese adolescente que murió desangrado luego de recibir un disparo de manos de un menor que lo vio solo en una parada de colectivos y se animó a robarle, pero terminó poniendo fin a la vida del chico, caso similar al de Lucas Vega, también en Posadas o el último registro que sucedió en Montecarlo, donde un chico de 16 años fue baleado por dos menores porque se negó a entregarle el celular, zafó de milagro porque el balazo fue a su pierna.
Lo peor de todo el panorama, que de por si es preocupante porque esos tipos de robos violentos van en aumento, porque mientras se cometen los delincuentes están cebados e inconscientes a causa de sus adicciones, o sea que no miden su fuerza ni las consecuencias. “Se ganan que los lastimen porque se ponen pesados, quieren pelear y eso siempre enfurece” declaró el entrevistado.

Presa fácil
El sospechoso en cuestión dice que la necesidad lo llevó a robar. “Me crié en la calle, conozco demasiado Oberá y se por dónde escaparme. Siempre es la misma rutina, salir a dar vueltas en moto y atacar rápido, si es de a dos mejor y hay que cambiar de zona para que la “cana” (Policía) no te agarre” reveló, detallando que “con cuatro o cinco teléfonos ya está, son tres o cuatro mil pesos que te hacés en pocas horas y listo, es todo. Yo me vuelvo a casa o voy a la esquina, no ando toda la noche buscando víctimas”.
Pese a sus 24 años tiene un amplio prontuario, siempre por lo mismo. Dijo que se detecta a las víctimas por su vestimenta y su desconcentración. “Muchos son presa fácil, porque van con el celular en la mano o uno les ve que andan solos, distraídos con su música y ese es el momento en que se roba” acotó, dejando en claro que casi siempre se eligen «menores o mujeres». En ese sentido, contó que la última vez que estuvo detenido fue por el robo de una computadora y el celular de un menor de trece años, a la salida de una institución educativa ubicada por calle Erasmie de esta ciudad. En esa ocasión, a las 16:30, el estudiante fue amenazado con un cuchillo y ante tal intimidación entregó lo que le pedía el ladrón. Si bien la Policía lo detuvo, él asegura que «en ese hecho fui inocente. Yo no voy a ese barrio, hay códigos y encima que fui preso otra banda me andaba persiguiendo».
Otro detalle que reveló, es que los jóvenes que delinquen saben a quién venderle los aparatos y por ende, tienen el negocio asegurado. “Por un buen celular de alta gama y pantalla táctil nos dan entre mil y 1.500 pesos, por otros sólo 500, pero es buena plata. Ellos los arreglan un poco, los liberan y vuelven a venderlos, así sigue el círculo completo y está mal, pero es la realidad”, sintetizó.
En el velorio, golpeó y robó el teléfono
El episodio ocurrió en la madrugada del 9 de abril y recorrió todos los medios de comunicación de la provincia. Un hombre entró a un velorio, golpeó y le robó el celular a una mujer, pero lo detuvieron los deudos del muerto.
El insólito robo ocurrió en el interior de la sala Paz Eterna, ubicada en avenida Lavalle y Japón de la Capital provincial. A las cuatro de la madrugada el desconocido ingresó al local, y sin mediar palabras se abalanzó sobre una mujer, a quién golpeó en el rostro para robarle el teléfono celular.
Otras personas que estaban en el lugar, sin entender muy bien que estaba pasando, salieron en defensa de la consternada mujer y a los pocos minutos redujeron al autor del hecho.
Inmediatamente llegaron al lugar los efectivos del Comando Radioeléctrico Uno, quienes procedieron a la detención del sujeto y luego lo identificaron como Ernesto C. (22). Pocos días después, el sospechoso recuperó la libertad, pero ante el juez de abstuvo de dar explicaciones sobre el hecho que protagonizó.
Casos testigos
En el colectivo urbano.
El 28 de abril a las 13.50, en la intersección de calle Córdoba y Junín de Posadas, a Eulogia (57) le robaron el teléfono.
La víctima denunció que a los pocos minutos de bajar del colectivo urbano, un hombre al que vio en el interior de la unidad, le arrebató el aparato y se dio a la fuga.
Con los datos aportados por la víctima, en inmediaciones a ese lugar la Policía detuvo a Ever G. (34), un paraguayo que pretendía comercializar lo robado en un local de la zona.

A punta de cuchillo.
Leonardo A. (18) caminaba por la calle Piedrabuena de Oberá rumbo al complejo deportivo, cuando fue abordado por dos sujetos que, a punta de arma blanca, le robaron su teléfono celular de alta gama.
El robo calificado ocurrió el 29 de julio a las 21 y los ladrones se movilizaban en una moto sin dominio. En el atraco se quedaron con los únicos 30 pesos que la víctima tenía en su bolsillo.

Cinco puñaladas.
El 14 de septiembre de 2014, alrededor de las 6.30 de la mañana, un hombre que a esa hora esperaba el colectivo fue atacado por una patota que lo dejó al borde de la muerte.
Ocurrió en Eldorado y recibió cinco puñaladas de parte de los delincuentes, que robaron su celular y dinero en efectivo.
Todo sucedió sobre la avenida San Martín en el Kilómetro 8 y medio, frente a un pub. La víctima fue Gastón Fernández (35), conocido como el “Colo”.

Robo en el comercio.
Puerto Iguazú no está ajena a estos hechos de inseguridad. El 29 de mayo, en pleno centro comercial de la ciudad, dos delincuentes que circulaban en una motocicleta entraron a un local comercial pidiendo agua, pero al ver al empleado solo, lo amenazaron con un cuchillo y le robaron 30 pesos y su teléfono celular. «Fue un susto muy grande» dijo el empleado afectado, quien por temor a sufrir algún tipo de represalias, decidió no hacer la denuncia policial.

Por Cristian Valdez
fojacero@elterritorio.com.ar

(Territoriodigital)

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Categorías: Noticias Policiales

Un comentario en ““Si se ponen pesados les dan puntazos para asustarlos, eso a veces sale mal”

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