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Amigos son los amigos, por Marcelo Telez

Friends will be friends, cantaba Freddie Mercury con Queen. Los amigos deberían ser los amigos. Y vaya si lo son. Esta semana quedó a la vista, con una nitidez que pocas veces regala la política internacional, quién es amigo de quién. Y, sobre todo, por qué.

El domingo Brasil fue a la segunda vuelta. Las casas de apuestas, los operadores financieros y buena parte de la prensa regional ya tenían la fiesta armada: vuelven los Bolsonaro. Flávio había ganado la primera vuelta y el libreto estaba escrito. Faltaba un detalle. El pueblo brasileño.

Lula da Silva ganó con el 51,79 % de los votos válidos contra el 48,21 % de Flávio Bolsonaro, según el Tribunal Superior Electoral. Más de 64 millones de votos contra menos de 60 millones. Más de cuatro millones de personas de diferencia. Lula sumó alrededor de diez millones de votos respecto de la primera vuelta.

Es la primera vez en la historia de la República que quien sale segundo en primera vuelta da vuelta la elección.

¿Quién le dijo que no a la fiesta? Cuatro millones de brasileños.

La maquinaria del día después

Con el correr de las horas apareció lo previsible. Que sube el dólar —dio contra el real su mayor salto desde 1999—, que caen las bolsas, que esto es lo que querían, que este es el gobierno que eligieron.

Las operaciones en redes, buena parte de ellas con origen en Estados Unidos, con la cara partida: mitad Lula, mitad Maduro.»Brazuela», le pusieron. Y por acá también circuló lo suyo: los que festejaban que, con Lula, los estudiantes brasileños ya no tendrían que seguir viniendo a la universidad pública y gratuita argentina. Hay gente que le presta atención a eso. Lamentablemente.

Mientras tanto, la región hizo lo que corresponde. Uno a uno, los presidentes reconocieron el resultado. Chile. Perú. Ecuador. Colombia. Paraguay. Uruguay. Toda Europa. Hasta el PRO de Mauricio Macri saludó a Lula. No se trata de felicitarlo. No se trata de simpatías. Se trata de reconocer lo que votó un pueblo.

Dos no lo hicieron. Donald Trump y Javier Milei.

Un silencio que grita.

Uno se preguntaba: ¿cómo puede ser tan desubicado? ¿Tan poco diplomático? ¿Tan alcahuete? Y empezó a circular una versión que, si se confirma, explica ese silencio mejor que cualquier comunicado.

Lo que ya no es especulación

Esta mañana, cuando lo dijimos al aire en Primera Mañana, era una versión. Al mediodía ya es noticia con datos.

El lunes no solo se movieron los mercados. Los propios partidos que acompañaron a Flávio Bolsonaro —salvo el Partido Liberal, el de la familia— reconocieron el triunfo del Partido de los Trabajadores y sus aliados.

Y la noche del domingo, horas después de la derrota, el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes firmó una orden reservada: Flávio no puede salir del país y debía entregar sus pasaportes en 24 horas. Se lo notificaron el lunes en plena calle, cuando salía de visitar a su padre en Brasilia.

Hasta el martes a la mañana, según O Globo, los pasaportes seguían sin aparecer.

¿Por qué se le prohíbe salir del país a alguien que acaba de salir segundo en una presidencial? Porque Flávio no es solo un candidato derrotado. Es un senador investigado en dos causas ante el Supremo: una por presunto lavado de dinero y evasión de divisas a través de plataformas de apuestas y de pagos; otra por el financiamiento de una película sobre la trayectoria política de su padre, con fondos de un exbanquero.

Y porque su hermano Eduardo había dicho públicamente, el viernes, que si Flávio perdía tenía que irse del país.

El Poder Judicial se parece bastante en muchos lugares del planeta: mientras la moneda está en el aire, no se mete. Si ganaba Bolsonaro, probablemente se estaría hablando de otra cosa.

Como nos explicaba el periodista brasileño Daniel Oiticica, con quien seguimos la elección todo el domingo y el lunes, una bancada fuerte en el Congreso le abría a la familia la puerta de los indultos —en un Congreso con 69 legisladores electos investigados por corrupción—.

Y el primer indulto tenía nombre y apellido: Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de prisión por intento de golpe de Estado.

Eduardo sabe de lo que habla cuando recomienda irse. Vive en Estados Unidos y tiene orden de captura en Brasil: el Supremo lo condenó a cuatro años y dos meses de prisión por coacción a la Justicia, por gestionar ante el gobierno norteamericano presiones contra los jueces que juzgaban a su padre. La condena quedó firme este mes y sus pasaportes fueron cancelados.

La foto de familia, entonces. El padre, preso por golpista. Un hijo, prófugo en Estados Unidos. El otro, con el pasaporte retenido y la Policía Federal preguntando dónde está.

Un avión en Iguazú

Porque eso es lo que pasa hoy: la Policía Federal de Brasil investiga si Flávio Bolsonaro salió por tierra hacia la Argentina para volar desde acá a los Estados Unidos. Según O Globo, verificó que no pasó por ningún control migratorio brasileño. Su jefe de campaña, el senador Rogério Marinho, lo desmiente.

Y acá la historia pisa tierra colorada. El lunes a las 23.45 aterrizó en Puerto Iguazú un Gulfstream G400 de la empresa Baires Fly, proveniente de Aeroparque. Tenía prevista la salida a las 2 de la madrugada, con cuatro pasajeros y sin destino precisado. No despegó: faltaba uno. El avión sigue en Iguazú.

Migraciones informó que no registró ningún ingreso de Flávio Bolsonaro al país y que ningún plan de vuelo incluía a la familia. El Ministerio de Seguridad dice lo mismo. Todo eso puede ser cierto. También es cierto que el que se fuga no hace fila en la ventanilla de Migraciones.

Desde Misiones, a un puñado de kilómetros de la frontera, esto no se mira por televisión. Hasta que no aparezca una foto suya en territorio norteamericano, la fuga no está probada. Pero el silencio de la Casa Blanca y de la Casa Rosada ya dejó de parecer una torpeza diplomática.

Cuando los números hablan

El único que dijo algo fue Trump. Que fueron unas elecciones raras, que esto, que lo otro. Y se aferraron a las dos horas de extensión del horario de votación, como si por ahí se hubiera colado el fraude.

La ventaja de un sistema como el brasileño, con voto electrónico, es que permite saber la hora de cada voto. Cuánta gente votó en cada franja horaria. ¿Saben cuántas personas votaron en Brasil entre las 17 y las 19, en esas dos horas extra? No llegaron a 35.000. La diferencia entre Lula y Bolsonaro superó los cuatro millones.

Y un detalle que completa el cuadro: la extensión la pidió el propio partido de Bolsonaro, porque había llovido mucho en el sur y había gente que no podía llegar a votar.

Todo lo que digan queda reducido a cenizas cuando están las pruebas sobre la mesa. Los que defienden el voto electrónico se olvidaron de ese pequeño detalle. Y quedaron en evidencia. Todo lo que tenían preparado se diluyó. Y empezaron a preparar otra cosa.

Un calendario hilvanado

Las cosas están hilvanadas. Lo dijimos todo el año. Primero la elección en Brasil. Hoy, la elección en Israel. El martes que viene, las elecciones de medio término en los Estados Unidos. Y el año que viene votamos nosotros. Hay que estar atentos. Sobre todo a este tipo de maniobras.

Porque acá también hay amigos que se cuidan. El viernes 23, de manera exprés, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi sobreseyó al presidente de la Nación, a su hermana Karina y al resto de los imputados en la causa Libra.

A pedido del fiscal Eduardo Taiano, concluyó que los hechos no encuadran en ningún delito y cerró el expediente. Libre de culpa y cargo.

Lo que pasó con Libra —criptomoneda, memecoin, como quieran llamarla— es una estafa.

Y me hago cargo de lo que escribí en su momento: el presidente fue partícipe necesario. Si no hubiera publicado en su cuenta de X que había que apostar a Libra, muchísima gente no hubiera caído en esa trampa.

Ahora, veamos el calendario del juez. El 3 de julio apartó de la causa a los querellantes, los patrocinados por Juan Grabois, y dejó al fiscal como único acusador. Doce días después, el 15 de julio, el Boletín Oficial publicó el decreto 589/2026, firmado por Javier Milei y el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques.

Ese decreto designó a Ana María Juan como titular del Juzgado Federal de Hurlingham. Ana María Juan es la esposa de Martínez de Giorgi. Tres meses después, el juez cerró la causa que involucraba al presidente que nombró a su esposa.

Qué casualidad todo.

La impunidad tiene fecha de vencimiento

Estas son las protecciones que tienen los que están agarrados de la mano del poder. Y este es su problema cuando se quedan sin él: no solo pierden la impunidad. Después pueden hacer cualquier desastre.

Brasil ya lo vivió. El 8 de enero de 2023, a días de que Lula asumiera su tercer mandato, los seguidores de Bolsonaro tomaron e hicieron destrozos en las sedes de los tres poderes en Brasilia. Eso fue un intento de golpe de Estado. Y por eso Jair Bolsonaro hoy está preso, cumpliendo condena.

Eso es un golpe de Estado. No lo que el presidente argentino dice que intentaron contra él cuando se lo investigaba por algo que ni siquiera llegó a investigarse a fondo.

Esperemos que esta vez no pase nada parecido. Lo peor que podría hacer el candidato derrotado es fugarse. Si lo intentó, en Iguazú quedó un avión esperando a un pasajero que no llegó. Ya se sabrá.

Mientras tanto, la mesa de amigos está completa. Bolsonaro, Netanyahu, Trump y Milei. Se cuidan entre ellos. Se esperan. Se callan cuando hay que callarse.

Por eso, amigos son los amigos.

Marcelo Telez
Director RPD Noticias

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