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El país de la «motosierra» y la chacra de la desolación

En las últimas semanas, los micrófonos de nuestra radio se han convertido en una especie de muro de los lamentos, pero de un lamento que no busca lástima, sino justicia.

Desde Campo Viera hasta Puerto Rico, pasando por las calles de nuestra Oberá, el relato se repite como un eco amargo: el que trabaja, el que produce y el que presta un servicio se siente, hoy más que nunca, un «esclavo de la libertad».

Escuchábamos a Karina Griss, empresaria maderera de Puerto Rico, con un nudo en la garganta.

Su testimonio no es el de una «puntera» política, sino el de una laburante que ve cómo la clase media misionera se está secando.

El aserradero parado, el reintegro de Rentas que no llega nunca porque «la inspectora está de vacaciones» y la respuesta oficial que hiela la sangre: «Si no podés seguir, cerrá».

Esa es la empatía de quienes hoy nos gobiernan, tanto en la provincia como en la Nación.

Mientras en las redes sociales se festeja el ruido de la motosierra, en las industrias de Misiones el silencio de las máquinas asusta.

Ese mismo abandono lo siente Raúl Batista en su auto, recorriendo Oberá.

Me decía Raúl en una charla que nos inspiró: «Somos esclavos de la libertad».

Las plataformas digitales llegaron con la promesa de la autonomía, pero hoy, con un combustible que vuela y una tarifa que no alcanza ni para el cambio de aceite, el negocio es una trampa.

Y ahí aparece de nuevo el Estado ausente: el municipio mira para otro lado mientras la informalidad y los mototaxis sin seguro ganan la calle.

No es contra el laburante, es a favor de las reglas claras.

Si no hay control, la «gallina de los huevos de oro» se muere y nos quedamos sin transporte y con autos destruidos.

Y en medio de este desierto de gestión, aparece el interrogante político. Juan Carlos Ríos plantea desde Campo Viera la necesidad de «normalizar» el peronismo. ¿Será posible?

Ríos habla de reconstruir desde las bases, de abajo hacia arriba. Y suena lógico, porque lo que está roto es precisamente el vínculo entre el despacho del funcionario y la tierra colorada del colono.

La política se volvió un debate de «trolls» y egos, mientras el productor de yerba, el de madera y el chofer de plataforma pelean solos contra una inflación que no da tregua y una presión impositiva que asfixia.

La paradoja es total.

Nos piden que nos «reinventemos», como si la reinvención fuera un acto de magia y no una inversión que requiere crédito y estabilidad.

Nos hablan de una libertad que, para la PyMEs misionera, hoy se parece mucho a la libertad de elegir cómo fundirse.

Desde RPD Noticias seguiremos poniendo el micrófono donde duele.

Porque si algo nos queda en este 2026 de incertidumbre, es la palabra.

Una palabra que debe servir para despertar a los que fueron elegidos para defendernos y hoy parecen estar más preocupados por el aplauso en las redes que por la desdicha de sus pueblos.

Marcelo Telez – Periodista

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