Según el diccionario, improvisar es hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación. Linda definición para la música, para el fogón, para una charla entre amigos.
Pero cuando hablamos de política, el truco fácil y la frase rápida en redes sociales suelen ser el preludio de decisiones que pagamos entre todos.
El ahora también influencer Diego Hartfiel —ex tenista, broker financiero, diputado provincial electo renunciado y actual diputado nacional por La Libertad Avanza— encontró en Instagram su nueva casa. Desde allí, lanza módulos acelerados de ciudadanía, economía, y política para consumo masivo. Casi tutoriales para “cómo entender el país en un minuto”, solo con buena iluminación y un celular a mano.
En su última entrega se anima a explicar los métodos de financiamiento del Gobierno de Misiones. Hasta ahí, nada grave. Cada uno se expresa como puede y con las herramientas que tiene.
La Constitución Nacional —esa que no entra completa en un reel de 30 segundos— es clarita:
Para ser diputado hay que tener 25 años, cuatro años de ciudadanía y ser de la provincia que lo elige o vivir dos años allí. Punto. No se exige título, máster, currículum ni credenciales. No hay examen multiple choice ni final obligatorio.
La cancha está pareja para cualquiera que quiera jugar y logre los votos necesarios.
Pero —y acá está la parte incómoda— si el rol que uno ocupa representa a toda una provincia, tal vez convenga informarse un poco antes de explicar el mundo con certeza olímpica. Especialmente cuando la opinión personal se vende como verdad revelada sobre políticas estructurales, sin contexto, sin datos y con un tonito de coach financiero recién llegado al parlante.
Claro, siempre existe la opción cómoda: repetir slogans con impacto, frases marketineras y conceptos a medio masticar. Todo empaquetado en formato “curso exprés en redes”. Mucho brillo, poca sustancia.
En Instagram, Hartfiel critica al gobierno provincial por reclamar lo que Nación debe y dispara:
“Ahora el ajuste va a pegar… para que el sector privado esté más liviano… y de esa manera haya menos gente en la pobreza con trabajo genuino y no con plan Platita…”
Suena lindo, suena sólido, suena exacto. Hasta que uno mira la letra chica del ajustazo liberal-libertario.
Si de coherencia hablamos, alguien debería recordarle al diputado que antes de dar cátedra, revise por qué el Presidente y la “Jefa” aumentaron obscenamente el presupuesto de la SIDE —hoy Agencia Nacional de Contrainteligencia—, un organismo sin control, donde la plata desaparece más fácil que un fondo buitre con abogado caro.
O cuántas cifras se esfuman en intereses a bonistas y fondos especulativos cada vez que Caputo renueva deuda.
¿Ajuste para unos, fiesta para otros?
Parece que esa parte del módulo se perdió en el corte de edición.
Cuando además afirma que el Estado “no puede crecer si se financia con fuentes no genuinas”, lo que asoma es una idea vieja con perfume medieval: la defensa del que tiene y el desprecio elegante del que no entra en la foto.
Eso que se dice sin querer, pero define con precisión quirúrgica el pensamiento.
Y para que no falte el contragolpe: si alguien se animara a criticarle la técnica de saque, seguro Hartfiel devolvería con un gesto tipo “¿jugaste alguna vez? ¿o solo mirás ESPN?”
Ahí sí la idoneidad importaría.
Hablar es gratis, filmarse más todavía. Lo caro es gobernar.
Ojalá que esta etapa influencer no termine solo en selfies de aeropuerto y premisas de manual. Sería saludable verlo recorrer Misiones más allá del feed: desde la picada más perdida hasta el último barrio urbano, entendiendo qué hace el Estado en salud, educación, caminos, producción, tecnología y seguridad.
Tal vez allí descubra todo lo que no entra en un posteo.
Marcelo Télez
