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Hijo de Finlandia con el corazón argentino

(Editado en 1989)  
“Suomi… tus hielos son fuegos en mi corazón” encabeza el recitado que Don Arne Ricardo Vuori le dedicó a su Finlandia natal, tierra que lo vio partir cuando éste apenas tenía siete meses de vida y no lo volvió a ver.
Hoy con 79 años, ya hombre y abuelo, Ricardo Vuori, “el maestro”, recorre las calles obereñas con el orgullo de ser uno de los pocos descendientes directos de inmigrantes finlandeses, pero también con el pecho hinchado de ser un argentino más.
Esta semana es muy importante para todos los finlandeses que habitan estas tierras y como no tenerlo en cuenta a él, que respiró el aire helado de Finlandia pero supo entremezclarse con la calidez de los criollos.
Arne Ricardo Vuori nació en Helsinki (Finlandia) un 07 de junio del año 1926, hijo de Matías Ricardo Vuori y Alejandra Casélius, ambos amantes de la música e integrantes de un coral.
Con gran orgullo y recorriendo con el pensamiento su Finlandia natal, Vuori recordó que “papá vino en el año 1925 a Argentina, pero mamá que estaba embarazada de mí no pudo viajar y se quedó. A fines del año 1926 mamá tomó la decisión de venir atrás del marido, entonces por vía Alemania emprendimos el viaje en barco y llegamos a Buenos Aires a fines de enero del año 1927, yo con mi madre”.
“Mis padres en Finlandia actuaban en un coral grande, ya que era una obligación casi de que cada ciudad tenía que tener su coro, entonces tenían mucho sentido musical. Ya mi bisabuelo era músico y mi abuelo por parte materna era pintor artístico, así que yo vengo de una familia que de alguna manera tiene una influencia artística” detalló.

Bandoneón, compañero inseparable
“Si me invitan a mí, también invitan a mi bandoneón” aseguró Vuori en diálogo con Pregón Misionero y es así, ya que éste increíble artista deleitó a generaciones con la melodía de su interminable bandoneón.
Resumiendo un poco la historia de su preferencia por la música, Vuori recordó que “mis padres me cantaban cuando era chico, lo hacían muy bien porque eran voces estudiadas y con una fonética buena, entonces eso fue socavando mi sentido musical y a los 5 años ya tenía un buen oído musical”.
“Comencé estudiando piano cuando era chico y fue allí cuando hice mi primer composición y a los 10 años mi padre me consiguió mi primer bandoneón de la mano de Don Máximo Urrutia. Para ese entonces yo ya me había acriollado, me comenzó a gustar el tango, la música argentina y el bandoneón, fue cuando me dedique al tango desde joven” agregó.
En el año 1955 y como consecuencia del 1° Golpe de Estado, Ricardo Vuori se tuvo que exiliar en Brasil, lugar donde permaneció por algunos años para más adelante regresar a Argentina.
Pero las cosas no cambiaron mucho y luego de varios años, en 1876 nuevamente tuvo que exiliarse en el vecino país, para regresar recién en el año 1989.
“La dictadura del 76 fue muy dura, muy sangrienta y me volví a exiliar en Brasil, país en el cual me brindaban amistad y cordialidad” aseguró.

A su querida “Soumi”…
Aunque su vida es argentina y esos colores los lleva en el corazón, Ricardo Vuori dedicó parte de su trayectoria a la tierra que lo vio nacer, Finlandia.
Recientemente editó un disco en el cual expresa su sentimiento para con ese lejano país y el nombre del mismo refleja eso.
“Hice un disco dedicado a la tierra donde nací y le puse el título de Suomi, que quiere decir Finlandia, todo surge una vez que recordé unas canciones de cuna que me cantaban mis padres. Me quedó en la memoria la melodía por eso que la introducción de Suomi es de un tango bastante clásico, pero le agregué partes de una canción de cuna que me cantaban mis padres, es muy sentimental” explicó Vuori.
Muy contento por ésta obra que le permitirá permanecer en el corazón de la gente por siempre, el “maestro” comentó que “por ese tango se abrieron muchas puertas, me está dando muchas satisfacciones que nunca pensaba que iba a tener. Lamentablemente a veces vienen tarde los reconocimientos, pero si me tengo que ir puedo estar seguro que yo cumplí con mi misión y dejo algo para todos” aseguró, mientras de fondo se escuchaban las notas de un viejo tango.

De la historia obereña: Singer-Thelegem  
(Editado en 1989)
Oberá nació así… gracias al esfuerzo de personas que con la mirada fija en el progreso, trabajaron codo a codo, abriendo montes y sabiendo ocupar responsablemente las virtudes de la madre tierra.
A ese ritmo y como complemento de una vida sufrida pero feliz, las historias personales y de cada una de las familias fueron engrosando un legado cultural que en la actualidad, es el tesoro más preciado de los obereños.
Cada familia, cada paso, cada progreso está sostenido por una historia, a veces desconocida por muchos. Una de ellas es la que se sucedió en torno al matrimonio Singer –Thelegem y a los comienzos del transporte de pasajeros de media distancia.
…Elsa Thelegem de Singer recordaba que su esposo Ralf Singer puso en marcha un colectivo que cubría el recorrido Oberá – Posadas, luego compró el segundo colectivo y pensaba “como iba a casarse si no tenía nada y cosas así…” pero ella le dijo “nos casamos y trabajamos juntos, entonces nos casamos en febrero de 1937, casi un año después de que comenzara a funcionar el primer colectivo.
Recordó que poco antes de morir su esposo, comentaban que nunca habían pensado en que tendrían una empresa tan grande y sobre quien dice que “era una persona agradable, muy respetuosa, que no tenía enemigos”, pero cree que “con una empresa tan grande él tendría que haber sido más firme”.
Cuando comenzaron, Don Ralf tenía un camión de carga y siempre tenia más pasajeros que carga, entonces pensó en hacer un colectivo para que la gente viaje más cómodamente a Posadas, entonces entregó el camión y sacó el chasis Chévrolet de 500 kilos. Era el primer chasis que traía freno hidráulico “pero tampoco ayudó mucho por el barro” –dice– y comenta que frente a la empresa vivía un herrero que se ocupó de confeccionar en forma de colectivo, luego se compró otros colectivos y más adelante comenzó a dar empleo a la gente.
Doña Elsa también ayudaba en la tarea, vendía boletos, hacía la cuenta de los choferes, pagaba y atendía en el taller vendiendo repuestos.
Recuerda que “antes todo era más familiar y ahora es todo por ley, antes los empleados tomaban mate en mi cocina, ayudaban a arreglar los colectivos y limpiaban todo después”.
Su satisfacción es que ha tenido un buen marido, cuatro hijos que trabajan en la empresa “pero hubo cambios, nada es como antes” –manifiesta– aunque reconoce que es lógico que haya cambiado desde que no está Don Ralf “hay mucho quebranto y se debe correr junto con el tiempo” agrega.
Don Ralf Singer, el iniciador de esta gran empresa, pionera en la provincia en servicios de transporte de pasajeros, falleció el 20 de abril de 1989.
“En la empresa la plata entra y sale, pero nuestros hijos tienen para gastar y pagar, lo cual es una satisfacción porque el no tenía nada, ni yo, entonces pensamos en hacer algo para nuestros hijos” dice.
El primer viaje a Buenos Aires fue en el año 1966 y recuerda que también le ha tocado manejar llevando pasajeros durante unos cuantos años.

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