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Belgrano y la necesidad de una bandera nacional

Aparece como una constante en la historia argentina, así como en el siglo XIX los estancieros debían viajar a París para poder ingresar a los salones porteños (en tiempos en los que el país era Buenos Aires), así como desde en ese entonces se iba delineando la ciudad tratando de imitar lo francés e  inglés como sucedió con la arquitectura pionera y en tantas otras actividades socio políticas, y eran tantas las exigencias para con quienes buscaban la figuración como ariete social.
Por otra parte, los diplomáticos de esas naciones ofrecían y se disputaban una estrecha relación que tenía como fruto válido la  absorción de nuestra economía, que auguraba un floreciente agro con sus frutos (como sucedió merced al empuje inmigrante traducido en mano de obra) carrera que por entonces supo valer más la diplomacia inglesa por su practicidad ofreciendo su mercadería desde Colonia del Sacramento, allí nomás de Buenos Aires, mientras los franceses aunque más cercanos a nuestros jóvenes políticos, ideales en mano, se fueron quedando atrás, esas actitudes políticas eran ejercidas con matices propios de viejas culturas que, tras la pérdida española de su virreinato centrado en el puerto de Buenos Aires hasta casi inclinaron a nuestros próceres a entronizar en ese suelo, entonces naciente de una Argentina que, con mucho esfuerzo y deseos de liberación del dominio español, una monarquía en aquellas jornadas que se fueron hilvanando y que se iniciaron con el cabildo abierto del 22  y que nos dieron –para celebrarlo con unción- el 25 de Mayo de 1810 que, desde niños supimos honrar.
Sesiones que permitieron abrir el camino a una nueva historia, la de nuestra patria, así como la aparición pública de jóvenes criollos, hijos de españoles, apuntalados por canónigos y militares volcados a la causa de Mayo que, aún a costa de su vida, fueron moldeando una sociedad comprometida a llevar adelante la revolución del puerto al extenso y de raíz hispana, territorio del virreinato del Río de la Plata, lo que hizo posible que seis años después se lograra calmar ambiciones de liderazgo extranjero en nuestra tierra al mundo de entonces y en especial a aquellos que soñaban con reemplazar a España en la posesión de estas nuestras tierras, en un 9 de Julio de 1816 en que desde Tucumán se decidiera vivir en independencia y libertad.
Un joven, Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, cultivó su intelecto en España, siendo estudiante de leyes en Salamanca, bachiller en Valladolid y abogado en Madrid, de regreso a su patria, puso su capacidad, su amor por la causa de la independencia y libertad aceptando a partir de los 24 años los mil y un avatares con los oficios que le imponían sus conciudadanos, sin más ambición que servir a esta la nueva patria que surgía de la que fue fiel representante y sufrido colaborador, habiendo sido previamente también
Todavía recordamos lo que nos dijo quien fuera en vida nuestro muy apreciado amigo Ricardo Erasmie con relación a la emoción que le causó, estando de visita en Suecia, ver izada la bandera argentina en aquel suelo.
Nos preguntamos ¿por qué despierta tanta emotividad este símbolo nacional? Si la vemos a diario izada en el mástil del pueblo o al frente de una repartición pública, tal vez ni le prestamos atención, sin embargo cuando nos representa en lides de cualquier tipo, o, como en el caso apuntado más arriba, solamente verla nos produce una profunda emoción por que bajo esos colores está todo lo que tiene vida sobre este suelo nacional.
¿Cómo surgió la nuestra?. Casi universalmente el hombre desde los tiempos más remotos usó la violencia para defender su suelo o atacar suelos ajenos y lo hizo a pie, a caballo, sobre carros, sobre tanques, sobre aviones, con garrotes, con lanzas, con ametralladoras, con bombas… en variados tiempos de patria –tiempos de a caballo, mulas, facones, lanzas o incipientes “trabucos” el revolcón de las montonera preocupó a los jefes por la dificultad de individualizar a su tropa, era necesario encontrar la manera de solucionarlo y así fue que fue naciendo “el trapo” de un  color u otro que encabezaba identificando el pelotón.
Ante el problema que se generaba con la Banda Oriental, el gobierno encargó a Belgrano que fortificase la barranca de la villa del Rosario. Este se instaló allí con su regimiento y colocó dos baterías, una, la Libertad sobre la barranca otra en una isla frontera,  llamada Independencia. Habiendo solicitado al gobierno  la adopción de una escarapela como distintivo que las tropas llevarían sobre el uniforme, propuesta que fue aceptada  pero ampliándola como “escarapela nacional”, obtenida la autorización,  Belgrano entregó la escarapela a la tropa el 23 de febrero. Cabe mencionar que mucho tuvo que ver para lograr la autorización del Triunvirato con la declaración de la independencia de Venezuela el 5 de julio de 1811, que provocó un fuerte sentimiento de entusiasmo independentista en Buenos Aires.
La comunicación de Belgrano al Triunvirato es elocuente de por sí: “Se ha puesto en ejecución la orden del 18 del corriente para el uso de al escarapela nacional que se ha servido señalar V.E. cuya determinación  ha sido del mayor regocijo y excitado los deseos de los verdaderos hijos de la Patria de otras declaraciones de V.E. que acaben de confirmar a nuestros enemigos de la firme resolución en que estamos de sostener la independencia de la América”.
El 27 de febrero al inaugurar la batería Independencia  colocó en ella a modo de bandera una gran escarapela celeste y blanca, diciéndole al gobierno: “siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca conforme a los colores de la escarapela nacional, espero que sea de la aprobación de V.E.”. Evidentemente Belgrano habría considerado que de esta manera obligaba al Triunvirato a terminar con la ficción y trabajar rumbo a la independencia y, lo que es más importante en función histórica es que con esta desobediencia había creado la bandera azul y blanca.
En su arenga se dirige a los soldados y si bien no hace jurar la bandera, lo hará en Jujuy el 25 de Mayo sin haber recibido la autorización de enarbolar bandera.
El gobierno se mostró disconforme con el izamiento y ordenó a Belgrano que “hiciese pasar por un rapto de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola cuidadosamente” y como el general Belgrano había hecho alusión “a no tenerla”, le enviaron una roja y gualda usada en la Fortaleza.
Nombrado jefe del ejército del Perú, en Jujuy celebra el 2º aniversario de la Revolución de Mayo. Hace celebrar un solemne Tedeum en la iglesia matriz, donde Gorriti bendice a la bandera celeste y blanca, paseada y llevada al Cabildo en vez del “estandarte real” y el nuevo pabellón fue enarbolado  y saludado por una salva de honor de los cañones recientemente llegados.
Importante fue la arenga que pronunciara el general porque significa una declaración de independencia: “¡Soldados, hijos dignos de la Patria, ¡camaradas míos! Dos años ha en que resonó por primera vez en estas regiones el grito de libertad y él, continuó, propagándose hasta por las cavernas más recónditas de los Andes… no es obra de los hombres  sino de Dios Omnipotente que permitió a los americanos que entrásemos en el goce de nuestros derechos. El 25 de Mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra historia y vosotros tendréis un motivo más de recordarlo cuando veis en él, por primera vez, la bandera nacional en mis manos que ya nos distingue de las demás naciones del globo… Esta gloria debemos sostenerla de un modo digno con la unión, la constancia y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios… Jurad conmigo ejecutarlo así, y en prueba de ello repetid !Viva la Patria!”.
La respuesta del Triunvirato no se dejó esperar y lo hizo en términos admonitorios que exigían prudencia y respeto, así en su párrafo final se dice: “…El gobierno deja a la prudencia de V.S. la reparación de tamaño desorden (la jura de la bandera), pero debe prevenirle que ésta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos a su autoridad y los intereses de la nación que preside y forma, los que jamás podrán estar en oposición a la uniformidad y el orden. V.S. a vuelta de correo dará cuenta exacta de lo que haya hecho en cumplimiento de esta superior resolución”.
El 18 de julio respondió un Belgrano dolido y desalentado alegando que lo hizo (el enarbolar la bandera) para “exigir a V.E. la declaración respectiva… en mi deseo que estas provincias se cuenten como una de las naciones del globo”… y la desharé para que no haya ni memoria de ella… si acaso me preguntan responderé que se reserva para el día de una gran victoria… y como ésta está muy lejos, todos la habrán olvidado”.

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