| Tierra de Siembra |
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| martes, 15 de julio de 2008 | |
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El domingo escucharemos la parábola del sembrador, y quisiera ensamblar esta bella parábola con el 80 aniversario de nuestra ciudad, porque si nos trasladamos a aquellos tiempos de hazañas, pocos realmente tuvieron el coraje de afincarse y trabajar en medio de la inmensidad de esta tierra.
Al meditar este evangelio vemos que la parábola del sembrador significa que, por muchos obstáculos que se le presenten, el sembrador que sembró la semilla cosechará fruto abundante, pero siguiendo los ritmos de la semilla y sin pretender ni estirar el tallo de la planta, ni precipitar su crecimiento, ni adelantar la aparición de los frutos. Cada oyente de la Palabra es el que va recibiendo el influjo de la semilla que germina, estimula, engendra deseos, provoca decisiones, punza con argumentos, impulsa cambios de vida, en fin, el vigor de la semilla es un remedio purificador, un soplo consolador, un empuje de crecimiento. Es bueno saber que a aquellos hombres y mujeres que llegaron a estas tierras ni los problemas ni los desafíos los amedrentaron, por el contrario nuestros pioneros, nos han legado a través de su siembra, trabajo fecundo y sacrificio, esta realidad que disfrutamos hoy. Sabemos que toda semilla esparcida podrá como dice la palabra, tropezar con tierra pedregosa, enredarse entre cardos y espinas, caer sobre corazones duros como las piedras del camino, pero toda obra realizada con amor cumplirá la finalidad proyectada En este proceso también se dio el religioso y debemos dar gracias por la transmisión de la fe que estos pioneros nos han legado, porque se dio un hermoso ensamble, ya que los habitantes de estas tierras acogieron con amor a la persona “diferente”, de otra cultura, de otro país, otra raza, incluso otra religión, la inmigración es parte integrante de la historia de la humanidad y de la historia de nuestra localidad, entre ellos muchos hombres y mujeres, movidos por el Espíritu de Dios, compartieron con nosotros la fe, y eso porque Jesús siembra en todas partes y la semilla de la Palabra que se siembra en el corazón de los hombres sí que puede ablandar el camino y convertirlo en tierra fértil y en campo productivo; las malezas y las piedras pueden desaparecer y la tierra limpia puede recibir la semilla buena de la palabra de Dios y llegar a producir frutos de virtud y de santidad, porque la Palabra es creadora, como lo es el Espíritu, creador y dador de Vida. En este momento todos tenemos la obligación de trabajar para seguir creciendo y lograr un pueblo de todos, para todos, ya que difícilmente la palabra de Dios se arraigue si no encuentra un corazón de carne, es decir, si no hay en el hombre al menos un inicial deseo de honradez, un clima natural de humanidad, que tenga deseos de captar la belleza moral, el afecto noble hacia lo bueno, gratitud debida al bienhechor, estímulo ante el progreso moral y el perfeccionamiento. Por ello hoy queremos dar gracias a Dios por todos aquellos de los que hemos recibido gran cantidad de semilla buena, de ejemplos buenos, de consejos estimulantes, de correcciones caritativas, porque ello nos demuestra que estamos envueltos de acontecimientos salvíficos movidos por un Dios que no duerme, que nos ama y nos quiere salvar y de nosotros depende que esas semillas, que aquellos primeros pobladores nos legaron produzcan frutos o se esterilicen. Que María Santísima, nuestra madre nos acompañe y nos ayude a seguir creciendo en el afecto ciudadano y la identidad de nuestra ciudad. Presbítero Armando R. Vera - Cura Párroco - Parroquia San Antonio de Padua |
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