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lunes, 06 de octubre de 2008
 
 
Tres historias cuentan cómo actúan las redes de trata en Oberá PDF Imprimir E-Mail
lunes, 07 de julio de 2008
Dos casos tuvieron un final feliz, las chicas regresaron a sus hogares, pero nada se sabe de Alejandra (19), se fue hace seis meses y su familia no tuvo más noticias de la joven
Son Claudia, Patricia y Alejandra, tres jóvenes que aún no cumplieron 20 años pero llevan en el alma las atroces marcas del engaño, el encierro y el abuso más perverso.     
Siendo todavía niñas fueron separadas de sus familias con la falsa promesa de un porvenir mejor, de una vida digna alejada de la villa. Todo fue mentira, dolor, ultraje, en siniestros prostíbulos del Gran Buenos Aires.
Dentro de todo, si se quiere, dos historias tienen un final feliz, ya que lograron escapar de sus captores, de la tragedia; la tercera, en cambio, es un triste misterio.
Pero a todas las une el mismo flagelo, el mismo entorno, el mismo barrio. Son de San Miguel, una de las barriadas más humildes y pobladas de la periferia de esta localidad, en donde los reclutadores de las redes de trata de personas habrían encontrado una especie de “cantera” de chicas para ser llevadas a prostíbulos, cabarets y whiskerías de Buenos Aires y Entre Ríos, según fuentes de la Policía Comunitaria.
El dato alarma: en los últimos dos años, 141 chicas -de entre 13 y 24 años- desaparecieron de sus hogares en la zona Centro de la provincia. La mayoría de ellas, se supone, fueron captadas por las redes de trata de personas.
Esta percepción se agiganta con sólo caminar algunas cuadras en San Miguel y preguntar a los vecinos si saben algo del tema. Marisa Muñoz conoce bien de qué se trata.

Madre coraje
La mujer tiene 38 años, pero los surcos de su rostro la hacen parecer mayor y reflejan una vida de privaciones y tristezas. Hace cinco años, su hermana Claudia fue captada por un proxeneta y llevada con engaños a un prostíbulo de Escobar, Buenos Aires, de donde logró escapar con ayuda de un pariente.
“Ella vivía conmigo y no tenía trabajo. Un día apareció un hombre diciendo que necesitaba una empleada doméstica para la mamá en Buenos Aires y que le iba a pagar bien. Mi hermana aceptó, pero cuando llegaron le obligó a acostarse con hombres”, recordó Marisa.
El suplicio de su hermana duró poco, porque al cuarto o quinto día logró escapar y pudo contactarse con un primo que reside en Capital Federal. Le dio una dirección y el muchacho la socorrió. Tiempo después consiguió un buen trabajo y más tarde se casó.
Pero casi como una cruel burla del destino, hace tres meses volvieron a tocar la puerta de la casa de Marisa. Esta vez fue una pareja y el ofrecimiento de trabajo para una de sus hijas, Soledad, de 16 años.
“Bajaron de la camioneta, una 4x4 azul, y me dijeron que sabían que tenía una hija de esa edad y si quería que vaya a trabajar a Buenos Aires como empleada en casa de familia”, recordó indignada.
Su reacción fue inmediata, no pudo disimular: “Empecé a los gritos. Les dije qué se creen, que porque soy pobre me van a venir a mentir en mi cara y a robarme a mi hija”.
Dijo que sin mediar palabras, los desconocidos se subieron a la camioneta y partieron raudamente. No los volvió a ver por el barrio.  
Recorriendo San Miguel las historias se repiten y coinciden en varios puntos: los “reclutadores”, hombres solos o parejas, llegan a una casa con datos concretos de alguna joven y le ofrecen trabajo en Buenos Aires, casi siempre en casas de familia.
Así convencieron a la hermana de Marisa y también a Patricia, una joven de 18 años que hace dos vivió la pesadilla. Rosa, su madre, recordó que “una mañana golpearon las manos, salí y era un muchacho rubio. Muy amable, preguntó si mi hija quería trabajar de empleada en Buenos Aires”.
“Nosotros somos pobres y ella casi no tiene estudio, así que no consigue otro trabajo que no sea de empleada o tarefeando. El muchacho parecía bueno y se fue con él. Nunca nos imaginamos lo que iba a pasar”, confesó la mujer.
La primera impresión del hombre se desdibujó apenas llegaron a Buenos Aires. La chica fue obligada a trabajar en un bar como prostituta, prácticamente esclavizada y sin poder contactarse con su familia. Su madre aún sufre al recordar lo sucedido: “La salvó que se enfermó, porque le llevaron al hospital y ahí contó todo”. Semanas después retornó a Oberá y actualmente trabaja en la tarefa.
El caso de Alejandra (19) estremece, ya que fue captada mediante un aviso radial, otra estrategia muy usual de las redes de trata de personas.
La sedujo la promesa de una buena paga, sobre todo pensando en su hija Camila, de dos años. “Hace seis meses que se fue y todavía no sabemos nada de ella. A esta altura pensamos lo peor”, reconoció Darío, su hermano mayor. Con tristeza en la mirada, contó que Camila todavía pregunta por su mami.


Relevamiento en Misiones
En la provincia de Misiones, la Policía Comunitaria está elaborando por primera vez el mapa que permitirá determinar y relacionar los casos de fuga de hogar y desapariciones con la trata de personas.
En el último año, unas 600 chicas cayeron en las redes de la trata de personas en el país. Se estima que la mitad serían de Misiones. En la provincia, los casos de fuga de hogar y desapariciones ascienden a 242 desde 2006 y para la Policía, tienen directa relación.
Un procedimiento que se conoció el jueves pasado y que terminó con el rescate de una joven de 16 años en viaje hacia un prostíbulo, determinó que los tratantes de personas pagan menos de 3 mil pesos para obtener adolescentes misioneras que se prostituyan en cautiverio en distintas provincias del país.
La joven fue devuelta a sus padres, que residen en la zona de Pozo Azul. (Territoriodigital)
 
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