| El Sagrado Corazón de Jesús |
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| lunes, 16 de junio de 2008 | |
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El mes de Junio esta dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Esta devoción ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se meditaba sobre la herida que el soldado romano que se hallaba al pie de la Cruz, provocó en el costado del Redentor, de la cual brotó agua y sangre de su corazón desgarrado.
Hay quienes consideran a San Juan el Evangelista el iniciador de esta devoción cuando al reclinar su cabeza sobre el pecho de Nuestro Señor, en la Ultima Cena, escuchó los latidos de su corazón. El paso de los siglos ha dejado en evidencia como el mal ha crecido y se ha difundido de manera alarmante. Sin embargo, en forma paralela, el culto al Sagrado Corazón se difundió como ningún otro, recibiendo el mayor estimulo del Magisterio de la Iglesia. Esta devoción como culto público fue canonizada en el año 1765 por el Papa Clemente XIII, al incluirse desde entonces en la Santa Liturgia, esta festividad. La devoción al Sagrado Corazón está por encima de otras devociones porque veneramos al mismo Corazón de Dios, veneramos a Jesucristo, hijo de Dios y engendrado en María por obra y gracia del Espíritu Santo. Pero fue Jesús mismo quien, en el siglo XVII, en Paray-le-Monial, (Francia), solicitó, a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón, Nuestro Señor se le apareció y le mostró su Corazón a Santa Margarita María de Alacoque. Su Corazón estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y del interior de su corazón, salía una cruz. Santa Margarita escuchó al Señor decir: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor”. Con estas palabras Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su Sagrado Corazón. La devoción en sí está dirigida a la persona de Jesucristo y a su amor no correspondido, representado por su Corazón. Sin duda alguna son dos, los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe, reparemos, pues, nosotros con obras de amor, los desamores de muchos, el pecado de los que se alejan de Dios. Y también, la devoción al Corazón de Jesucristo nos lleva hasta una «consagración» a Él, a ofrecerle todo lo que somos y todo lo que podemos. Cuando uno recibe mucho, queda atraído, queda cautivado por esta infinita condescendencia, y no puede sino amar, consagrarse a este amor. Estamos en junio, mes en que tradicionalmente nos encomendamos a la misericordia amorosa del Corazón de Jesucristo, pero sería muy bueno que también confiáramos a El, toda la comunidad parroquial de San Antonio, que celebra la fiesta patronal, porque queremos vivir en la confianza que da sentido a toda nuestra vida y obrar. Presbítero Armando R. Vera - Cura Párroco - Parroquia San Antonio de Padua |
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