| Fued Chemes |
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| lunes, 16 de junio de 2008 | |
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Somos como un pelito que apenas deja su sombra en el inconmensurable conglomerado humano, pero esa sombra puede proyectarse de menor a mayor cuando quien la produce cumple más allá de lo común en el ejercicio de sus funciones y en la actividad comunitaria.
Fued Chemes, a quien nos vamos a referir en emocionado recuerdo, habla de la familia Chemes en nuestro libro “Un lugar llamado Yerbal Viejo” –Testimonio 3 “Del Líbano a Yerbal Viejo”, comenzando así: “el primer libanés instalado en Oberá en forma definitiva fue Fidel Chemes quien en 1927 abrió un negocio. Compró para ello la casa de Gustavo Nilsson en las calles Sarmiento e Ingenieros actuales. Al iniciarse lo hizo en una casita de madera, pero prontamente edificó un local de material que aún existe y que integra el Colegio Mariano… Curioso resulta conocer la causa de la venida de Fidel, en efecto, un bastonazo de su hermano mayor fue el determinante, aunque también influyó el afán de independizarse y coronar su trabajo iniciado por las calles con una valija a la edad de 14 años como todos los de esta raza en un comienzo. En 1929 llegó con una carga por valor de $ 10.000, enorme suma para esa época y así instaló el primer negocio bien organizado de Oberá, ya que tenía de todo. Incursionando en la agricultura adquirió una chacra en Guayabera con 140 Has., instaló allí un secadero de yerba-barbacuá y luego rotatorio, mucho más adelante concretó una plantación de te.” En el comentario final de la extensa nota escribe Fued: “ Aportaron lo que pudieron, son parte de la ciudad actual pues cada uno en su labor, buscando la superación, permitió el Oberá de hoy. el pasado quedó en el recuerdo. Pero esta gente, sin duda, al igual que los colonos suecos y de otras naciones, se afincó en Oberá y se fueron ya de edad, quedando la mayor parte. Ello es el mérito que debe reconocerse. Fueron y son gente de trabajo, ingredientes estos que hicieron a Oberá”. Nos pareció necesario, para que el recuerdo tenga más fuerza, relacionar la llegada de su padre con el comienzo de ese Oberá, entendiéndolo en parte como causa por la que desde su corresponsalía periodística tanto bregó. Y adentrándonos en esos recuerdos nos parece verlo hoy en su escritorio en la casita de madera que ocupaba y que fue todo un grito de arquitectura para la época ya que supo hacerse llamar pionera estando ubicada al despertar la calle Ingenieros, frente a la Policía “Se le preguntó (a don Eynar Pritz Nilsson) si la casa donde vivía Fued Chemes (1928) era suya, respondió “Sí, era mía, yo la hice en el año 1920, cuando tenía 20 años .la madera la aserramos yo y otro compañero fallecido ya. Esa casita tiene 68 años” (1968) “¿Había otras casas además de la suya? Fue la pregunta siguiente a lo que Einar contestó “Había solo un ranchito, que era la Policía” (“Un lugar llamado Yerbal Viejo”- (pág.291) y ese escritorio pintaba de cuerpo entero a su inquilino a perpetua, es que allí estaban en sus anaqueles muchos y variados libros con los que saciaba su sed de aprender, analizar y comentar palabras escritas que se presentaban en cada tomo en distintas posiciones literarias pero que tenían que ver con su profesión de periodista. Pero había mas , que lo grueso se encontraba escondido en sus carpetas que, como corresponsal del diario “El Territorio” en Oberá se referían a aspectos políticos, sociales, urbanos, en fin a todo eso que conforma el abc del periodismo del interior en aptitud de vuelo. y que por aquellos años, en lo que hace a la faz económica, tenía un centro neurálgico para un pueblo en expansión ubicado en la Cooperativa Agrícola cuyo gerente, don Adolfo Iglesias lograra, mediante su inteligente accionar y fluídos contactos porteños (fue Ministro de Economía de Misiones), datos y opiniones de primar fuente que facilitaban la labor periodística responsable y eran ocupados por Chemes, en esa su alquimia periodística producida en su escritorio y que daban fe columnas y páginas enteras con sustanciosos artículos en lo que pintaba de cuerpo entero a Oberá, ese Oberá que seguía asombrando a la provincia.- Narrador infatigable, lo recordamos en nuestras continuas charlas como desgranando, sin prisa, pero sin pausa, conceptos previamente analizados , los que, en algunas ocasiones se transformaban en polémicos. Y así este hijo de libanés que periodísticamente acompañó con sus notas el desarrollo obereño, trataba de no torcer su brazo en demasía como corresponsal cuando disentía con la opinión editorial patronal, y sí utilizaba su especial personalidad periodística que le permitía no llegar al choque, sin embargo en alguna oportunidad, tal como lo recordamos, tuvo que cruzar la calle Ingenieros desde la Policía donde estuvo detenido por algún escrito, a su casa cubriendo el recorrido con un ramo de flores en la mano que le habían entregado. Cuando nacimos a la vida periodística con Pregón Misionero y casi casi cometíamos un desacato al absolutismo del único órgano de difusión existente en la provincia, Fued nos estimulaba y nos alentaba a para que sigamos con esa tarea – la de periodista-. A la que tanto quería y ese apoyo nunca tuvo fisuras, así es como contribuía con sus colaboraciones y especialmente recordamos cuando llegamos al número 1000 y dedicó una poesía al matrimonio editor de Pregón. En esta especialidad literaria, tanto como en la prosa Chemes incursionó felizmente, habiendo alcanzado lauros. Como se puede apreciar, este viejo amigo nuestro y de Oberá tuvo más que motivos para provocar el recuerdo que a través de este escrito puede llegar a las generaciones jóvenes que no conocieron su trayectoria. Un periodista íntegro, honrado a carta cabal y que supo ejercer su profesión apoyado en la investigación y hacer del periodismo su apostolado a la vez que su pasión. Su fallecimiento ocurrido en Posadas -su refugio final- significa la desaparición de uno más de aquellos periodistas de viejo cuño ,modelos ya en extinción, pero que mantendrán vivo su recuerdo en pueblos y ciudades donde tuvieron la suerte de participar en tiempos de construcción de pueblos. Adiós amigo Fued ¡Misión cumplida! Bandera y sentimiento “Las tropas ocuparon sus puestos de combate. Eran las seis y media de la tarde, y en aquel momento se enarboló en ambas baterías la bandera azul y blanca, reflejo del hermoso cielo de la patria, y su ascensión fue saludada con una salva de artillería. Así se inauguró la bandera argentina. (Bartolomé Mitre – “Historia de Belgrano y de la independencia argentina”- Tomo II, Buenos Aires, 1902) Nuestro recordado amigo Erasmie nos confiaba en una oportunidad que, en ocasión de visitar Suecia, vio flamear la bandera argentina y la emoción lo embargó, es de imaginar que quienes por motivos ajenos a su voluntad tuvieron que exiliarse o emigrar a otras tierras lejanas y en esa soledad en compañía que parece producir la lejanía ¡cuál no será la emoción cuando en un consulado argentino que es jirón de patria en tierra ajena, puede verse izada la bandera nacional! Y si cierto es que los que vivimos cobijados por ella por el solo hecho de tenerla allí ,a diario, se nos pasa inadvertida y, casos hay en que se quieren soltar sentimientos en actitud de rebeldía nacional pretendiendo minimizarlos, sin embargo basta que tengamos que concurrir a la pequeña y emotiva ceremonia escolar apoyando a nuestros hijos y que los colores de nuestra bandera aparezcan ante nosotros par que renovemos nuestra fe patria, o que la observemos utilizada para acreditar nacionalidad como la solemos ver en profusión en actos de protesta o en manifestaciones de cualquier tipo, o, simplemente, cuando sus colores lideran la camiseta deportiva de las selecciones en confrontación mundial, olímpica o zonal, o cuando, con esos colores pasan frente a nuestro ojos vestimentas de bailes tradicionales argentinos; en fin, en una u otra circunstancia de nuestra vida ella preside el día y hasta se muestra de noche. La cohesión entre bandera y gente es al fin de cuentas un pacto estrecho de sentimiento nacional que se adentra en nosotros y que hace que se nos identifique, más allá de los que medrando con la historia o queriendo sobresalir, disminuyéndola, se ocupen en investigar si los colores patrios, si la escarapela, si la bandera, si el himno, si los próceres, si el 25 de mayo , si el 9 de julio…. Ya próximos al bicentenario de la Revolución de Mayo podemos contabilizar al menos que han pasando cuatro generaciones de argentinos que no solo la respetan, sino que más allá de ello han hecho de sus colores y de su creador don Manuel Belgrano el ejemplo de lo argentino. Bienvenido sea. Por ello y por todo ello el próximo viernes 20 la recordaremos con cariño, así como a su creador.
Aldo Rubén Gil Navarro Director Pregón Misionero |
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