| Las flores de la Gitanita (Final) |
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| martes, 06 de mayo de 2008 | |
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Resumen: Dije en el primer capítulo del éxito que he logrado cultivando plantas y flores y que me referiría en este cofre al procedimiento curioso y cierto usado para obtener el mismo, para lo que relaté la historia de un matrimonio de gitanos, preso por estafas en Paraná, en la época en la que yo estudiaba abogacía.
Que tenían una hija de 18 años llamada Junia, llena de virtudes morales, culturales y físicas, quien llevaba todos los días a su madre a la policía un hermoso ramo de flores. Que trabé amistad con ella proponiéndole un noviazgo que juzgue apresurado, si bien quería continuar la amistad, la que sosteníamos reuniéndonos día de por medio en el Parque Urquiza frente al Río Paraná. Que un día me obsequió con uno de esos hermosos ramos de flores, expresándome que lo hacía con todo cariño. Continuación: Pregunte a Junia en porque del obsequio, respondiéndome que lo hacía por mi manera de respetarla y alegrarla con mi compañía. Quise saber donde obtenían flores tan hermosas, contestándome que la cultivaban en los jardines de su casa. Le pedí me enseñara el procedimiento necesario para poder cultivar algo igual y entonces comenzó a exponerme el sistema. Lo hacía con una suficiencia intelectual notable y empezó haciéndome ver que cultivar plantas y flores era exactamente lo mismo que cultivar nuestra propia alma. El jardinero debe amar lo que hace. Quien cultiva solo para comerciar, jamás va a obtener flores tan lindas como el que lo hace con pasión. Nunca plantes en tierra dura -siguió- porque ella representa la dureza del alma humana, de donde nunca sale nada bueno. A la tierra como al alma tenemos que ablandarla si queremos obtener frutos. Trabaje en días cálidos, nunca en días tristes y fríos, porque lo que hace el hombre sin calidez nunca da resultado y me repitió esa frase: Nunca comiences una empresa los días fríos y desapacibles. Planta si estas contento y feliz en ese momento. Nunca lo hagas si estas descorazonado y menos si estás enojado. A la planta hay que transmitirle alegría. Nunca trabajes hasta pasada la siesta, porque si la riegas antes el sol del mediodía va a recalentar el vapor del agua y quemar la planta, como las pasiones desmedidas y fuera de lugar, queman el alma. Planta hondo, para que la raíz no se doble, como se doblan muchos seres humanos para mal del mundo. Más vale cortar el pedazo doblado de la raíz y plantar solo la parte firme. No coloques la planta enteramente vertical, porque el magnetismo que viene del norte, la inclinará hacia el sur. Oriéntala suavemente hacia el norte y el influjo cósmico de ese sector, la enderezará, pero cuida darle una inclinación prudente y moderada, para que no te pase como a las personas que obran sin control. Deja siempre un buen espacio entre una y otra planta, para que puedan respirar y no se ahoguen, como tantas veces hacemos nosotros, ocupando todos los espacios y no dejamos crecer o respirar a los demás. Nunca aprietes o presiones la tierra sobre la planta para sostenerla, porque la vas a asfixiar, como la asfixian entre ellos los seres humanos para sobrevivir o triunfar. Modela la tierra con delicadeza y cariño, como si estuvieras acariciando a la chica que mas te gusta. Planta con música al lado, para emocionar a la planta como nos emocionamos nosotros con los sones musicales. Si buscas plantas robustas, como las hortensias por ejemplo, haceles escuchar música marcial, pero a un delicado pensamiento, proponle un suave vals. No te acuestes por la noche ni te levantes de mañana, sin conversar con lo que plantaste. Así le darás fuerzas para soportar la oscuridad de la noche y los avatares del día. Y otros consejos que conformaban una conjunción mística de jardinería práctica, entremezcladas con normas de conducta del alma humana. Meses después sus padres quedaron libres, no era tan grave la cosa. Junia faltó a dos citas. Yo buscaba desesperado la manera de ubicarla, cuando un milico, ayudante de mi tío, me entregó una esquela de ella, citándome a un lugar y hora determinada. Allí me dijo que sus padres, avergonzados por la ignominia de su prisión, abandonarían Paraná, para radicarse en Valparaíso, Chile, donde tenían campos y propiedades. Teníamos que despedirnos. Era un día muy frío y triste. Nunca olvidaré nuestra última conversación. Junia, sonriendo suavemente me dijo: “Si seguís con la idea de nuestro noviazgo, tendrás que hablar hoy con mis padres, porque mañana ya no estaremos aquí...” Hasta hoy no se si lo dijo por deseo, por ilusión, en broma o por decir algo. Buscando salir del paso ante tan inesperadas palabras solo atiné a contestarle “que me gustaría mucho pedirla como novia pero estábamos en un día muy frío y triste. No te olvides, le dije, que vos misma me enseñaste que todas las empresas que comienzan en un día desapacible terminan mal. Obremos con prudencia esperando los días cálidos y tal vez en cualquier momento me veas por Valparaíso para hablar con tus padres...” Después, como desgraciadamente me ha pasado con tantas amigos y amigos de la adolescencia, nunca más volví a verla... a pesar que estuve tres veces en Valparaíso, pero ya con mi esposa y mis hijos. Pero a partir de entonces, planté con éxito cientos de plantas con hermosas y perfumadas flores, siempre siguiendo al pie de la letra sus consejos. Más aún, tratando de lograr que las mismas crecieran mas lindas todavía, a todas sus indicaciones agregué invariablemente una más por mi propia cuenta. ¿Saben cual?: Acordarme y pensar en Junia mientras las estaba plantando... Enrique Gualdoni Vigo Escritor |
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