Anciana vive en la calle y pide una casa para su seguridad

Jueves, 05 julio 2012 08:03

Una bolsa con algunas bananas maduras, un plato hondo y una campera. Son las únicas pertenencias de María Luisa Núñez (75), una anciana que desde hace tres años sobrevive en la calle y se alimenta gracias a la caridad de algunos comerciantes.
Comentó que de noche duerme en un rincón de la ex Terminal de ómnibus y a la mañana camina un par de cuadras hasta la plazoleta de avenida Sarmiento y Formosa, donde aprovecha la fuente para asearse y saca agua para su improvisado tereré.
“Antes tenía un termo y un matecito, pero me robaron en la terminal. Ahí siempre me roban todo, el otro día me sacaron la frazada. Hace mucho que no tomo mate, sólo tereré acá en la plazoleta”, dijo con algo vergüenza.
Su tereré es un pote de mermelada con una pajita plástica en vez de bombilla, la misma yerba de varios días y el agua de la fuente de la plazoleta. Incluso, reconoció que a veces se lava en el lugar porque en el baño de la terminal “es muy peligroso”.
Apesadumbrada por su situación de pobreza extrema, la anciana señaló que hasta hace tres años residía en una precaria vivienda en el barrio Villa Blanquita, donde tenía lo mínimo imprescindible para vivir con cierta comodidad.
“Tenía mi cama, un roperito, cocinaba y vivía bien, pero como soy sola un día vino una gente y me echaron, me pegaron y quedé en la calle”, detalló.
Aseguró que unos vecinos la acogieron los primeros días pero después tuvo que irse. Sin parientes en la ciudad se cobijó en la ex Terminal y desde entonces pasa las noches ahí. “Gracias a Dios ahora no hace tanto frío, pero cuando hay helada duermo parada. No es lindo vivir así, uno sufre mucho. La noche veo cómo se drogan, me robaron y a veces te quieren hacer de todo”, reconoció con los ojos tristes.
Dijo que pidió ayuda “a todo el mundo, pero no consigo una casita”, al tiempo que subrayó: “Voy a pedir las cosas, pero nunca voy a robar como a mí me robaron las pocas cositas que tenía”.
“Siempre fui trabajadora, antes en la chacra en Campo Ramón y después en casa de familia. Pero ahora no me toman más. Mis hijos están en Buenos Aires y no sé nada de ellos”, lamentó.
A pesar de su deplorable situación, doña María Luisa se acordó de los comerciantes y vecinos de la zona que le dan algo de comer, aseguró que no posee documentos ni percibe jubilación ni pensión. (Territoriodigital)

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