Presos usan celulares smartphones para sobornar a vigilantes
En la cárcel de Oberá utilizarían telefónos de alta gama para comunicarse y en caso de ser descubiertos no ser castigados. Tras conocerse que Jorge Alberto Da Rosa, uno de los dos condenados por el asesinato del abogado Roberto Del Balzo, gozaba de privilegios y hasta accedía a su cuenta de Facebook desde la Unidad Penal Dos, fuentes de la institución confiaron que los internos utilizan teléfonos caros para evitar sanciones, ya que de esta forma los guardias se quedarían con los aparatos que son hallados en las requisas.
Según averiguó El Territorio, los reclusos tratan de acceder a celulares que cuesten entre 1.500 y 2.000 pesos para poder sobornar con estos al personal en caso de ser descubiertos, puesto que tener un teléfono en la celda se considera una falta grave que conlleva una pena de hasta quince días de aislamiento.
Al respecto, una fuente explicó que “los internos se dieron cuenta de que el personal informa si el teléfono es común, pero si es un aparato caro y lo encuentran se quedan con el celular y no abren la boca. Por eso prefieren tener un teléfono bueno, porque saben que así no van a tener consecuencias y no los castigan”.
Esta metodología se habría impuesto en los últimos meses a partir de requisas anteriores que arrojaron una importante cantidad de secuestros. En el período 2010/11 el personal de la Unidad Penal Dos halló una docena de teléfonos celulares en poder de los reclusos.
Uno de los casos más resonantes fue protagonizado por Rubén Schming, quien estaba detenido por el crimen de María Elena Bárbaro y tenía en su poder un celular que fue requisado por personal de la penitenciaría.
Tras las averiguaciones de rigor se pudo establecer que el aparato ingresó al penal a través de los familiares del reo durante el horario de visita.
Desde el SPP reconocieron que encontrar un teléfono en poder de un interno “es una falta gravísima, sobre todo por el tema de los secuestros, de lo que se habló mucho o porque el recluso podría estar planeando una fuga o solicitando ayuda externa”.
Llamativamente, en lo que va del año, no se informó sobre el secuestro de teléfonos en la cárcel de Oberá, lo que abonaría la hipótesis de que los internos disponen de celulares costosos para poder sobornar a los guardias.
“Hay presos que hasta tienen Facebook. Hay un gran descontrol y mucho tiene que ver que en las cárceles hay mucho acomodo, lo que hace que el personal se relaje y haga la vista gorda por interés o directamente porque no tienen ganas para trabajar”, comentaron.
Un abogado confió a este medio que su cliente fue sorprendido con un teléfono de alta tecnología y no tuvo consecuencias porque los guardias que llevaron adelante la requisa se quedaron con el aparato y no informaron de su hallazgo.
Actualmente, la Unidad Penal Dos tiene alojados 320 internos, entre procesados y condenados.
El antecedente, Jorge Da Rosa
Jorge Alberto Da Rosa, uno de los dos condenados a reclusión perpetua por el asesinato a balazos del abogado Roberto Del Balzo, habría contado con varios privilegios durante meses en su celda de la Unidad Penitenciaria de Oberá, y hasta se encargó incluso de mantener activa su cuenta en una red social mientras se llevaba a cabo el juicio que enfrentó durante mayo y junio.
La accesibilidad a comunicaciones prohibidas para una persona que purga con cárcel por un delito en el que fue apuntado en el veredicto como quien gatilló el arma asesina, fue confirmada a este medio por el círculo íntimo de amigos y familiares de quien en vida fuera un ascendente abogado del foro local. El trascendido que luego sería confirmado de acuerdo a fuentes cercanas a la Justicia, detalló que Da Rosa contó con dos aparatos celulares habilitados con los que se encargaba casi a diario en postear su vida a la red social Facebook. La aparente connivencia con sus guardias del Servicio Penitenciario Provincial, no sería el único caso, ya que al parecer otros tantos reclusos en el mismo penal gozaron o gozarían de la misma posibilidad de acceder a distintos tipos de comunicación móvil.
Los allegados a los familiares directos al abogado asesinado se mostraron preocupados por la posibilidad de que los dos condenados a perpetua mantengan contacto diario con amigos fuera del penal, teniendo en cuenta que precisamente, Da Rosa intentó hasta último momento convencer al jurado que no fue él que disparó contra Del Balzo y hasta de involucrar a la novia del letrado, Maia Sarjanovich.
Da Rosa le propinó a Del Balzo el cuarto tiro, el del remate, con el arma de su cómplice y coautor del asesinato el exagente de Policía, Cristian Kondratiuk, el pasado 31 de octubre de 2009 en un barrio céntrico de Posadas. (Territoriodigital)
Trackback desde su sitio.


















