Siguiendo mis recuerdos franciscanos, me vino a la memoria una poesía del poeta Angiolo Silvio Novaro, que tuvimos que memorizar en 3er. grado y quiero compartirla con ustedes, titulada: “San Francisco y el lobo”.
“San Francesco e il lupo”
Viveva un dì, narra un’antica voce
intorno a Gubbio un lupo assai feroce
che aveva i denti più acuti che i mastini
e divorava uomini e bambini.
Dentro le mura piccole di Gubbio
stavano chiusi i cittadini e in dubbio
ciascuno della vita. La paura
non li lasciava uscire dalle mura.
E San Francesco venne a Gubbio, e intese
del lupo, delle stragi, delle offese;
ed ebbe un riso luminoso e fresco,
e disse: “O frati, incontro al lupo io esco!”.
Le donne avevano lagrime così
grosse, ma il Santo ilare e ardito uscì.
E a mezzo al bosco ritrovò il feroce
ispido lupo, e con amica voce
gli disse: “O lupo, mio fratello lupo,
perché mi guardi così ombroso e cupo?
Perché mi mostri quegli aguzzi denti?
Vieni un po’ qua, siedimi accosto e senti:
Io so che tu fai molto male a Gubbio
e tieni ognuno della vita in dubbio,
e so che rubi uccidi e non perdoni
nemmeno ai bimbi, e mangi i tristi e i buoni:
Orbene ascolta: come è vero il sole,
ciò che tu fai è male. Iddio non vuole!
Ma tu sei buono; e forse ti ha costretto
a ciò la fame. Ebbene, io ti prometto
che in Gubbio avrai d’ora in avanti il vitto:
ma tu prometti essere onesto e dritto
e non dare la minima molestia:
Essere insomma una tranquilla bestia.
Prometti dunque tutto questo, dì?”.
Il lupo abbassò il capo, e fece: “Si!”.
“Davanti a Dio tu lo prometti?”.
E in fede il lupo alzò molto
umilmente un piede.
Allora il Santo volse allegro il passo
a Gubbio, e il lupo dietro, a corpo basso.
In Gubbio fu gran festa, immenso evviva:
scoppiò la gioia, e fino al ciel saliva.
E domestico il lupo entro rimase
le chiuse mura, e andava per le case
im mezzo ai bimbi come un vero agnello,
e leccava la gota a questo e a quello.
E poi morì. E fu da tutti pianto
e seppellito presso il campo santo.
“San Francisco y el lobo”
Vivía, cuenta una fábula antigua,
cerca de Gubbio un lobo feroz
que tenía los dientes más agudos que los perros
y devoraba hombre y niños.
En las pequeñas murallas de Gubbio
estaban encerrados los ciudadanos temiendo
cada uno por su vida. El miedo
no lo dejaba salir de los muros.
San Francisco vino a Gubbio, y supo
lo del lobo, de sus estragos, de sus ofensas;
y tuvo una sonrisa luminosa y fresca,
y dijo: “Oh hermano, yo salgo a encontrar el lobo!”.
Las mujeres tenían lágrimas tan
grandes pero el Santo alegre y valiente salió.
En medio del bosque encontró al feroz
híspido, y con voz amiga
le dijo: “Oh lobo, hermano mío lobo,
porqué me miras tan enojado y tenebroso?
Por qué me muestras tus dientes afilados?
Ven aquí, sentante al lado mío y escucha:
Yo sé que tú haces mucho mal a Gubbio
y tienes a cada uno con miedo por su vida,
yo sé que robas, matas y no perdonas
ni a los niños, y comes los malos y los buenos:
Ahora escucha bien: como es verdadero el sol
lo que tú haces está mal. Dios no quiere!
Pero tú eres bueno; y tal vez te obligó
a hacer esto el hambre. Ahora yo te prometo
que en Gubbio tendrás de ahora en adelante comida;
pero tú debes prometer ser honesto y recto
y no dar ninguna molestia:
En fin ser una bestia tranquila.
Prometes entonces todo esto? dímelo.
El lobo bajó la cabeza y dijo: “Si!”
“Delante de Dios lo prometes?”
Y en acto de promesa el lobo levantó
humildemente una pata.
Entonces el Santo volvió alegre a Gubbio,
y el lobo detrás cabizbajo.
En Gubbio fue gran fiesta, un inmenso viva!
explotó la alegría que salía hacia el cielo.
El lobo ya domesticado quedó allí
entre los muros, e iba de casa en casa,
en medio de los niños como un verdadero cordero,
lamía las mejillas a éste y aquél.
Después murió y fue llorado por todos
y sepultado al lado del cementerio.
Dra. Teresa María Luisa Morchio de Passalacqua