Ya he bautizado con este nombre a mi gran amiga Olga Zamboni que, juntamente conmigo y con otros colegas que ya no están en Oberá, ha fundado hace 35 años la Feria del Libro que duró dos días y se desarrolló con el Acto del Instituto Carlos Linneo que tuvo como título “Urgando los anaqueles” (yo hice aquí mi gringada pública escribiendo en el programa urgando sin “h”) pero con h o sin h, Olga se lució, la gente aplaudió mucho y la Feria puso su primer ladrillo.
Olga tuvo presencia perfecta en los 35 años de vida de la feria y todos le auguramos que sea por muchos más.
Este año el libro que presentó en la Feria se llama: “Vestida de Colores”.
Es un texto formado de los colores que se ven y se sienten, en prosa y poesía.
Colaboraron con ella Trini Álvarez y Tito Busse.
Realmente para gozar de tanto maravilloso mundo el lector debe prepararse para no sólo “ver” sino “sentir” y palpar el lenguaje del color. Esto Olga lo pone como alerta en el prólogo para que el lector aprenda a leer, sentir, comprender y aceptar el valor del color en la vida.
Cada cual tiene su color preferido en su pureza o cuando, mezclado con otro, crean colores nuevos. También el gusto personal influye: Olga confiesa que su color preferido es el verde, el mío es el azul y cada lector tendrá el suyo.
Si del prólogo pasamos al texto, entramos en el país del color unido al de la música y de la palabra.
Los ojos empiezan a ver “en colores” y las palabras se llenan de distintos sentidos según el color con que se comunica con el mundo exterior.
A menuda el color es el reflejo de un determinado estado de ánimo en un determinado momento.
Ejemplo: el “amarillo” algunos lo definen color primero, se lo indicó como emblema de la envidia, desesperación y anemia; sin embargo, amarillo es el sol, la vida, el ser.
La luz blanca refleja los rayos amarillos como una margarita al revés o un girasol gigante suspendido entre los cielos y nosotros. Amarillo es el oro que tengo junto a un fuego amarillo.
Son amarillas las doradas cañafístolas que amarillean en el largo verano las avenidas de Posadas.
Y amarillo es el Cristo de Gauguin.
De esta forma tan maravillosamente poética, los tres artistas cantan los reflejos del “negro”: color del humo, del azabache, del carbón y del jade negro.
Del “verde”: color del cielo sobre el mar, del Ganjes ritual, de los bosques de piedras esmeraldas.
Del “lila”: color de las glicinas que perfumaban el patio de la abuela.
Del “marrón”: color de ojos, de cabellos, de caballos y que raramente fue inspiración de poetas.
Anaranjado: para definirlo Olga cita de entrada cuatro versos de Federico García Lorca:
Alma
Ponte color naranja
Alma
Ponte color de amor
Y agrega algún momento y expresiones y juegos de su niñez para terminar con estas palabras:
Y de color mismísimo
Decía mi hermana
Era la voz de mi madre
Cantando por la casa.
Rojo:
El color de la tierra
Que vio un paso y sostiene
Mi peso.
Color de la sandía
Que en agonía pintaba Frida Kahlo.
Rojo le queda bien a las morenas
Decía mi madre
Por eso nunca me vistió de rojo.
Rosales son los adornos floridos de las
Casas antiguas.
Morado:
Mi alumna preferida se llama
María
Morado y jugaba con sus compañeros
Bajo la morera del patio
Cuyos frutos teñía los labios, los dedos
Y los dientes de los niños en el patio.
En semana santa el color tomaba
El sentido del misterio y dolor divino.
Hasta que la gloria de pascua lo anulaba.
En vidrios turbios de alguna ventana de café.
Sin color:
Me moría
Memoria
Mostro sin línea
Recuerdo
Vapor
Ola de aire
Quién eras
Donde tu voz y tu mirada
Una música
Un verano
Y
Tal vez
Solamente
Desteñido, incoloro,
Eso
Y sin color
Moría.
Y la lluvia caía inacabable
La ciudad revivía
Sin color en la tarde cristalina.
Blanco:
La lluvia blanca y sorda de los diluvios
Otoñales (Horacio Quiroga)
Es algo así como una nada
De posibilidades cuantiosas y
Abiertas
A ser toda la escala de Arcoiris
La luz es blanca
Y me gusta cuando calla
Y es solo esto: el blanco.
Siete colores:
Gama esencial de los sonidos
De los colores y de las esferas planetarias.
Número de los planetas y sus deidades,
De los pecados capitales y sus oponentes.
(Cirlot)
Dra. Teresa María Luisa Morchio de Passalacqua