Hace unos pocos años, un canal de televisión nacional, emitió un programa donde por medio del voto popular y las orientaciones de un cuerpo de historiadores, se buscaba ubicar al argentino más grande de todas las épocas. Si bien estos espacios tienen fines de lucro comercial y no siempre son serios en materia de votaciones, el programa no dejaba de ser interesante, aunque no causaba mucha inquietud por el resultado, ya que desde el comienzo del mismo, nadie que tuviera dos dedos de frente podía dudar que el elegido no podía ser otro que el General José de San Martín, cosa que sucedió.
Hubo algunas rarezas, como por ejemplo figuras de la talla de Belgrano, Güemes, Moreno, Irigoyen, Perón o Eva Perón, o el mismo Carlos Gardel, que fue una especie curiosa de símbolo nacional, fueran superadas por figuras de pobre relieve, artistas, deportistas y personajes en general que vivieron logrando dinero y fama supongamos con “las piernas”, caso Maradona o Susana Giménez, por ejemplo.
En cambio fue aceptable la final, entre San Martín y Favaloro, que no sé si será realmente el segundo, pero que nadie duda que fue uno de los argentinos más grandes.
Todo esto me ha movido a escribir este cofre, partiendo de la base de una pregunta que hago a todos los lectores: desde que gozamos de uso de razón, tenemos en nuestra mente al General San Martín como el héroe máximo de la patria, pero alguna vez nos hemos detenido a analizar la historia de su vida, comprobar si realmente merece el lugar que ocupa, las cosas en las que brilló, los errores que pudo haber tenido y en fin, todas las circunstancias que rodearon su existencia. Creo que muy pocos lo han hecho.
Hoy quisiera analizar su vida, si bien sé que a los lectores le interesan más los cofres anecdóticos, tristes, risueños o pasionales que los históricos, pero creo a nadie va a aburrir una indagatoria sobre la manera como vivió nuestro máximo prócer, una vida que en general fue bastante rara y curiosa. Ojalá por lo menos entretenga.
José Francisco de San Martín nació en Yapeyú, capital entonces de la provincia jesuítica española de Las Misiones. Hoy es un pueblo perteneciente a la provincia Argentina de Corrientes y allí comienzan las incógnitas sobre su vida. Le pasó algo similar a lo que le sucede a muchas personas, entre ellos varios pobladores obereños, que un día fueron rusos, después ucranianos y más tarde polacos, de acuerdo a las modificaciones que por política o diplomacia, tuvieron los lugares donde nacieron por cambio de nacionalidad de los mismos.
Cabe preguntarse entonces, era español o era argentino. Nació español, nación a la que pertenecía Yapeyú, Argentina no existía como estado soberano. Nosotros lo consideramos íntegramente argentino, por haber nacido en un lugar que hoy pertenece jurídica y políticamente a nuestra República.
Además, de vivir hoy, tendría las dos nacionalidades, ya que la argentina acepta la nacionalidad por herencia de los padres.
Su cuna fue acomodada. Su padre era el gobernador de la provincia de las Misiones Jesuíticas. Vivió en Yapeyú siete años, edad que se reconoce como el comienzo del uso válido de razón y luego vivió, estudió y se militarizó en España durante 27 años, regresando al país cuando tenía 34.
Dejando de lado ese detalle enunciado, que no influye mucho sobre su actuación, dividiré el análisis de su vida, en dos partes: su accionar bueno y brillante por un lado y sus errores humanos con posterioridad, para llegar a una especie de dictamen final. Comienzo con lo bueno. Ingresó el ejército español, recibiéndose de oficial aproximadamente a los 20 años de edad. En esa época España tenía como enemigos a varios países, pero la lucha central, la llevaba a cabo peleando contra los franceses de Napoleón.
Su genio militar, afloró desde el comienzo, desempeñándose con habilidad, estrategia y bravura, especialmente en 1809 en la Batalla de Bailén, ganada a los franceses, donde actuó heroicamente al extremo que fue ascendido a teniente coronel a los 31 años.
En plena guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y España, su dominadora, pidió la baja del ejército galo y se decidió a luchar por la soberanía el país donde había nacido, el nuestro.
Ya en Buenos Aires ofrece sus servicios al triunvirato, que lo asciende a coronel y le encomienda la creación de un regimiento de caballería.
Contrae matrimonio con una jovencita de 14 años: María de los Remedios Escalada, argentina de nacimiento lo que lo une más espiritualmente a nuestra tierra.
Con habilidad y rapidez organiza el regimiento que se le había solicitado, un cuerpo pequeño, de pocos soldados, pero a quien el destino ha colocado como el regimiento más famoso y glorioso de la Historia Argentina: el de Granaderos a Caballo.
Dirigiéndolo “limpia” de españoles las costas del río Paraná, con acciones personales llenas de valentía, que ponen en peligro su vida, salvada milagrosamente en el Combate de San Lorenzo por dos soldados suyos: el puntano Juan Bautista Baigorria y el correntino Juan Bautista Cabral que muere heroicamente en ese acto.
Actúa entonces por única vez en su vida en política, colaborando con la caída del primer triunvirato que gobierna despótica y equivocadamente en su accionar.
El segundo triunvirato lo nombra jefe del Ejército del Norte, que intenta tomar Perú, lugar poderoso de los españoles, luchando por el Alto Perú (hoy Bolivia).
Recibe cuerpo militar, derrotado ya en dos campañas, con algunos jefes y oficiales irresolutos, sin disciplina, con errores militares, toma de pueblos con violencia, robos, ataques a las iglesias, violaciones de mujeres, amantes del juego y en poco tiempo, con energía y sabiduría lo jerarquiza militar y moralmente.
Continuará.
Enrique Gualdoni Vigo
Escritor