Dos grandes del Sur

Martes, 07 agosto 2012 09:08

Próximos a recordar el 162º aniversario de la muerte de don José de San Martín queremos una vez más resaltar gestos del prócer que pueden calar hondo como ejemplo de vida y ética, actitudes en las que, empleando inteligente serenidad, estrategia, coraje y disciplina, este constructor de patrias, realizó la hazaña de dar la independencia a Chile y el Perú e impedir que vuelvan los ataques realistas o de cualquier otro origen al Río de la Plata.

30/7/1831: Carta a Rivadeneira
   El general José de San Martín escribió a su amigo el general José de Rivadeneira, comunicándole las últimas noticias de Europa, y explicándole la situación del continente europeo “amenazado de una guerra general”, según decía. También le confidenciaba de su situación económica y las maldades que le había infligido su apoderado en Buenos Aires y, también, que él había escrito al Dr. Manuel Moreno, pidiéndole 4000 pesos de los que haya cobrado o cobre a cuenta de la pensión de 9.000 pesos anuales que el primer congreso tuvo la generosidad de señalarme”, de los 12.000 pesos que le debía el gobierno.
22/7/1842-Carta a Zenteno
   El general José de San Martín escribió a su gran amigo don Ignacio Zenteno y le decía entre otras cosas, que le llenaba de satisfacción la carta que él había remitido del general Bulnes por la cual no solamente se le ofrecía una nueva patria sino que aprobaba del modo más lisonjero su conducta militar en Chile. Agregando: “El vivo interés que toma Usted en que fije mi residencia en Chile, es una nueva prueba que recibo de su amistad. He aquí los motivos que me lo impiden hacerlo en el día. El 12 de abril del presente año ha muerto repentinamente en España, donde había ido a ver una gran explotación de minas de carbón que había establecido en Asturias, mi antiguo amigo y compañero de regimiento de España, don Alejandro Aguado, marqués de las Marismas. Por su testamento, no solo me nombró en general albacea, sino también tutor y curador de sus hijos menores. Sin la más horrible ingratitud, yo no podía declinar este cargo, que la más pura amistad me ha legado…”
   Estos gestos de rectitud y humildad los encontramos también en lo que escribimos seguidamente en el marco del 229º aniversario del nacimiento del otro libertador de los pueblos latinoamericanos, Simón Bolívar, que se centrará en la entrevista de Guayaquil, encuentro de dos grandes hombres, entrevista que, por haberse librado sin intromisión de terceros y por ello sin testigos, su desarrollo ha sido tema de especulación, habiéndose en definitiva establecido una tesis que aparece como lógica teniendo en cuenta los antecedentes y las acciones posteriores a tal entrevista.
Los protagonistas
   ¡Cuán distinto los dos por el carácter, el origen y las ideas! Los dos son inteligentes, estratégicamente astutos y sociables; pero Bolívar es de carácter muy ambicioso de glorias, catapultado por el ímpetu y la vehemencia, mientras San Martín es siempre el hombre honesto y de criterio en sus resoluciones, nacido de familia sin fortuna en Yapeyú de las Misiones, mientras Bolívar, criollo puro, es hijo de marqués y de una de las familias más ricas e influyentes de Caracas, por otra parte, San Martín es americano por la única razón de nacimiento. De rancia estirpe de castellanos, desde pequeño se ha educado y vivido en España, se ha hecho oficial de los colegios militares de España y ha combatido en la guerra con los franceses. Inducido por la fuerte corriente liberal (logia Lautaro) desertó de los ejércitos españoles y ofreció sus armas al gobierno de Buenos Aires, con el fin  de lograr la anhelada libertad e independencia.    Ambos se sienten grandes. Por lo mismo no caben en un mismo campo de acción. Alguno de los dos tiene que retirarse el más sensato y abnegado.
La carta invitación
   25/7/1822- Carta de Bolívar a San Martín: “Es con suma satisfacción dignísimo amigo y señor, que doy a usted, por la primera vez, el título que mucho tiempo ha mi corazón le ha consagrado. Amigo le llamo a usted, y este nombre será el solo que debe quedarnos por la vida, porque la amistad es el único vínculo que corresponde a hermanos de empresas y opiniones….”. Luego le ruega vaya a la ciudad donde él se encontraba (Guayaquil) “en el suelo de Colombia” y le avisaba que iría a “encontrarlo donde quiera que Usted tenga la bondad de esperarme”
¿Porqué Guayaquil?
   Tras su triunfo en Carabobo, Bolívar piensa en una América todavía sometida al poder español. El triunfo está aguardando al hombre valeroso que se atreva a conquistarlo ¿Consentirá Bolívar que otro se le adelante? ¿Dejará que algún otro hombre le arrebate el título de Libertador por él acariciado? ¡Nunca! En marzo de 1822 emprende Bolívar la campaña de Quito. Triunfa en Bomboná. El 24 de mayo gana Sucre (su hombre de confianza) la batalla de Pichincha que abre a los patriotas las puertas de Quito. Allí el Libertador declara la incorporación de la presidencia de Quito a la República de Colombia. Pero hay otro interés: la ciudad de Guayaquil, de posición ambigua e inquietante para el guerrero, la que se había declarado independiente del poder español y se encuentra indecisa entre el Perú (sanmartiniano)  y Colombia (bolivariana) que la reclama como suya. Se presenta en Guayaquil y la ciudad, soberbia y agitada, se ofrece sumisa a sus pies. Y en este crítico momento asoma por la bahía el barco en que navega el general San Martín, el magnífico protector del Perú.
¿Qué motiva a San Martín?
   En el Perú le son motivo de preocupación las fuerzas españolas que aún se conservan por lo que –al menos oficialmente-  le trae el deseo de concertar la colaboración del ejército colombiano en la guerra contra los españoles.
   La suerte de la guerra ha puesto en contacto a dos soldados triunfadores, habituados a mandar sin réplica, absolutamente, a dos héroes que con igual fuerza conocen el placer supremo de la gloria.
26/7/1822- Guayaquil y la entrevista (1)
   Apenas sabe Bolívar que San Martín está en la rada, envía sus edecanes a cumplimentarlo, y él mismo en persona pasa a ofrecerle sus saludos a la goleta Macedonia. Dos días  nada más permanece en Guayaquil el Protector del Perú, días que transcurren en medio de honores ostentosos, fiestas públicas, homenajes y banquetes y en privadas y largas conversaciones entre los dos grandes generales.
   Inmediatamente a su llegada, iniciaron la primer conferencia que, según la crónica, duró hora y media y fue la única entrevista a solas ese día entre ambos libertadores. El tiempo hizo conocer después que el general don José de San Martín, entonces, con sublime abnegación, se sacrificó a la ambición del general Bolívar, quien, por otra parte contaba con la tropa necesaria como para erradicar al ejército español del suelo americano.
27/7/1822: Guayaquil y la entrevista (2)
   La segunda conferencia entre el general don José de San Martín y el general don Simón Bolívar, duró cuatro horas. Por la tarde San Martín fue obsequiado por su  colega con un suntuoso banquete, en el brindis el general Bolivar dijo: “Brindo señores, por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el general San Martín y yo” a lo que San Martín respondió: “Por la pronta terminación de la guerra, por la organización de las nuevas repúblicas del continente americano y por la salud del Libertador de Colombia”. A la noche se brindó un gran baile dado por el Ayuntamiento en su palacio; a la una de la madrugada, el general San Martín ordenó a su edecán, don Rufino Guido, que llamase a su otro compañero, el coronel Soyer, y momentos después se retiraba del Ayuntamiento por una puerta secreta, acompañado por el general Bolívar, dirigiéndose al embarcadero, donde se embarcó en la lancha que lo condujo  a la goleta Macedonia. En el momento de subir a la lancha, el general Bolívar le entregó su retrato en prueba de sincera amistad que por él experimentaba.
   Así fue que el ilustre guerrero después de consolidar la independencia argentina, proclamar la independencia de Chile y llevar al Perú sus armas vencedoras y ocupar la capital del conquistador Pizarro, se retiró del teatro de sus hazañas dejándole el ejército y el campo libre  a su ilustre rival y la gloria de concluir su obra iniciada en el Perú.
Aldo Rubén Gil Navarro
Director – Pregón Misionero

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