“La Patria se compone de abstracciones sublimes; la patria es la sucesión continua de una raza humana que posee el mismo suelo, que habla la misma lengua, que vive bajo las mismas leyes y que, no muriendo nunca, se perpetúa renovándose de continuo, cual un ser inmortal que no tiene más que a Dios ante él y a Dios después de él“. (Lamartine)
En el día de la Bandera Nacional 
   “Después de enarbolar la bandera celeste y blanca “conforme a los colores de la escarapela nacional”, cuyo uso obligatorio había sido institucionalizado por el Triunvirato, Belgrano arengó a sus soldados formados en cuadro sobre la barranca frente al Río Paraná. Estas fueron sus palabras: “¡Soldados de la Patria! En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional… Juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad (haciendo referencia a las baterías acabadas de inaugurar) En fe de que así lo juráis, decid conmigo ¡Viva la Patria!”.
   Manuel Belgrano y sus virtudes cívicas: El creador de la Bandera Nacional, hijo de Domingo Belgrano y Peri, Regidor, Capitán Real, Capitán de milicias de Buenos Aires y de la porteña Josefa González Caseros, quienes hicieron el prodigio de bien dotarlo consolidando su natural predisposición. Nació el 3 de junio de 1770 en Buenos Aires, donde cursó sus primeras letras y en su juventud trasládese a España donde estudia Derecho en Salamanca, Bachillerato de leyes en Valladolid y Abogacía en Madrid. La revolución francesa lo azora y le permite nutrir su espíritu en los problemas que tanto incidían en la juventud de entonces tanto es así que con solo  24 años le fue confiada la primer actividad en su patria: ser Secretario del Consulado, estas reflexiones se las habrá hecho Belgrano y casi sin darse cuenta habrá surgido otra fuerte preocupación. Su patria ¿es que acaso aquella patria española era “su” patria, es que acaso podría seguir siéndolo? esto tiene su explicación ya qué la España ilustrada del Siglo 18 le permitió conocer ideologías en boga con el iluminismo francés y el pensamiento anglo-sajón, así como el pensamiento italiano del “settecento”, es necesario aclarar que su liberalismo no fue otro que el liberalismo del Siglo XIX, quiere decir que nuestro prócer está debidamente consustanciado con  Montesquieu y Adán Smith y otros pensadores del siglo XVIII. Y mientras todo esto sucedía en su pensamiento, las invasiones inglesas hicieron el resto. O es que acaso no se rebelaba su razón al igual que la de los porteños al comprobar la negligencia y desidia de los españoles?. Lo vemos a partir de entonces esgrimir su argumentación y dirimir sus intenciones hacia la libertad. Nada extraña por lo tanto hallarlo inquieto y participante de la Revolución de Mayo y menos aun hallarlo integrando la Primera Junta. Sin embargo y si bien se perfilaba como un grande hombre civil, su destino lo haría encabezar la legión militar al Paraguay, dando inicio a un no imaginado periplo guerrero en la vida del héroe y es así como nos hallamos ante una insólita realidad, la de un abogado-general y más que de un abogado general, un gran hombre al servicio de la causa de Mayo, uniendo sus virtudes ciudadanas a sus caros sentimientos patrióticos, decide, en valiente actitud, propia de grandes hombres darnos una bandera tras la escarapela por él pergeñada y que con sus colores celeste y blanco nos diferenciaría de la roja española.
   Su proceder no halló eco en las esferas oficiales y tras la orden de esconderla, el militar disciplinado decidió acatarla, mientras que el patriota que había en él confiesa que “la guardará para el día de una gran victoria para la Patria”. Tal vez sus proféticas palabras vislumbraban ya las heroicas jornadas de Tucumán y Salta por él logradas. Tras esas batallas ganadas, llegan Vilcapugio y Ayohuma y las derrotas hacen traspasar el mando militar al general José de San Martín. La posta de Yatasto es testigo de la subordinación del general Belgrano en su propuesta de servir bajo las ordenes del Libertador.
Su labor en el Consulado
   Ya como Secretario del Consulado, trabaja a favor de la educación popular creando escuelas de dibujo, de agricultura, de primeras letras de arquitectura, de industria, de comercio y de náutica, recomendando muy especialmente las escuelas de mujeres y más adelante y en oportunidad de haber recibido $ 40.000 por pagos atrasados los dona para que se crearan escuelas en Tarija, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, reglamentando su funcionamiento.
Su incursión en el periodismo
   De su pluma se conocieron las “Memorias del Consulado”; publicó artículos en “El Telégrafo Mercantil” de Cabello, en el Semanario de Industria Y Comercio de Vieytes y finalmente en su periódico editado en los primeros meses de 1810 titulado “Correo de Comercio”. En todos y en cada uno y principalmente al promediar el año 10 fue volcando sus ideas antimonopolistas que sirvieran posteriormente para fundamentar su “Representación de los Hacendados” y que encendieran chispas de inteligencia en el seno de la bisoña sociedad colonial porteña. Es indudable que Belgrano fue un precursor del periodismo nacional y decidido defensor de la libertad de prensa.
Como civilizador
   Elaboró reglamentos para los pueblos que visitaba, entre ellos el de Misiones, “Reglamento Provisional dictado por el General don Manuel Belgrano el 30 de diciembre de 1810” que puede ser considerado como la primera constitución argentina, baste transcribir el primer artículo para entender de su trascendencia “Todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades y podrán depender de ellas como mejor les acomode, como no sea atentando contra sus semejantes”
   Fundó ciudades en Corrientes: Mandisoví y Curuzú Cuatiá.
Su participación en el Congreso de Tucumán
   Acta secreta del 6 de Julio: La forma de gobierno. Se le ordenó comparecer a Belgrano para que, “sus exposiciones sobre el estado actual de Europa, ideas que reinan en ella, conceptos que ante las naciones de aquella parte del globo se había formado sobre la revolución de las Provincias Unidas y esperanzas que éstas podían tener de su protección, de todo lo cual lo creía ilustrado…”
   Opinión de Belgrano: Si bien los gobiernos de Europa habían Considerado al principio con “alto concepto” la revolución americana, la declinación de ésta en el desorden y en la anarquía había servido de obstáculo a la necesaria protección. Que había acaecido una mutación completa de ideas en Europa en lo respectivo a la forma de Gobierno; que como el espíritu general de las naciones en años anteriores era republicano todo, en el día se trataba de monarquizarlo todo; que la nación inglesa con el grandor y majestad a que se ha elevado,  no por sus armas y riquezas, sino por una constitución de monarquía atemperada, había estimulado  a las demás a seguir su ejemplo; que la Francia la había adoptado; que el rey de Prusia por si mismo, y estando en el goce de un poder despótico había hecho una revolución en su reino  y sujetándose a bases constitucionales iguales a las de la nación inglesa  y que esto mismo habían practicado otras naciones. Que conforme a estos principios que en su concepto  la forma de gobierno más conveniente para estas provincias sería la de una monarquía atemperada, llamando la dinastía de los incas, por la justicia que en sí envuelve la restitución de esta casa tan inicuamente desalojada del trono, por una sangrienta revolución que se evitaría para en lo sucesivo con esta declaración…
El final del prócer  
   Ha sabido de triunfos y ha sabido de sinsabores, pero más aun le deparó el destino y fue así que en 1819 lo enfrenta a los prolegómenos de una guerra civil y para impedirla ofrece su vida si fuese necesario para impedirla. Carente de recursos económicos, gravemente enfermo y moralmente martirizado su vida va llegando al final y es así que una frase la cierra un 20 de junio de 1820 y ese ”Ay Patria Mía “es el desgarrante clamor de un héroe que no supo de desmayos en su consigna de servir a la Patria.
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