Agenda cultural
   El jueves 7 de junio pasado dio comienzo a un ciclo de charlas  semanales, en el Salón Auditorio de la Facultad de Ingeniería, en el marco de los festejos de los 90 años de la Fundación de Oberá. Las próximas charlas serán sobre el Desarrollo Económico de la Yerba en Oberá y Zona Centro, y la tercera se titula Protagonista: rol de la mujer en la sociedad obereña cotidiana.
   La primer charla estuvo a cargo de nuestro historiador, investigador, escritor, periodista… don Aldo Rubén Gil Navarro, quien escuchó plácidamente que alguien leía su frondoso currículum, como quien sabe que si bien es trascendente, lo fue mucho más vivirlo. Todos sentimos el asombro del tiempo transcurrido y vivido y del ejemplo que se deja a las generaciones jóvenes. Fue una charla casi coloquial, que todos compartimos con una sonrisa y con  la nostalgia que traen los recuerdos que él iba desgranando. Y así como el disertante trajo a su memoria su infancia, su adolescencia, la presencia de sus padres –uno abogado, ella docente- se preguntó el cómo y el por qué se encontraba hoy, acá, en esta sorprendente ciudad. Sus padres dejaron atrás una pujante ciudad, la más importante del país, para venir a un villorrio de pocas casas, algunos comercios, pocos habitantes, rodeado de chacras, monte y relictos de selva, poblado de gente venida de otras tierras lejanas, mezclados con nuestros criollos y originarios… Creo que todos trajimos a nuestra memoria muchos recuerdos, nos dimos cuenta  de que si bien somos  inmigrantes, y que por distintas razones vinimos a vivir y terminar nuestras vidas en este lugar, también somos obereños…
   ¿Cuándo  llega uno a pertenecer a un lugar que no es su patria de origen, que no es el pueblo donde nació y creció? Cuándo se  llega a  la pertenencia, al arraigo. Creo que es  a través de un proceso doloroso, inevitable, pero necesario para luego poder sorprenderse y disfrutarlo. Cuando llegamos al nuevo lugar, que sabemos que será nuestro hogar en adelante, nos asimos fuertemente a los recuerdos y a las cosas que dejamos, tratando de sentir que la vida que empezamos “allá” se continúa acá,  que somos los mismos, aunque en “el otro lugar”. Todo es desconocido y sentimos miedos e incertidumbres; la nostalgia acompaña y nos entristece:  nuestro cuerpo apenas se mueve, como queriendo detenerse para volver. Estamos obligados al desarraigo “de allá” para plantarnos y crecer “acá” Hemos dejado padre, madre, patria, hogar, amigos, pertenencias que nos acompañaban y nos daban seguridad. Sin embargo caminamos en el nuevo rumbo, porque de eso se trata, de caminar. Y las cosas van tomando sentido a nuestro alrededor, nos vamos quedando, nos vamos conociendo y nos conocen. La distancia se acorta. Revisamos el camino andado y nos encontramos con nuestra propia historia, que empezamos en otro lado, y sin serle infiel, queremos quedarnos acá, queremos volver cuando nos vamos, porque el lugar nos adoptó, nos pertenece y nosotros por fin pertenecemos al lugar.
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Categorías: Columnas de Opinión

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