Claudia Pereyra Da Costa. Foto: Luciano Ferreyra

Los testimonios de nuevos testigos y de policías que intervinieron en la investigación del hecho no hicieron más que comprometer la situación de Claudia Rosa Pereyra Da Costa (44), acusada de planificar y pagar para que maten a su concubino, Ángel Altísimo (44), ultimado de varios balazos.

Ayer, en la segunda jornada del juicio oral y público, familiares y allegados relataron situaciones de amenazas previas referidas por la víctima, lo que coincide con el testimonio de una de las hijas que declaró el martes.
Por su parte, dos oficiales de la Policía de Misiones que participaron en la instrucción de la causa aseguraron que desde un primer momento Pereyra Da Costa se mostró reacia a colaborar, lo que generó sospechas sobre su accionar.
Además, el responsable de las pericias balísticas confirmó que las vainas servidas y los plomos hallados en la escena del crimen fueron disparados por el mismo revólver calibre 38 que luego del hecho la imputada le ordenó esconder a su hija mayor, lo que la complica aún más.
En tanto, mientras que Lovis Ferreyra (35) -imputado como autor material del asesinato de Altísimo- decidió guardar silencio, en la víspera la acusada optó por declarar y desmintió cada una de las acusaciones en su contra.
Aseguró que no contrató a un sicario para que mate a su concubino y que nunca se contactó con internos de la cárcel de Oberá para tal fin.
Negó haber tenido una relación extramatrimonial, como declaró una sobrina, al tiempo que desmintió el robo de un arma y dinero escondidos en su casa.
En cambio, aportó un dato desconocido hasta ahora: “Mi marido tenía otra mujer y una hija en Brasil, a tres kilómetros de la costa. Capaz que le dio a ellas la plata que dijo que desapareció”.
En su declaración ante el Tribunal Penal Uno, Pereyra Da Costa se mostró impasible y en ningún momento se quebró, a pesar de la terrible acusación que pesa sobre sus hombros y que la podría sentenciar a cadena perpetua.

“Dije que limpien las ollas”

La mujer aseguró que su concubino la golpeaba, incluso estando embarazada; dijo que después del hecho se autoincriminó por “presiones” de su familia y hasta dejó entrever que su pareja fue víctima de mala praxis por los médicos que lo atendieron.
Sobre el día del hecho, Pereyra Da Costa comentó que salió a pasear con su concubino y sus dos hijos más chicos, entonces de 4 y 10 años.
“Volvimos de tarde, arreglamos los animales y cenamos. Yo fui a lavar los platos en la pileta del garaje y él salió conmigo, entré para buscar agua caliente y en eso escuché los disparos. Salí y vi que mi marido tenía un arma en la mano, mi nena también vio”, relató.
Al consultársele si su concubino solía andar armado, señaló que no, al tiempo que argumentó que al ser herido “fue a buscar el arma en la habitación” para repeler la agresión, supuestamente.
Tampoco fue muy convincente al explicar por qué le ordenó a su hija que esconda el arma y que limpie la escena. “Le mandé a guardar el revólver para proteger a los chicos que quedaron en casa. Y le dije que limpien las ollas, pero entendieron todo mal”.
Ante la repregunta de la fiscal Estela Salguero, la acusada agregó que pidió que limpien los utensilios de cocina porque la casa iba a quedar cerrada por orden a la Policía y había comida en las ollas.

Supuestas presiones 

En cuanto a las vainas servidas halladas por la Policía en el depósitos de cenizas de la cocina a leña, señaló que su marido usó esas balas para matar un ternero.
En otro tramo, Pereyra Da Costa declaró: “Primero me autoincriminé porque estaba muy presionada, pero no tengo nada que ver con lo que me acusan. Jamás iba a mandar hacer algo así. Estaba presionada por toda la familia. Parecía que no era yo, no quería vivir más. En ese momento mi defensor tampoco me ayudó, no me dijo nada. Después me enteré de que mi cuñado, el hermano de mi marido, se quería quedar con la chacra y con mis hijos. En ese entonces él les llenaba la cabeza a mis hijos”.
Y agregó: “Toda mi vida sufrí maltratos. Tenía 16 años cuando me acompañé con él. Me llegó a pegar estando embarazada y mi papá me decía que tenía que aguantar”.
Explicó que iba a la cárcel de Oberá para visitar a un hermano que estaba preso, pero negó contactos con otros internos, entre ellos Ferreyra, a quien dijo conocer de El Soberbio porque “antes hacía negocios con mi marido”, explicó.
Estos dichos contradicen el cotejo de líneas telefónicas y el registro de visitas de la UP II.
Por otra parte, mencionó que al ser trasladado al hospital Samic, su concubino “gritaba mucho y le ataron a la cama. El doctor le decía que tenía que aguantar hasta las 7 de la mañana para la operación. Ahí le sedó, le puso oxígeno y le dejó en una camilla”.

La Biblia marcada 

El comisario principal Nelson Mega (47) fue el responsable de las pericias balísticas y planimétricas del caso y analizó el revólver calibre 38, los proyectiles y las vainas servidas halladas en la casa de Altísimo.
En su informe concluyó que las balas pasaron por el interior del cañón del arma y subrayó que “nunca se repiten en dos cañones las mismas características de un proyectil”.
Además, agregó que los proyectiles tenían restos de sangre humana.
“Nadie de la familia me dijo que las vainas servidas estaban en la cocina a leña. Recién cuando las encontré, la señora empezó a colaborar. Tampoco nunca mencionó que había un arma, la que luego fue entregada por la hija de la víctima”, expresó.
También notó que el piso donde supuestamente cayó la víctima estaba limpio, por lo que no había manchas de sangre.
Precisó que los disparos contra la víctima fueron efectuados a un máximo de cuatro metros. Sobre los análisis de parafina realizados a la acusada y a la víctima confirmó que arrojaron resultados negativos.
Mega agregó otros datos interesantes, como ser la ferocidad de los perros de la casa de Altísimo, aunque ninguno habría ladrado a la hora del ataque.
“Arriba encontré una Biblia en portugués que tenía sólo una frase subrayada y se refería a una viuda. Eso me llamó la atención”, recordó en la víspera.

Las dudas de Altísimo 

Por su parte, el oficial principal Guillermo Mascheroni (30), secretario actuante en la instrucción del sumario, dio detalles sobre los dichos de la víctima.
“En el hospital el señor estaba lúcido y hablaba bien. Me entrevisté con él y me dijo que habían terminado de cenar y que la mujer le pidió que lave los platos. Sintió disparos y dolor en la espalda. Dijo que unos días antes le desapareció una suma de dinero y que sólo su señora sabía dónde estaba escondido. También había desaparecido un revólver calibre 38”, recordó.
A instancias de la fiscal agregó que la víctima “tenía dudas de cómo habían sido los hechos. Dijo que no sospechaba de nadie, pero que le llamaba la atención que los perros no ladraron, que justo esa noche la mujer le dijo que lave los platos y que antes había desaparecido plata”.
También se refirió a la ferocidad de los perros, al punto que “para alguien ajeno era imposible llegar a la casa, al menos en ese momento”.
“Al día siguiente tomamos conocimiento de que el señor había fallecido, la señora seguía sin colaborar y para mí era imposible que no haya visto nada. Al encontrar las vainas servidas, una de las hijas me dijo que la madre le ordenó que escondiera el arma porque de lo contrario todos irían presos, palabras textuales”, comentó.
Sobre la acusación contra Lovis Ferreyra indicó que lo incriminaron unas cartas anónimas y comentarios de los vecinos.

“Ella tenía un novio”

Rosana Pereyra (34), sobrina de la acusada, confirmó que ésta le contó que tenía un amante. Incluso subrayó que la mujer quería separarse y rehacer su vida, pero chocaba contra la negativa del padre de sus cuatro hijos.
“Lo único que me contó fue que tenía un novio. Sólo sé que era de Dos de Mayo, pero no me dijo el nombre ni el apellido”, declaró.
Luego mencionó que “un día me encontré con el marido y me comentó que tenían problemas de pareja, que habían discutido y que ella le amenazó con un arma. Él estaba preocupado, nervioso y había salido de la casa para tratar de tranquilizarse un poco”.
“Nunca vi una situación de violencia, pero notaba que él no quería aceptar una separación. Como que le importaba mucho la opinión de la sociedad. Ellos iban a la iglesia evangélica y los iban a juzgar, decía. Yo consideraba que eso era injusto para ella”, reconoció.
Por su parte, Pablo Golart (21) comentó que trabajaba para Altísimo en la clasificación de tabaco y alrededor de una semana antes del hecho la acusada le pidió que le compre un celular, a lo que accedió.
Previo a la clausura de la recepción de pruebas se procedió a la lectura de la declaración de Andrea Altísimo (15), quien al momento del hecho tenía 11 años.
Dijo que después de cenar, su padre fue hasta el freezer del garaje para ver si había carne y su mamá salió a lavar los platos, escucharon disparos y la madre la llevó a ella y a su hermanito a la pieza. Luego escuchó que alguien forcejaba la puerta para entrar.
En tanto, días antes sus padres habían discutido, pero después se arreglaron. “Siempre discutían y una vez mi mamá agarró un cuchillo y amenazó a mi papá”, relató oportunamente en Cámara Gesell.
Hoy, desde las 8.30, se procederá a la lectura de los alegatos y posteriormente el Tribunal dará el veredicto.

Por Daniel Villamea
fojacero@elterritorio.com.ar
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Categorías: Noticias Policiales

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